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08 de Marzo de 2018

 

Subsidio, para seguir siendo pobre

“No se le paga a la gente para dejar de ser pobre. Se le paga más bien para seguir siendo pobre”. Estas palabras de Luis Fernando Sanabria, gerente de la Fundación Paraguaya, resumen el problema de que el Estado brinde una asistencia monetaria a más de 150.000 hogares en situación de extrema pobreza, como lo hace desde 2005 a través del programa Tekoporã, de la SAS, sin al mismo tiempo alentar la prosperidad de sus miembros en el más amplio sentido mediante la capacitación. Como la miseria es a la vez causa y efecto de la ignorancia, es preciso que los beneficiarios del referido programa adquieran las habilidades requeridas para salir adelante. Pero antes deben convencerse de que la indigencia no es un destino inexorable, sino de que es posible superarla mediante el propio esfuerzo. El mero asistencialismo –como están aplicando nuestros sucesivos Gobiernos– perpetúa la pobreza y pone a sus destinatarios en una situación de indignante dependencia con respecto a los administradores de los fondos públicos. En resumen, el subsidio solo sirve para mantener el statu quo en provecho de los politicastros, porque no favorece el desarrollo personal y social. Es necesario, por tanto, liberar a nuestros compatriotas tanto de la dolorosa pobreza como del populismo perverso.

“No se le paga a la gente para dejar de ser pobre. Se le paga más bien para seguir siendo pobre”. Estas palabras de Luis Fernando Sanabria, gerente de la Fundación Paraguaya, resumen el problema de que el Estado brinde una asistencia monetaria a más de 150.000 hogares en situación de extrema pobreza, como lo hace desde 2005 a través del programa Tekoporã de la Secretaría de Asistencia Social (SAS), sin al mismo tiempo alentar la prosperidad de sus miembros en el más amplio sentido mediante la capacitación. Según Sanabria, al terminar el programa, no solo deben estar en condiciones de ganar más dinero mediante el desarrollo de ciertas habilidades, sino también de mejorar su calidad de vida atendiendo la alimentación y la higiene, entre otras cosas.

Como la miseria es a la vez causa y efecto de la ignorancia, es preciso que los beneficiarios del referido programa adquieran las habilidades requeridas para salir adelante. Pero antes deben convencerse de que la indigencia no es un destino inexorable, sino de que es posible superarla mediante el propio esfuerzo, asociado eventualmente con el de los demás que se les ofrece. Es indispensable que haya un cambio de actitud de aquellos que reciben dinero del Estado solo para subsistir y no para progresar. El mero asistencialismo –como están aplicando nuestros sucesivos Gobiernos– perpetúa la pobreza y pone a sus destinatarios en una situación de indignante dependencia con respecto a los administradores de los fondos públicos. Quienes disponen de ellos esperan que el auxilio prestado sea retribuido con el apoyo electoral oportuno, según se desprende, por ejemplo, de que el precandidato a concejal departamental de Paraguarí Cándido Giménez haya tratado de “malagradecidos” a los beneficiarios del Programa Tekoporã que apoyaban al “disidente” Mario Abdo Benítez en las elecciones internas del coloradismo: les recordó que reciben dinero del Gobierno. Es obvio que a los politicastros de esta calaña no les interesa en absoluto que la pobreza sea derrotada, sino más bien que ella se mantenga para que sus víctimas se sientan “agradecidas” por la limosna que reciben. En realidad, les convendría bastante que aumente el número de carenciados para que sean más las personas que se crean obligadas a ellos debido a las migajas que distribuyen.

En principio, la prestación de Tekoporã se extiende durante seis años, pero de hecho se renueva sin mayores dificultades, más aún porque entre los favorecidos también figuran muchos amigos, parientes y correligionarios de los funcionarios locales que elaboran la lista, supuestamente verificada por los de la SAS.

Dejando de lado los abundantes casos de corrupción, propios de los programas asistenciales, es de señalar que en el Paraguay el Estado está incentivando el paternalismo antes que la iniciativa propia; en vez de enseñar a la gente necesitada el camino para alcanzar el bienestar mediante el trabajo eficaz, la alienta a esperarlo todo del dinero ajeno. El conocido dicho de que es preferible enseñar a pescar antes que regalar pescado ilustra la importancia de transmitir a las familias los saberes y los comportamientos que les permitan prosperar.

También hay que fomentar la asociación y ampliar el horizonte de los pequeños campesinos, ilustrándolos acerca de las ventajas de explotar un tambo, por ejemplo, tal como lo han hecho en el Departamento de Concepción el Ministerio de Industria y Comercio y la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod). La participación del sector privado puede ser muy importante, tal como también lo demuestra la tarea de la Fundación Paraguaya.

De lo que se trata, pues, es de combatir la resignación y la mentalidad pedigüeña, reforzadas por el subsidio permanente, a costa de todos y en beneficio político de los que mandan. Esa prestación continua no sirve para que sus receptores superen la pobreza, sino para que permanezcan en ella. Es un barril sin fondo que supone una carga presupuestaria considerable, que habrá de aumentar en la medida en que siga siendo solo una asistencia para vivir al día.

“En todo el territorio nacional, el Programa Tekoporã protege a 152.132 familias en situación de pobreza y vulnerabilidad, donde el Gobierno Nacional, por medio de la SAS, invierte bimestralmente 58.434.840.000 guaraníes”, dice un reciente informe de la mencionada entidad de asistencia gubernamental. La elevada cantidad consignada equivale a 10,6 millones de dólares cada dos meses, lo que representa 63,6 millones de dólares al año.

En contrapartida, según la encuesta permanente de hogares conocida en junio del año pasado, la pobreza aumentó del 26,58% al 28,86% en relación al año anterior a esa muestra. Una dura contradicción con el publicitado programa de asistencia del Gobierno.

Tal como está siendo ejecutado, el Programa Tekoporã está generando de hecho un hábito que envilece y conspira contra la autoestima. Pero eso no les preocupa a las autoridades y políticos, pues la cantidad de familias asistida actualmente representa una formidable y apetecible clientela de unas 750.000 personas. Un festín para los caudillejos inescrupulosos que elaboran las listas de candidatos al subsidio en sus respectivas comunidades.

En resumen, el subsidio solo sirve para mantener el statu quo en provecho de los politicastros, porque no favorece el desarrollo personal y social. Es necesario, por tanto, liberar a nuestros compatriotas tanto de la dolorosa pobreza como del populismo perverso. En ese sentido, en vez de distribuirles dinero, el Gobierno debe fortalecer en las zonas más pobres la acción de sus instituciones técnicas –como la Dirección de Extensión Agrícola Ganadera (DEAG)– o crear escuelas agrícolas para enseñar, primero, y ayudar, después, a sus habitantes a producir, y organizarles para la comercialización y venta de sus productos. De lo contrario, se mantendrán sentados a esperar el pescado en vez de salir a pescar, como está ocurriendo.

 
 

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