Vulgar vendedor irresponsable

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Tras reunirse con el presidente de la República, el director financiero del Banco Mundial, Joaquim Ferreira Levy, afirmó que la deuda pública paraguaya es sustentable desde el punto de vista técnico y que es inferior incluso, en términos relativos, a la de los países más endeudados de Europa. Su visita fue aprovechada –o acaso sugerida– para que avale una política de raudo endeudamiento en que ha metido el Gobierno de Cartes al Paraguay, que incluye la emisión de bonos soberanos para pagar deudas anteriores, es decir, para “bicicletear”, tal como lo hacen las personas y las empresas insolventes. Es como si este funcionario y otros de organismos internacionales similares, entre ellos el BID, no conocieran la corrupción reinante en nuestro país e ignorasen que los frutos de esa economía que elogian no son destinados a pagar las deudas, sino a despilfarrarlos en clientelas políticas parasitarias o a engrosar las cuentas secretas de los gobernantes. Solo quieren colocar sus créditos sin importantes las consecuencias, como si tuvieran interés personal en la cuestión, apareciendo así como vulgares vendedores irresponsables.

Tras reunirse con el presidente de la República, el director financiero del Banco Mundial, Joaquim Ferreira Levy, afirmó que la deuda pública paraguaya es sustentable desde el punto de vista técnico y que es inferior, incluso en términos relativos, a la de los países vecinos y a la de los más endeudados de Europa. Parece una afirmación concertada, ya que el ministro de Hacienda, Santiago Peña, viene diciendo lo mismo desde que asumió su cargo, de modo que no hay nada nuevo en lo sostenido por el alto burócrata internacional, el segundo en importancia en el Banco Mundial.

Su visita fue aprovechada –o acaso sugerida– para que avale una política de raudo endeudamiento en que ha metido el Gobierno de Horacio Cartes al Paraguay, que incluye la emisión de bonos soberanos para pagar deudas anteriores, es decir, para “bicicletear”, tal como lo hacen las personas y las empresas insolventes. Es cierto que Ferreira Levy tuvo a bien señalar que existe un consenso en el sentido de que se debe tener mucha prudencia en materia de endeudamiento, pero insistió en que el Paraguay “no tiene un valor que destaque negativamente” en esta delicada materia.

Este funcionario internacional no difiere mucho en sus declaraciones de las de sus colegas de otras instituciones financieras internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ya que solo quieren colocar su dinero y para el efecto se deshacen en elogios sobre las bondades de la economía y la capacidad de pago de los países. Esto es lo que ocurre también con el Paraguay, como si estos funcionarios no conocieran la corrupción reinante en nuestro país e ignorasen que los frutos de esa economía que elogian no son destinados a pagar las deudas, sino a despilfarrarlas en clientelas políticas parasitarias o a engrosar las cuentas secretas de los gobernantes.

Baste como ejemplo el crédito del BID para el proyecto del metrobús, parte del cual ya fue utilizado antes siquiera de su aprobación legislativa, mientras el emprendimiento –de costo total desconocido– acaba de iniciarse en medio de un mar de dudas que comprometen seriamente su finalización.

En cuanto a lo que los funcionarios paraguayos hacen de los créditos, recordamos también el famoso acuerdo Petropar-PDVSA para adquirir petróleo a crédito de la entidad venezolana, que compromete a los expresidentes Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo. En primer lugar, no había ninguna necesidad de contratar a crédito un producto que en el mercado local se vende al contado. Y, como advirtió nuestro diario, el dinero que generaba ese crédito, a destinarse supuestamente a proyectos de desarrollo, se esfumó en el barril sin fondo de la corrupción, habiendo sido el Paraguay intimado a pagar la deuda ante tribunales internacionales.

Como se ve, la cuestión no radica en que nuestro país tenga o no capacidad de pago, sino en la corrupción rampante que corroe los estamentos gubernamentales bajo el manto de una repudiable impunidad. Y esta impunidad hace que los altos funcionarios responsables de contraer los compromisos –que luego se constituyen en pesados lastres para generaciones de paraguayos– gocen tranquilamente de su retiro o de nuevas funciones, sin que sean molestados por la Justicia. Sin ir más lejos, los citados expresidentes Duarte Frutos y Lugo aguardan actualmente ser habilitados a como dé lugar para postularse de nuevo como candidatos a la presidencia de la República.

Puede predecirse también que lo mismo ocurrirá con el actual presidente, Horacio Cartes, que está metiendo al Paraguay en tan peligroso brete de endeudamiento. No se descarta, además, que continúe emitiendo bonos soberanos alegremente por el motivo que fuere, dado que nada menos que el Banco Mundial le dice que el país aún no está con la soga al cuello, pese a que exministros de Hacienda, empresarios y la propia Contraloría General de la República han venido expresando su preocupación sobre el endeudamiento público desenfrenado.

Sin embargo, el funcionario del Banco Mundial opinó durante su visita que la deuda pública, equivalente a poco más del 20% del Producto Interno Bruto (PIB), está dentro de los límites aceptables, considerando el crecimiento económico, los ingresos fiscales y el crecimiento demográfico. Cualquiera pensaría que tanto este funcionario del Banco Mundial como el representante del BID en nuestro país, Eduardo Almeida, solo quieren colocar sus créditos sin importarles las consecuencias, como si tuvieran interés personal en la cuestión. Aparecen, así, como vulgares vendedores irresponsables, a quienes les importa un bledo el futuro de los países destinatarios de sus préstamos.

Al tecnócrata Ferreira Levy no le interesa que el crecimiento económico pueda ralentizarse, ni que el 70% de la recaudación tributaria termine en los bolsillos de un funcionariado en gran medida parasitario y corrupto, ni, lo que es peor, que los platos rotos tengan que pagarlos las generaciones venideras. Para esos tiempos, ellos estarán lejos disfrutando sus jubilaciones.

Es simplemente inmoral sostener que el endeudamiento en curso es aceptable porque la población aumenta, sin detenerse a averiguar si más deudas pueden o no ser evitadas reduciendo la corrupción, el derroche y la ineficiencia del aparato estatal, así como vendiendo sus excedentes de electricidad en las usinas binacionales a precio de mercado, que son los palos en la rueda para el desarrollo del país.

El señor Ferreira Levy no puede ignorar que a fines de agosto de este año seguían depositados en el Banco Central 310 millones de dólares obtenidos con las tres primeras colocaciones de bonos soberanos, ni que los paraguayos ya estamos pagando intereses por un dinero que aún no ha sido empleado debido a la incapacidad de los organismos competentes.

Sin lugar a dudas, los datos que el Gobierno entregó al señor Ferreira Levy no se refieren a las causas del endeudamiento ni a su capacidad de gestión, detalles seguramente menores para él a la hora de juzgar lo que no dudamos en calificar como una política de endeudamiento no solo irresponsable por los riesgos financieros que supone, sino también lisa y llanamente inmoral, conociendo la corrupción reinante en el país.

Es hora de que las agencias financieras internacionales se conviertan en aliadas de los países para el desarrollo, y no en sus verdugos, alentando un endeudamiento que ha conducido a muchos de ellos a la ruina hacia la que también va en camino el Paraguay.