La moto más famosa del mundo, la Vespa, un icono que traspasa las fronteras del mundo del motor, ya tiene su club de fans en nuestro país y se llama Club de Vespa Naranja hái. Se trata de un grupo de treinta amigos, de entre 20 y 40 años –aunque uno de ellos tiene un poco más de 50–, que encuentran en el mundo de la Vespa el descanso de la rutina. Desde hace dos años comparten encuentros y caravanas, los primeros viernes de cada mes en horas de la noche, por las calles de Asunción.
Para ellos, la motoneta –que nació en Italia– es capaz de sintetizar emociones, historia y sueños. Tal es el caso de Raúl Proenza, quien dice que su moto no está hecha de acero, sino de recuerdos, de añoranzas. “Siempre me gustaron; mi papá tenía una del año 68, pero recién después de 44 años me pude comprar una. La tengo desde hace uno años y es roja. A mi Vespa la amo, por más que está un poco golpeadita y le faltan accesorios”, expresa.
Para él, todas las motonetas ya transitaron su camino. “Ahora lo que hacemos es volver a ‘andar’ esos caminos”. “Yo tengo varios viajes. Entre los años 65 y 80 iba mucho a Encarnación, también a Foz de Iguazú”, aporta don Herminio Maciel, el veterano del Club y el segundo mecánico del país especializado en Vespa. “El primero es mi jefe”, aclara. Gustavo Mendieta nutre la charla y agrega que también tiene muchos caminos recorridos. “Trabajo como cobrador y era mi elemento de trabajo; digo era porque ahora ya está en retiro, está jubilada y solo sale a pasear”, bromea. “Rodé muchísimo con ella; me ayudó a mejorar la casa, a realizar actividades con la familia, a educar a mis hijos. Es parte de mi vida y no está en venta; no tiene precio. Estoy enamoradísimo de ella”, confiesa con vehemencia.
Juan López no queda atrás con los relatos. “La mía la compré hace dos años y vino en una caja de manzanas. La fui armando poco a poco y ahora no me despego de ella”, dice. Del Club forman parte comerciantes, empleados, profesionales... Todos están contentos con la iniciativa. “Vespa tiene su club en todo el mundo, así que clonamos la idea y conformamos uno también en Paraguay. Estamos muy entusiasmados”, expresa Oscar García. Si bien todavía no tiene personería jurídica ni sede social, ya cuenta con presidente, tesorero, secretario y otras autoridades. Hay más hombres que mujeres. Hay quienes tienen una Vespa y hay quienes tienen más de una. “Somos como una familia”, dice Juan López. “Nos amamos todos; somos muy compinches”, afirma don Maciel.
Algunos miembros de este Club tienen motos del año 1957, una línea clásica. Otros son dueños de diseños del 60, 70; otros tantos de modelos más nuevos, que son los que generalmente usan para hacer largos trayectos. “Vimos que para viajes largos íbamos más lentos, las motos sufrían mucho, entonces algunos fueron comprando motos más nuevas y dejaron las viejas para vueltas más cercanas”. Don Maciel tiene una Vespa del año 1961, considerada ya de colección. Estas tienen cambios de marchas manuales, controlados girando el manillar izquierdo mientras se empuja la palanca de embrague y eligiendo entre las tres o cuatro marchas. “Las Vespa tradicionales siempre tuvieron motores de dos tiempos, requiriendo una mezcla de aceite y gasolina para lubricar el pistón y el cilindro”, dice don Maciel. Añade que todas tienen las mismas características: rueda de auxilio, motor noble, sencillo, duradero, mecánica poco complicada y, lo que es mejor, poco consumo. “Tres litros por cada 100 km”, revela. Es así que llegan a realizar largos viajes. “La semana pasada estuvo con nosotros un amigo ecuatoriano, Jhon Silva. Está recorriendo Sudamérica con su Vespa y vino a conocer la ruta paraguaya”, explica el presidente, Diego López Dendia.
Los vespistas paraguayos también tienen su recorrido. “Ya fuimos a varios encuentros en Argentina y Uruguay”, cuenta Diego. Son encuentros de confraternidad, de tres días, tiempo en que comparten paseos, charlas interminables sobre la pasión que los une y cenas. En noviembre de este año viajan a San Juan (Argentina) para otra gran reunión y, para el 2013, se preparan para recibir a vespistas de Argentina, Uruguay, Brasil, ya que por primera vez nuestro país será sede de un acercamiento de este tipo. “Vamos a necesitar el auspicio de ABC”, bromea el tesorero, Alejandro Morel. Él es propietario de cuatro Vespa y junto con su novia María Eugenia Galeano comparte la pasión por estas máquinas. La primera se compró hace dos años, luego se fue entusiasmando y comprando otras. Su novia todavía no tiene una, pero igual maneja. “Maneja la moto y al dueño”, bromean los amigos. Y así, entre chistes y charlas serias sobre la pasión que los une, el sábado pasado, cuando caía el sol, confluyeron al Jardín Botánico con sus máquinas, donde apagaron los motores orgullosos para la producción fotográfica. Brindaron una postal única. ¿Compartís el mismo entusiasmo? Unite. El único requisito es ser amante de la Vespa y ni siquiera hace falta tener una.
Su historia
La Vespa es una línea de moto scooter fabricada por primera vez en Pontedera (Italia), en 1946 y, una década más tarde, ya circulaban un millón de unidades. La presentación de las primeras 15 motos Vespa tuvo lugar en abril de 1946, en el Club de Golf de Roma. Los padres de la nueva moto eran el empresario Enrico Piaggio y el ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Piaggio tuvo la visión de un medio de transporte cómodo, de fácil manejo y barato. Piaggio encarga un primer proyecto al ingeniero Renzo Spolti, en el que el nuevo vehículo recibe el nombre de Paperino, que significa patito en italiano, con un diseño inspirado en las motocicletas plegables utilizadas por los paracaidistas ingleses. El proyecto del primer prototipo no convenció a Piaggio y recurrió al ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio. El ingeniero, al que le gustaban más los aviones que las motos, diseñó un vehículo de aspecto revolucionario para su época: puso el motor sobre la rueda posterior e ideó el brazo delantero pensando en el tren de aterrizaje de un avión. Cuenta la leyenda que, cuando Piaggio la vio, exclamó: «Bello, sembra una vespa» (Bonito, parece una avispa, en italiano), aludiendo a la forma del vehículo: parte trasera más gruesa conectada a la parte frontal por una cintura delgada y el manillar como las antenas. Piaggio revolucionó la industria de dos ruedas con la Vespa y produjo un modelo en el que prácticamente todas las demás scooter se han basado desde entonces.
