Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.
“El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos”.
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.
“El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”.
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Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) Escritor francés.
“Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer”.
Fernando Pessoa (1888-1935) Poeta portugués.
“El único misterio del universo es que exista un misterio del universo”.
La maldición de Tutankamón
El arqueólogo y egiptólogo británico Howard Carter realizó el descubrimiento de su vida −la tumba del faraón Tutankamón−, el 26 de noviembre de 1922, en lo más profundo de las entrañas del Valle de los Reyes, frente a Luxor, en el alto Nilo, cuyo suelo no había sido pisado ni el aire que respiraban había sido renovado en los últimos tres mil doscientos años.
Lo que el arqueólogo no imaginó jamás fue que, al quebrantar el reposo del faraón, despertó la maldición que se ensañó con algunos integrantes de su expedición. Cinco meses después, el 4 de abril de 1923, durante un apagón que dejó a oscuras a toda la ciudad, el mecenas de la expedición, lord Carnarvon, falleció en el hotel Continental de El Cairo, mientras −según la leyenda− en su residencia de Inglaterra su perro caía fulminado tras aullar como nunca antes.
La seguidilla de muertes de los involucrados con el descubrimiento prosiguió. En setiembre de ese año falleció de forma inesperada, a su regreso a Londres, el medio hermano de Carnarvon, Aubrey Herbert; en 1928, el egiptólogo Arthur Mace y, dos años antes, Georges Bénédite, conservador del Museo del Louvre, murió también en extrañas circunstancias; en 1934, Alb Lythgoe, y sir Douglas Reid enfermó y regresó a Suiza, donde murió dos meses después de radiografiar la momia; la secretaria de Carter falleció de un infarto y el padre de esta se suicidó al enterarse de su pérdida.
El único que se libró de esta cadena de fatalidades inexplicables fue Howard Carter, quien falleció 17 años después de su descubrimiento. Muchas hipótesis se tejieron para tratar de explicar las extrañas muertes, desde la más sencilla, que habla de la maldición del faraón, hasta la más sofisticada, que afirma que todas las víctimas habían sido infectadas con esporas del moho Aspergillus fumigatus colocadas en vasijas, de modo de armas biológicas contra los profanadores de tumbas sagradas, aunque, actualmente, se sabe que no fue así. Cuando alguien le mencionaba la maldición, Howard Carter replicaba: “Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas”. ¿Coincidencia o maldición? (*).
(*) Fuentes:
Recopilación: mpalacios@abc.com.py
