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09 de Diciembre de 2018

| Legado

Culturas entretejidas

Por Nancy Duré Cáceres

La escritora y estudiosa del ñandutí, Annick Sanjurjo, realizó una importante donación de piezas únicas de este encaje de hilo a la Fundación Texo. El conjunto reúne casi 200 géneros, bordados en diferentes años y por distintas manos.

Annick Sanjurjo vive en los Estados Unidos junto con su familia. Decidió en este tiempo donar una importante colección de trabajos hechos en ñandutí, que van desde manteles hasta accesorios de vestir. 

Dice sentirse “mayor” y que no quiere que se pierdan estas piezas tan importantes que forman parte de nuestra cultura y nacieron en tiempos de la colonia.

“Tenemos piezas que fueron realizadas en diferentes épocas. Por ejemplo, algunas pertenecieron a mi madre. Ella era francesa y, cuando llegó al Paraguay, se entusiasmó con este tejido, tanto que envió muchas muestras a Francia, pero luego las recuperé todas”, cuenta entre risas en medio de su relato de cómo llegaron a sus manos y por qué decidió donarlos.

Otras, ella misma fue comprando. En realidad, su interés hacia el ñandutí afloró cuando su marido, Albert Casciero, filmó una película. Esto la llevó a adentrarse en el mundo de las artesanas, de las diferentes figuras que lograban con el hilo y el bastidor. Esta atracción le levó a escribir un libro que título: Ñandutí, encaje del Paraguay. En él relata de dónde proviene la palabra ñandutí y dice que la mayoría de los autores concuerdan que esta significa “blanco de araña” o “aureola de araña” por su urdimbre de rayos concéntricos. También, se refiere a las simetrías, los colores, diseños, en fin, a la vida de las tejedoras, su mundo, sus vicisitudes, a esa mujer rural para quien la confección de un encaje “es un acto creativo que se renueva cada vez que comienza una nueva pieza y requiere durante todo su proceso el uso constante de la imaginación”.

Annick dice que en varios encajes se pueden apreciar verdaderos paisajes rurales. “Esta técnica vino de España y ellas trataron de copiar, a su manera, su propio medioambiente y, para mí, esa es la riqueza del ñandutí”.

Los trabajos entregados a la fundación pertenecen a artesanas de la ciudad de Corrientes, de Guarambaré. Hay mantillas de principios del siglo XX, algunas confeccionadas en fibra de caraguatá y otras tantas ya actuales.

Para ella, por la organización interior de su composición, la ideología encerrada en cada una de sus telarañas, el ñandutí denuncia a las claras una sociedad netamente agraria cuyos símbolos significativos están lejos de ser los europeos, continente de donde proviene.

En el libro expresa que comparando el ñandutí con los de sus progenitores españoles, se puede observar claramente que su trama es mucho más abierta, tal vez más simple, lo que crea un espacio más acorde con la realidad local de grandes extensiones cubiertas por abundante vegetación, que solo desaparece para dar lugar a una pequeña parcela de tierra cultivada. 

Algunos de los dechados imitan abejas en panal, adobe, aguape puru’ã, alacrán, arasa corbata, arai, arasa poty, arroz, avati poty, buey pypore, aves en vuelo, cadena o cadenilla, copa jo’a, estrella, filigrana, florero, guyra’i, jazmín poty, jatevu, ladrillo, mariposa un lado, margarita poty, mburukuja poty, palmera, zigzag, ysypo, estrella karape, piru costilla, trébol, cigüeña, águila y fruta del guabirá. Los dechados varían de acuerdo a sus orígenes, es decir, de la creatividad de cada artesana del interior del país. “La interpretación la dieron de acuerdo a su cultura, aunque no tiene nada que ver con la denominación que vino de España. Lo logrado en este país es exclusivamente mérito de la mujer paraguaya”, admite.

Lo que Annick Sanjurjo reunió a lo largo de muchos años para su uso personal como de su familia es lo que legó a la Fundación Texo. Ambas partes quedaron contentas por el gesto. Annick porque pasa a formar parte del acervo cultural del país y Daniel Nasta por la confianza depositada en la fundación que preside.

Para mediados del 2019 está prevista una exposición de las donaciones, en el museo ubicado sobre la calle Paraguarí casi Manuel Domínguez, de manera de mostrar al público paraguayo el legado de Annick y las habilidades de nuestras artesanas. “Es un tema extremadamente rico e importante. Es toda una cultura la que está resumida en este arte, parte de nuestra historia y un encuentro de dos naciones. Vino de España y en el Paraguay se creó con otro mundo, otros significados y valores”.

ndure@abc.com.py 

 
 

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