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19 de Agosto de 2012

 

El Centurión del gol

Por Sergio Peña

De pronto, el nombre de Diego Centurión saltó al tapete en el fútbol paraguayo. El jugador de 30 años de edad y 1,88 m de estatura se hizo sentir con el idioma que mejor interpretan los delanteros: el gol. Antes de convertir goles, hizo de todo, desde vender tortas hasta ser macatero. Hoy, lejos de esos recuerdos, tiene la mente puesta en la pelota y en los goles que le ayudaron a progresar.

Tras su incorporación a Guaraní, proveniente de Tacuary, Diego deleitó a los parciales aborígenes marcando cuatro goles en las dos primeras fechas del Campeonato Clausura 2012. Nacido en el seno de una familia humilde de Caaguazú, Diego es el cuarto de siete hermanos; para ganarse la vida, vendió comida hecha por su mamá y fue vendedor ambulante, el popular macatero. Desde pequeño, su mayor ambición fue ser futbolista y ganar dinero para sacar a su familia de la pobreza. El camino fue duro y sacrificado, como el de muchos deportistas con historias similares. Pero Diego llegó y sigue en la carrera del fútbol, al que se refiere de esta forma: “Es mi vida”.

Una vida dura

-¿Cómo fueron tus orígenes en Caaguazú?

-Vengo de una familia muy humilde, donde somos siete hermanos: cuatro varones y tres mujeres. La vida era muy dura para nosotros en ese tiempo. Yo tuve siempre el sueño de llegar a ser futbolista para ayudar a mi familia, especialmente mi mamá, quien se sacrificaba mucho por nosotros.

-¿De dónde proviene tu vena futbolística?

-De un hermano mayor (Tito Ramón Centurión) que jugaba en el Atlético Caaguazú cuando yo era adolescente; me llevó a ese club para empezar a practicar cuando tenía 14 años. A esa edad jugué en la Primera del Atlético y salimos campeones del torneo local. Después me convocaron a la Selección caaguaceña, jugué el Interligas y también jugué el torneo Copa de Oro, que había organizado Osvaldo Domínguez a finales de los 90. Vine a jugar un partido en la cancha de Tembetary y ahí empezó todo para mí.

-¿Qué ocurrió después de ese partido?

-Después de eso empezó a mostrar interés en adquirir mi pase el señor Epifanio Rojas. Él habló conmigo y luego contactó con la gente del Atlético Caaguazú. Llegaron a un acuerdo y compró mi pase. Así vine a Tembetary con mucha ilusión cuando tenía 16 años y, para felicidad mía, después de jugar cuatro o cinco partidos ya me transfirieron a la Roma de Italia.

-¿Y tu hermano que también jugaba no vino a Asunción?

-Él jugaba bien también, pero no le gustaba mucho entrenar. En cambio, a mí desde el principio me gustó mucho entrenar y jugar, por lo que decidí dedicarme de lleno a esta profesión. Como dije, mi familia era muy pobre y yo siempre pensaba que tenía que venir a Asunción a jugar y así poder darle lo que necesitaba. Por eso me puse muy feliz cuando vine a jugar en Tembetary, pero nunca pensé que tan rápidamente me iría a Europa.

-Entonces, el fútbol fue siempre tu expectativa para salir adelante en la vida.

-Así es. Desde chico yo le decía siempre a mi mamá que iba llegar a ser alguien en el fútbol, que iría a jugar a otros países y así le contaba cuáles eran mis sueños. Esperé mucho, desde cuando jugábamos en la canchita del barrio en Caaguazú. Un día llegó el momento que tanto esperé, de viajar a un país europeo como Italia y mi sueño se iba cumpliendo.

-¿Y cómo fue ese cambio de ambiente?

-Para mí fue todo muy difícil en un primer momento porque era otra cultura, otro mundo prácticamente, además del idioma y todo eso. Aún así, me mentalicé y tomé el desafío porque sabía que esa era mi oportunidad y no la tenía que desperdiciar. Gracias a Dios, me fue todo muy bien y pude llevar adelante mi carrera futbolística.

“Era un poco vago”

-¿Qué recordás de tu niñez y adolescencia?

-Llegué a estudiar, pero era un poco vago —como se dice— en cuanto al estudio, porque me gustaba más el fútbol. Hice la primaria y la secundaria hasta el primer curso, porque ya jugaba y pensaba dedicarme de lleno al fútbol.

-¿Cómo sobrellevaban todo eso en tu casa con los gastos que requiere?

-Era todo muy difícil. Yo sabía todo el sacrificio que hacía mi mamá y trataba de ayudarla en la casa y en las cosas que hacía para ganar algo de dinero para el sustento.

-¿Cómo era esa lucha cotidiana?

-A veces, cuando tenía que venir a Asunción a jugar con la escuela de fútbol de Atlético Caaguazú no tenía para mi pasaje. Como mi mamá hacía cosas para vender: tortas, empanadas y otras cosas, salía a vender. Así me ganaba la plata para mi pasaje. Eso es algo que siempre voy a tener en cuenta. Y la gente siempre me ayudaba comprando lo que yo ofrecía, porque sabía cuál era mi propósito.

-¿Cómo es la escuela de fútbol del Atlético Caaguazú?

-Actualmente, para mí, es el mejor complejo deportivo que hay en Caaguazú. Cuenta con cuatro o cinco canchas de fútbol. Ahora se inauguró una cancha sintética, tiene cancha para futsal y todas las comodidades. Cuando Epifanio Rojas compró mi pase, gracias a Dios, el Atlético recibió una suma importante de dinero. De ahí también había salido Derlis Soto, quien vino años atrás a jugar en Guaraní y esas transferencias le vinieron muy bien a la institución. Pero también aprendí que el sacrificio y el trabajo te hacen llegar alto.

-¿Considerás que ya cumpliste con tu familia de cuna y llevás adelante tu hogar?

-Estoy satisfecho con lo que he realizado y sigo haciendo hasta ahora. Además de mi mamá y mi papá, tengo ya aparte mi familia. Mi señora, Alba, y nuestros hijos, María José (4) y Mateo Alejandro (1), son ahora mi sostén. Es algo maravilloso cuando termino de entrenar y voy a mi casa a ver a mi familia, que me está esperando. Cuando llego, mis hijos me dicen papá, y todo eso a uno le reanima y le levanta el espíritu. Me pone muy contento contar con el apoyo de mi señora y mis hijos, que cada día están conmigo y ven el trabajo que realizo.

Con la ilusión en
la Albirroja

-¿Pensás en otra transferencia internacional y acaso en la Selección?

-Si me sale otra transferencia al exterior, con gusto aceptaría, porque el fútbol es mi trabajo, es mi vida. Yo dependo del fútbol, porque solo sé hacer esto; entonces si sale una transferencia afuera, será bienvenida. La Selección también me entusiasma y espero rendir al máximo, seguir marcando goles, para ver si soy tenido en cuenta.

-¿Cómo viviste desde Asunción la clasificación de Guaraní frente a Oriente, en Santa Cruz?

-Todos mis compañeros hicieron un esfuerzo tremendo para poder seguir en la Copa Sudamericana. Yo no viajé porque no quería que mi problema con (el club) Wilstermann interfiera en la tranquilidad del plantel. No es poca cosa jugar primero de local y perder para ir a buscar la clasificación en el extranjero. Eso motiva mucho, porque uno sabe que sus compañeros responden incluso por uno.

-¿Dónde viste el partido contra Oriente Petrolero?

-Estaba en mi casa junto a mi familia. Estaba más nervioso y me cansé más que mis compañeros con solo ver el juego. Cada vez que errábamos goles me levantaba, corría, no sabía que hacer. Le dije a mi señora que me hubiese ido, que quería estar también ahí, pero luego nos pusimos todos felices porque Guaraní consiguió la clasificación, que era el objetivo.

“No sabía dónde quedaba Italia”

En medio de la sesión fotográfica, Centurión rememoró su largo recorrido en el fútbol desde su venida a Tembetary, que fue su trampolín para llegar a Europa. “Cuando estaba en Tembetary, que entonces estaba en la Intermedia, me dijo Epifanio Rojas que viajaríamos a Italia. Cuando eso yo no sabía ni dónde quedaba ese país, pero entusiasmado le llamé a mi familia para contarle la novedad”.

Haciendo algunos piques y toques con la cabeza y mientras los flashes iban y venían, siguió recordando a Rojas. “Cuando yo le preguntaba a Epifanio dónde quedaba Italia, el me decía: ‘Acá cerca nomás’. Yo había venido del interior hacía un mes a la capital y nunca me había subido a un avión. Epifanio me decía que viajaríamos en avión y trataba de tranquilizarme”.

Pero sus inicios en Europa no fueron del todo auspiciosos. “Llegué a la Roma de Italia, estuve seis meses y tuve una rotura de ligamentos en una rodilla. Iba a volver al Paraguay, pero se habló con la gente de Udinese y este club se comprometió a hacerse cargo de mí. Yo acepté, fui operado allá y me mandaron a Alemania para hacer mi recuperación. Cuando me recuperé, me quedé a jugar dos años en Udinese, hasta que regresé a Paraguay y fiché por Luqueño, en el 2000”. Agregó: “En el 2001 pasé a Libertad, donde casi no jugué porque tuve otra lesión de ligamentos cruzados. Tuve que esperar cuatro meses y medio para volver a jugar. En el 2003 ya estuve en Guaraní, de ahí fui al club César Vallejos de Perú y en el 2005 me tocó jugar seis meses en el Olimpo de Bahía Blanca. Luego, desde el 2007 hasta el 2010, estuve de nuevo en Italia, donde pasé por varios clubes de la región de Torino (Turín). Después de eso volví al país; iba a fichar por un club, pero no salió y jugué por el Deportivo Caaguazú el campeonato de la Intermedia, en el 2010”.

Entre pose y pose, el relato no se detenía: “Después me habló el presidente de Tacuary, Francisco Ocampo, quien iba a darme la oportunidad de mostrarme otra vez en el fútbol paraguayo y decidí darle el pase y jugar por Tacuary. Ahí hice una buena temporada entre el 2010 y 2011, aunque casi no jugaba de titular. Se habló de que me quería Olimpia, también Guaraní y ahora, después de algunas negociaciones, Ocampo arregló con Guaraní y estoy ahí hasta mitad del año que viene”.

En cuanto al problema que tuvo en Bolivia, explicó: “Antes de venir a Guaraní, una persona me habló para ir a tratar de negociar con el Wilstermann de Bolivia. Yo solo quería jugar y en Tacuary no tenía mucha oportunidad. Ahí surgió un problema, porque la gente de Wilstermann no habló con Francisco Ocampo, pero yo nunca firmé ningún contrato. Me entregaron 15.000 dólares por el transfer que debía ser enviado allá y reclamaron luego 45.000 dólares. Por suerte, Guaraní arregló con aquel club y pagó los 15.000 más 5000 dólares por último, por gastos internos, para cerrar el tema y estar tranquilo, esperando cumplir de buena forma con este club, sobre todo con goles”, finalizó.

Identikit

Nombre real: Diego Omar López Centurión.
Nombre artístico: Diego Centurión.
Lugar y fecha de nacimiento: Caaguazú, 5 de junio de 1982.
Padres: Antonio López y Celia Centurión.
Casado con: Alba Soledad Fernández.
Hijos: María José (4 años) y Mateo Alejandro (1).

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