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05 de Octubre de 2008

| A 116 AÑOS DE SU CONCLUSION

El Palacio de López

Con gran solemnidad y en coincidencia con la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1892, se procedió a la inauguración oficial del Palacio de López. El entonces presidente de la República, Juan Gualberto González, habilitó la construcción que fue bombardeada y ocupada por las tropas brasileñas en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Aquí, un recorrido por la historia del más emblemático de los edificios asuncenos.

Asentado en un terreno de dos hectáreas, frente a la bahía de Asunción, el Palacio
de López es uno de los edificios más elegantes de la capital paraguaya.

En la primera mitad del siglo XIX, el mariscal Francisco Solano López recibió de regalo el predio de parte de su padrino de bautismo, Lázaro Rojas. Durante el gobierno
presidencial de su padre, don Carlos Antonio López, el militar paraguayo viajó a Europa con la misión de contratar técnicos y profesionales
para desarrollar obras de progreso en el país. Así llegaron ingenieros y arquitectos que iniciaron
una serie de construcciones que transformaron el paisaje urbano de la Asunción poscolonial. Entre las edificaciones encomendadas figuraba
un palacio que sería residencia del Mariscal López. De planificar la obra se ocupó el ingeniero húngaro Francisco Wisner de Morgenstern y los trabajos se iniciaron en 1857, bajo la dirección del arquitecto inglés Alonso Taylor.
En el cimiento se emplearon piedras extraídas de las canteras de Emboscada y Altos; las maderas se trajeron de bosques y obrajes de Yaguarón y Ñeembucú, y los ladrillos fueron proveídos por las olerías públicas de Tacumbú. Las piezas de hierro forjado se hicieron en la Fundición de Ybycuí.

A las órdenes del arquitecto Taylor trabajaron también técnicos, escultores y artistas que se encargaron
de la construcción y decoración del edificio. Su principal asistente era el arquitecto italiano Alejandro
Ravizza, y el ingeniero inglés Owen Mognihan tuvo a su cargo esculpir las figuras necesarias para la ambientación palaciega. Hizo artísticas estatuas en piedras rojas y blancas sacadas de las canteras de Emboscada y Altos para adornar los salones.

El 25 de enero de 1864 llegó a Asunción el especialista italiano Andrés Antonini. Vino exclusivamente
para diseñar e instalar la escalera central de mármol que da acceso a la segunda planta. Colocó también mesadas y confeccionó piezas
decorativas en el transcurso de los dos años que duraron sus intervenciones.

El artista francés Julio Mornet contó con la colaboración del pintor paraguayo Aurelio García en la tarea de pintar el cielo raso con motivos florales y figuras.

Hecho al estilo neoclásico renacentista,
el Palacio de López estaba casi terminado en 1867. Apenas faltaban detalles de acabado para su conclusión. La ornamentación incluía estatuillas de bronce y el mobiliario importado de París al estilo francés en maderas nobles, bronces y mármoles, además resaltaban
los adornos grecorromanos. Los espejos con vidrios biselados, las alfombras y las cortinas de terciopelo
traídos de Francia otorgaban
aires europeos a los distintos ambientes del elegante edificio.

El entonces brigadier general Francisco Solano López dispuso que su despacho sea acondicionado en una de las salas de la planta baja, del lado izquierdo. El cielo raso del sector estaba revestido de yeso y en el centro sobresalía el escudo nacional
con orlas doradas.

El inicio de la Guerra de la Triple
Alianza hizo que el Mariscal López abandonara la capital y se instalara en territorio del Ñeembucú,
desde donde comandaba las operaciones de defensa. No llegó a ocupar su fastuosa residencia que sufrió los bombardeos previos a la toma de Asunción por parte de la escuadra brasileña. Las tropas de ocupación la utilizaron como cuartel y los corredores sirvieron de caballeriza, por unos siete años.

Además de los daños sufridos por los bombardeos, el Palacio fue objeto de saqueos. Todos los muebles
traídos de Europa, las estatuillas
que adornaban los salones, las arañas, los espejos, alfombras y cortinas
fueron llevados al Brasil por los oficiales y soldados del emperador
don Pedro II.

Al terminar la guerra, en 1870, Asunción continuó en poder de los brasileños que se retiraron en 1876. En junio del mismo año, el Palacio quedó libre y permaneció en total estado de abandono, hasta que el Gobierno de Juan Gualberto González
(1890-1894) se ocupó de su recuperación con el propósito de convertirlo en sede del Gobierno nacional. La solidez de la construcción quedó demostrada, pues el cimiento ni la estructura acusaron más daños que los que le habían ocasionado las balas de los cañones atacantes.

Por un decreto firmado por el presidente González se ordenó la terminación y refacción de la residencia. Los trabajos se hicieron
aceleradamente y estuvieron completos en octubre de 1892. Y se eligió el día 12 para la inauguración con una exposición de productos nacionales, organizada con motivo de cumplirse el IV Centenario del Descubrimiento de América. Sus amplios salones y aireados corredores
quedaron abiertos al público que por primera vez podía visitar el gran edificio.

El complejo estuvo protegido por un enrejado de hierro de considerable
altura que fue retirado definitivamente
en los años 20.


Sede del Gobierno

El presidente Juan Gualberto González, quien ordenó la recuperación del Palacio de López, no llegó a instalar su despacho en el edificio. Sucedió que en junio de 1894 fue depuesto por un golpe de Estado y en su reemplazo asumió el vicepresidente Marcos Morínigo. Este tampoco tuvo tiempo de montar su oficina en la nueva sede, porque no duró en el poder. Recién el general Juan Bautista Egusquiza pudo concretar la utilización efectiva del Palacio de López como sede del Gobierno nacional, el 25 de noviembre de 1894.


Cambio de despacho

En sus tiempos iniciales, el despacho presidencial estaba situado en la planta alta. En 1949, el presidente Felipe Molas López, con dificultades para subir las escaleras, mandó trasladarlo al piso inferior, en el ala este, donde se halla en la actualidad.

Con el transcurrir del tiempo, las dependencias originales fueron transformándose de acuerdo a las necesidades de la administración gubernativa.

En 1990 se suprimieron las oficinas de la planta alta y se rehabilitó el gran salón con el nombre de “Libertad”.

* Fuente de consulta: investigaciones de Carlos Alberto Pusineri Scala.



Autor: Javier Yubi

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