La batalla de siete días
En estos días conmemoramos 148 años de la campaña de Pikysyry, una de las definitorias de la Guerra contra la Triple Alianza. Semanas antes se dieron las sangrientas batallas del arroyo Ytororô (5000 paraguayos contra 18.000 aliados). Luego de 10 h de combate, los paraguayos se replegaron en el arroyo Avay, reorganizando sus tropas, y el 11 de diciembre fueron alcanzados por 22.000 hombres del ejército aliado, frente a 5000 paraguayos. Luego de la encarnizada batalla, los paraguayos se replegaron en Ita Ybaté, asiento del cuartel de López.
El 21 de diciembre, los aliados atacaron Itá Ybaté y la línea defensiva de Pikysyry. Entre 7000 y 8500 paraguayos fueron atacados por una fuerza de más de 24.000 aliados, al mando del mariscal Luis Alves de Lima, marqués de Caxías. Esta batalla, que duró hasta el 27 de diciembre, significó la debacle de las fuerzas paraguayas.
Varias intimaciones de rendición recibió López, pero todas las rechazó. El Ejército paraguayo fue aniquilado y López se retiró a las cordilleras, donde se desarrolló otra importante campaña de la Guerra contra la Triple Alianza.
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Un artista en la guerra
Hacia 1864 vino a la Argentina el pintor suizo Adolf Methfessel, nacido en Berna, el 12 de mayo de 1836. Desde joven se dedicó a la actividad artística –era un consumado paisajista y litógrafo, además de arquitecto– y sus cuadros figuran en importantes museos de Europa.
En la Argentina desarrolló su actividad y se vinculó con importantes científicos, apoyando sus estudios con sus dibujos y grabados.
Participó de la Guerra contra la Triple Alianza y documentó gráficamente muchos aspectos del conflicto.
Trabajó para el Museo de la Plata, recorriendo el territorio argentino, tomando apuntes y pintando numerosos lugares. Falleció en Buenos Aires, en 1909.
Ferrocarril en el Paraguay (Cont.)
En 1906, cerca del 85 % de las acciones con derecho a voto fueron compradas por inversores extranjeros (Benito Villanueva, parlamentario argentino y director del Ferrocarril Central de Córdoba, y Manuel Rodríguez, capitalista portugués. También se mencionaba como accionista importante al general Benigno Ferreira, entonces presidente del Paraguay).
Luego de años de negociaciones y debates, el 20 de julio de 1907, luego de tres días de discusiones en el Congreso, fue aprobado por el Senado el acuerdo firmado ad referendum entre el Estado y el ferrocarril.
El acuerdo convenido fue en los siguientes términos: renuncia de la empresa de cobrar el importe de la garantía del 6 %, anulando todas las cuentas de garantías existentes; renuncia del Estado a favor de la empresa de todas sus acciones de preferencia, quedando de esta manera desligado de la sociedad; compromiso de la empresa de continuar la línea hasta Encarnación; renuncia de la empresa de todas las tierras que debió transferirle el Gobierno, a excepción solamente de los terrenos en que se asienta la línea y los ocupados por las estaciones; exoneración a la empresa de todas las leyes fiscales y municipales por 25 años. Con motivo de este acuerdo, se realizaron violentos mítines de protestas en Asunción.
Si bien el Estado renunció a sus acciones, se arrogaba el derecho de control sobre el transporte ferroviario, que fue patentizado en 1943 con el decreto ley que declaró de “orden público las empresas de transporte, sin posibilidad de interrumpir sus servicios, salvo caso de fuerza mayor”.
Mientras se llegaba al acuerdo definitivo entre la compañía inglesa y el Estado paraguayo, en febrero de 1907, llegaron a Buenos Aires dos locomotoras consignadas al ferrocarril paraguayo. Pesaban cada una 85 ton. Al llegar al país fueron puestas en servicio bajo los nombres de Pilar y Pirayú. Luego, hacia 1912 llegaron las Hohenzoller, enormes máquinas que hasta el 2000 funcionaron.
El 5 de octubre de 1908 se reiniciaron los trabajos de la prolongación de la vía férrea desde Pirapó hasta Encarnación, para lo cual fue instalado un puente prefabricado de hierro, procedente de los Estados Unidos de Norteamérica, y se la efectuaba ya de “trocha media”, como la del ferrocarril argentino con terminal en Posadas, para su empalme con el nuestro en Encarnación. Casi simultáneamente comenzó la reconstrucción de nuestras vías desde Asunción hasta Pirapó, adoptándose también la trocha media.
Para la realización de los trabajos, el Gobierno autorizó a la empresa del ferrocarril a explotar gratuitamente los montes fiscales de Bobí (Artigas) y San Cosme, para la extracción de maderas para durmientes y demás materiales necesarios para la prolongación de la vía férrea.
Por otra parte, el 5 de marzo de 1909, un decreto autorizó a la empresa ferroviaria a construir un ramal de sus vías desde Patiño hasta la orilla del lago Ypacaraí (estación Kendall), para el transporte de pasajeros desde y hasta San Bernardino. Este ramal fue inaugurado en julio del mismo año y la llegada de los trenes se combinaba con lanchas que efectuaban el cruce. Hasta entonces funcionaba un servicio de tranvías de tracción a sangre, habilitado hacia 1896.
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