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05 de Mayo de 2019

 

Entérese

Por Luis Verón

Selva aromada

En los últimos años del gobierno del dictador Francia fue demolido el edificio del antiguo Convento de San Francisco, que desde 1824 quedó transformado en cuartel. El lugar muy pronto quedó convertido en un extenso arenal.

Cuando en 1849 se hicieron el reordenamiento y la nomenclatura de las calles asunceñas, se conformó la actual plaza, entonces llamada de San Francisco. Durante la Guerra de la Triple Alianza se realizaba en el lugar la instrucción militar de los reclutas que venían en ferrocarril del campamento Cerro León.

Durante algún tiempo, la plaza estuvo rodeada de rejas de hierro, las que después fueron desmontadas y, según algunos autores, llevadas a la mansión que actualmente es residencia presidencial. Lo que sí es cierto es que, según documentos gráficos, hasta hace unos 60 o 70 años estaba rodeada de balaustradas.

Cuando el 31 de mayo de 1885 vino la delegación oficial de la República del Uruguay, trayendo los trofeos de guerra devueltos por el gobierno del general Máximo Santos, la plaza cambió de nombre por el de Plaza República del Uruguay, pero comúnmente se la conoce como Plaza Uruguaya.

En gratitud a ese homenaje a la nación uruguaya, las damas que acompañaban a la mencionada delegación se despojaron de sus joyas, las que fueron enterradas en un cofre, en la esquina de las calles Eligio Ayala y México.

El escultor de la Victoria Alada

El autor de la estatua que corona la columna del monumento a los Comuneros en la escalinata de la calle Antequera es el argentino Luis Perlotti.

Había nacido en Buenos Aires, Argentina, el 23 de junio de 1890. Huérfano a temprana edad, se dedicó a diversas actividades laborales, lo que le permitió seguir cursos de arte en la Unione e Benevolenza y en los talleres de la Asociación Estímulo de Bellas Artes.

Posteriormente ingresó a la Academia Nacional, donde realizó varias obras, como El tambor de Tacuarí y un par de efigies de Sarmiento encargadas por el Colegio Militar y la Escuela Naval.

Realizó varias exposiciones, se dedicó a la docencia y, también, participó en importantes exposiciones en su país y en Europa.

Fue autor de la Victoria Alada, estatua que corona el monumento a los Comuneros, en la escalinata de la asunceña calle Antequera. Falleció a causa de un accidente automovilístico, el 25 de enero de 1969, en Punta del Este, Uruguay.

Nombres indígenas

Para los guaraní prehispánicos y para los mby’a, chiripá y pai tavyterâ que aún sobreviven, el nombre es una parte integrante del ser humano. Un escrito del indio Nimuendayú, señala que “... el nombre es un pedazo del alma de su poseedor, mejor: se identifican, formando un todo inseparable...

Cuando se han agotado todos los recursos para salvar la vida de un enfermo, se apela al último de cambiarle el nombre. El enfermo dotado de un nuevo nombre, hasta cierto punto, se vuelve diferente”.

Entre los mby’a también subsiste la costumbre de cambiar el nombre cuando alguien comete un homicidio.

La grafía guaraní

El 18 de mayo de l867, en plena Guerra contra la Triple Alianza, fue convocado en Paso Pucú un Congreso de Grafía Guaraní para fijar pautas al periodismo de guerra. Participaron del mismo, entre otros, el padre Fidel Maíz, Juan Crisóstomo Centurión, Natalicio Talavera, Saturio Ríos, Carlos Rivieres, el padre Francisco Solano Espinoza y el boliviano Tristán Roca.

Las pinturas de la iglesia de Trinidad

Las pinturas ornamentales de las naves de la iglesia de Trinidad, realizadas bajo la dirección del arquitecto Alejandro Ravizza, fueron hechas por los señores Domingo Sosa y Buenaventura Usedo. Oficiaron de ayudantes los aprendices De Jesús Domínguez y Saturnino Centurión.

surucua@abc.com.py

 
 

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