05 de Febrero de 2012

Hogar, horno hogar

Por Carla Fabri, ABC Color.

"Un médico puede enterrar sus errores, pero un arquitecto apenas puede aconsejar a sus clientes que planten enredaderas", decía el genial arquitecto Frank Lloyd Wright.

De esto saben Celi y Ed, mis queridos vecinos de la cuadra, que adquirieron un lindo dúplex con ventanas corredizas de vidrio, sin persianas ni nada que proteja del calor, del viento, del frío y de los ruidos.
Ninguna cortina fue suficiente para aplacar el calentamiento global hogareño, por lo que recurrieron  a la enredadera mencionada por Lloyd Wright, quien además sostenía que todo gran arquitecto, necesariamente, es un gran poeta. Debe ser un gran intérprete original de su tiempo, de sus días, de su época. Y de su clima, agrego yo.

Serán muy cool las nuevas viviendas, pero se nota que sus diseñadores se desentienden del concepto de construcción bioclimática, que tampoco es una novedad, porque las antiguas casas estaban preparadas para soportar nuestros calurosos y largos veranos.  Tenían techos altos, corredor yeré, patio interno con plantas, paredes exteriores de gran grosor, ventanas bien orientadas, con rejas de hierro y  persianas de madera o metal.

Si se edifica con la intención de abaratar costos, a la larga se gasta más y en forma permanente en energía no recuperable, como la electricidad que alimenta los equipos de aire acondicionado.

A mi amiga Vero, el arquitecto Benítez le construyó una casa-caja lento. Hay que reconocer que es novedosa por dentro pero haku formal, les cuento.  En todo el frente de la vivienda, el maestro le construyó al garaje una puerta-muralla de hierro inmensa, pesada  y… ¡calieeeeente!  Imaginen todo el calor solar que esa mole de hierro almacena en el transcurso del día. A las seis de la tarde, podés cocinar un huevo frito con solo acercar la sartén a ese portonazo de  hierro. Ingresar a la casa de Vero es como que entrar a un hogar sauna. Cuando llueve, las goteras son de rigor mortis, enfocada la situación con humor negro, humor húmedo, chorreante. 

Estas experiencias pueden ser de utilidad para quienes estén con ánimos de construir. No busquen constructores laureados que, aparte de tener trabajo a tutiplén, parece que se sienten presionados a diseñar cosas estrambóticas muy bien dibujadas pero nada prácticas. Las casas modernosas que se ven en las revistas a lo mejor nos impactan por su diseño, son impecables… para ser fotografiadas, pero no son acogedoras ni hogareñas;  puede que sean casas, pero no son hogares.

El arquitecto Witold Rybczynski, autor del libro La casa. Historia de una idea, hace una dura crítica a la "pobreza esencial de las ideas arquitectónicas modernas", pues a su juicio, "la idea del confort que tienen los arquitectos y los ingenieros es fundamentalmente errónea" y el bienestar doméstico "es algo demasiado importante para dejárselo a los expertos; es, igual que ha sido siempre, asunto de las familias y de las personas".  Para tomar en cuenta y  buscar profesionales que se interesen en nuestras ganas de vivir en un hogar agradable. No en uno que sea horno en verano y heladera en invierno.  
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