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02 de Noviembre de 2008

| A PROPOSITO DE LA FECHA DE HOY

Homenajes y “homenajes”

La historia paraguaya es rica en episodios de la más diversa naturaleza.A lo largo de los siglos ocurrieron hechos que nos llenan de orgullo, hechos que consideramos heroicos, gloriosos, y también muchos que constituyen motivos de vergüenza. Ese sentimiento es el que tenemos a 140 años de un dramático capítulo de nuestra historia: Los fusilamientos en Cumbarity y el proyectado basurero en el lugar.

Hoy es dos de noviembre,
día de los difuntos. Esa es la razón por la que recor-
daremos a algunas personalidades
de nuestra historia, sobre las que han caído frías infamias y que su-
cumbieron bajo la rigurosa decisión
de tribunales que consideraron im-
partir justicia a través de tormentos
y fusilamientos. Hoy de sus tumbas casi no hay noticias. Solo algunas cruces marcan el lugar donde en-
contraron la muerte. Ese sitio es
conocido por los lugareños con el
nombre de “Curuzú 40” y está en un paraje de Villeta sobre el cual las autoridades nacionales se propo-
nen instalar un... ¡basurero!

Aquel 21 de diciembre de 1868,
uno de los fusilados fue el obispo Manuel Antonio Palacios. Cabe-
za de la Iglesia paraguaya, nació en
Luque, donde fue bautizado el 16
de julio de 1824. Estudió en la Aca-
demia Literaria, donde fue compa-
ñero de Francisco Solano López.

Alumno aplicado, mereció una me-
dalla de oro otorgada por el propio
presidente Carlos Antonio López.

Se ordenó sacerdote en septiembre
de 1848 y fue destinado como cura
párroco de Villeta, donde estuvo
hasta noviembre de 1862. Atendía
también las parroquias de Ypané y Guarambaré. Fue deán de la ca-
tedral de Asunción y, al fallecer el
obispo Gregorio Urbieta, fue pro-
puesto por el Gobierno para ejercer la titularidad de la diócesis del Pa-
raguay, que asumió el 29 de enero
de 1865.

A poco de investirse de su dignidad
eclesiástica, sobrevino la Guerra de
la Triple Alianza, y monseñor Pala-
cios acompañó al Ejército nacional como capellán del mismo.

Como obispo, ordenó a varios sa-
cerdotes en ceremonias realizadas
en Humaitá y Paso Pucú.

Fue íntimo amigo de la familia
López-Lynch, pero, cuando se des-
cubrió la conspiración de 1868,
luego de la caída de la fortaleza de
Humaitá, fue involucrado por los
supuestos conspiradores, que en las
sesiones de tormento, declararon
que el obispo diocesano era uno de
los complotados.

Palacios fue apresado en San Fer-
nando (a orillas del Tebicuary) y
luego de un largo proceso y un sin-
fín de sufrimientos, el 1 de diciem-
bre de 1868, ya en el campamento
de Itá Ybaté, los fiscales de sangre
Fidel Maíz (a quien el obispo res-
cató de la desgracia con el mariscal)
y Justo Colmán dictaron la terrible
sentencia: pena de muerte.

Frisando el amanecer, y cuando
empezaba el ataque de los aliados
fueron conducidos a la entrada del Potrero Mármol. Según un relato de don Juansilvano Godoi (retrucado
por el padre Fidel Maíz en su libro
Etapas de mi vida), “...el imponente
y conmovedor silencio se redobló, y el ilustrísimo Palacios, tomando en
la mano el pequeño crucifijo de oro
que llevaba pendiente en el cuello,
dijo con voz firme y clara (entre
otras cosas):
“Que mi sangre sin mancilla caiga
sobre la cabeza de mis verdugos y sobre la de los que le prestan su
protección hasta la quinta genera-
ción... Y a vosotros, instrumentos inconscientes (dirigiéndose a la
tropa) os lego mi compasión y mi
perdón...

“Al terminar la última de sus dolien-
tes palabras, se volvió de espaldas,
y con él los demás condenados. El
oficial bajó inmediatamente la es-
pada y sonaron las descargas”.

Ilustres fusilados

Con él, fue ejecutado don José Berges, ex ministro de Relaciones Exteriores a lo largo de más de 13 años. Asunceño, nacido hacia 1820. Estudió con importantes maestros,
como Téllez, Cañete y Escalada. En 1851 fue plenipotenciario en el Uruguay y suscribió importantes tratados internacionales. Luego del rebasamiento por parte de los
Aliados de la fortaleza de Humai-
tá, fue convocado a San Fernando
y puesto en prisión. Después de varias semanas de ser sometidos a indecibles tormentos, fue fusila-
do en Potrero Mármol (Villeta), al amanecer del 21 de diciembre de 1868, cuando empezaba la batalla
que sería la postrera y que aniqui-
laría al Ejército paraguayo.

Otro ejecutado en aquella aciaga
jornada fue el general Vicente Ba-
rrios. Nacido en 1825, ingresó en el Ejército y fue compañero de Fran-
cisco Solano López, en su misión
a Europa, además de su cuñado, al
casarse con Inocencia López Ca-
rrillo. Tuvo importante actuación en la contienda y fue nombrado ministro de Guerra. Involucrado en la conspiración de San Fernando,
fue apresado, torturado y condena-
do a muerte. Fue fusilado aquel 21 de diciembre de 1868.

Otro religioso bajo las balas

Otro de los fusilados fue el deán de
la catedral de Asunción, Eugenio
Bogado, nacido en Ybytymí, a fi-
nales de la década de 1820. Estudió
en la Academia Literaria y fue or-
denado sacerdote en 1850. Fue cura párroco en su pueblo natal y, lue-
go, rector del Seminario Conciliar.

También provisor y vicario general de la diócesis del Paraguay, además
de consejero de Estado, y fue con-
decorado con la Orden Nacional del Mérito. Involucrado en la célebre
conspiración, fue condenado a la
pena capital y fusilado al amanecer
del 21 de diciembre de 1868. Otro
religioso caído en aquella ocasión fue Juan Bautista Zalduondo, so-
brino del obispo Palacios; su culpa:
su parentesco con el prelado.

Héroe y reo

El coronel Paulino Alén Benítez
fue otro de los caídos bajo las ba-
las fratricidas en Potrero Mármol. Nació el 22 de junio de 1833 en
Isla Valle, entonces paraje perte-
neciente a Luque. Se incorporó a filas del Ejército en 1845 a los 12
años. Actuó en la Campaña de Co-
rrientes. Hizo sus primeros servi-
cios en el 6º Batallón de Infantería
que, con el 7º Batallón, trabajó en
el Ferrocarril de Asunción a Lu-
que. En 1864 figuraba como ayu-
dante técnico del ingeniero John Withehead, constructor de la vía
férrea. Alén era el oficial más ilus-
trado del Ejército paraguayo; ha-
blaba y escribía correctamente el
francés y el inglés. Fue compañe-
ro de López en su viaje a Europa.

Cuando nuestras fuerzas ocupa-
ron Corrientes, en abril de 1865,
fue designado secretario del
ministro Berges. En 1865, se le
confió la Secretaría General del Comando en Jefe, instalado por
López en Paso Pucú. En marzo de
1866, López resolvió abandonar las célebres fortificaciones de su siste-
ma defensivo llamado “el cuadrilá-
tero” y encargó al coronel Paulino Alén la defensa de la fortaleza Hu-
maitá, la última porción del famo-
so sistema de trincheras.

Después de dos meses de heroica resistencia contra las fuerzas na-
vales y terrestres de la Alianza,
Alén pidió permiso a López para replegarse hacia Pilar, pero éste
se negó. Debido al agotamiento
de víveres y municiones, y sin
poder detener el avance enemi-
go, Alén decidió infructuosamente
suicidarse. Fue remitido al Cuartel
General y fue fusilado por traición,
aquel 21 de diciembre de 1868. Con estos compatriotas también fue-
ron ejecutados el capitán Simón
Fidanza, don Benigno López,
hermano del mariscal; las señoras
Dolores Recalde, Mercedes de Jesús Eguzquiza
y Juliana Ynsfrán
de Martínez, ésta por ser esposa
del coronel Francisco Martínez, quien, luego de titánica resisten-
cia, se vio obligado a claudicar
la defensa de la fortaleza de Hu-
maitá. Aquel amanecer del 21 de diciembre de 1868, también fue
ejecutado el vicecónsul portugués
José Leite Pereira.

Nuestro homenaje

Trágica jornada aquella del 21 de
diciembre. Estos desgraciados ca-
yeron víctimas de una guerra al interior del Ejército paraguayo. Cayeron fulminados por balas fra-
tricidas. Mientras tanto, empeza-
ban los tiroteos disparados por los argentinos y brasileños, que culminaría una semana después,
con la aniquilación de nuestras heroicas fuerzas.

Los paraguayos de la actuali-
dad, en homenaje a aquellos héroes y a aquellas ilustres víctimas de
otra faceta de la guerra, hoy, 2008,
pretendemos rendirles homenaje, derramando sobre sus tumbas y
sobre su memoria la basura y
excrecencia de nuestra sociedad ingrata.

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