Siempre llamó mi atención que a los héroes y próceres no se los ve sonriendo en las imágenes. Tampoco las heroínas muestran dentadura, onda publicidad de crema dental. Ni los dioses ni las diosas. Una vez le pregunté a mi mamá por qué era tan serio el padre eterno. Y, al mismo, a Jesús y la Virgen María tampoco se los veía sonriendo. “Seguro que les causamos preocupaciones”, respondió mi madre. “Pero eso no significa que no sean alegres”, concluyó. Me parece que la respuesta no me convenció del todo. Sin embargo, algo que me fastidia siempre es que me pidan una sonrisa cuando me van a tomar una foto. Soy de sonrisa fácil, pero al momento de la fotografía, tal vez, mi padre eterno interior se resiste a posar ese gesto tan humano como el llanto.
Desmond Morris dice que la risa deriva del llanto y podemos definirla como llanto frustrado. Si este nace con la vida misma, la risa solo aparece en el tercer o cuarto mes de vida, cuando la criaturita es capaz de reconocer el rostro de su madre frente a otros rostros extraños. El etólogo inglés sostiene que el bebé reacciona llorando ante un rostro desconocido como ante una amenaza. Mientras que ante el rostro materno siente seguridad, alegría, aunque esta lo zarandee jugando. Si una persona desconocida lo zarandea, el bebé se larga a llorar. Según Desmond Morris, la criatura percibe peligro ante lo desconocido y llora y, apenas aparece la madre, le vuelve la sonrisa. Es común ese llanto que se convierte en sonrisa en los niños pequeños. Esta teoría del llanto-sonrisa explicaría por qué es tan ofensivo que se rían de uno, como si fueras un ser extraño, un potencial enemigo.
En la sonrisa nerviosa o la seductora social nos presentamos con la intención de recibir la aceptación del grupo. Sentimos un recelo ante la gente extraña, pero a través de esta demostramos una actitud receptiva no agresiva. Otro estudioso, como Jodie Shields, considera que se puede crear un ambiente alegre y lleno de felicidad con el simple acto de sonreír, porque provoca una descarga electrónica en el cerebro que transmite alegría y contagia a las personas que miran a quien sonríe. Ahora hay letreritos que te piden que sonrías porque te están filmando. Se supone que la gente que sonríe es feliz.
Benjamin Franklin escribió en su autobiografía que la felicidad humana no es producto de los grandes acontecimientos, sino de las pequeñas vivencias cotidianas. Desde el billete de USD 100, Benjamin nos mira de costado y no sonríe. No sabemos si está triste o preocupado. A lo mejor no le agrada que su rostro haya adquirido valor monetario y vaya pasando de mano en mano. Sonreír o no sonreír, ¿es esa la cuestión?
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