El concepto de amistad es el mismo que en otros tiempos y se vincula al compañerismo, la lealtad, la reciprocidad y la confidencialidad. Son tan importantes la lealtad y la confidencialidad para mantener una amistad sólida y profunda. No puede considerarse amiga a una persona desleal, que habla pestes a espaldas de un afecto, o permite que se calumnie o se hagan burlas desagradables sobre alguien que no está presente.
Aunque ahora las formas de comunicarnos hayan variado, las amistades reales son aquellas con las que nos conectamos a menudo, aunque sea con el pensamiento. Esas que siempre deseamos ver a pesar del tiempo y la distancia, y en las que reconocemos empatía, confianza, y acompañamiento en las buenas y en las malas.
Hoy, se dan muy a menudo las amistades descartables. Es un momento en el cual las relaciones son más inestables, con menos compromiso. Los vínculos humanos son más frágiles, menos cálidos, más fugaces y superficiales. El excesivo consumismo provoca la mercantilización de los lazos humanos y el dinero invade las relaciones personales. Cuando los vínculos pierden conexión afectiva, pueden convertirse en simples plataformas para trepar y hacer carrera.
Existen amistades con las cuales dejamos de vernos y, sin embargo, cuando volvemos a encontrarnos, confirmamos que el cariño y la conexión siguen intactos.
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Las nuevas tecnologías son estupendas herramientas que propician conocer a mucha gente, pero lo importante es que sean un puente que nos lleve hacia aquellas personas con las que verdaderamente podamos entablar el sentido de amistad profunda, en la cual encontrarnos cara a cara y mirarnos a los ojos.
Así como existen amistades, también existen antagonismos. Aprendimos a protegernos de los cataclismos y las enfermedades, pero todavía no aprendimos a defendernos de la envidia, el egoísmo, la falsedad, el odio. Cuando la enemistad nos rodea, es perentorio defendernos de ella y no darle oportunidad de destruir nuestros mejores poderes.
Hay maneras y maneras de enfrentar la enemistad; una de ellas podría ser evitándola, alejándose de ella. Otra podría ser encararla en forma responsable y pacífica, exponerla ante los demás y neutralizar la mala onda. Ni sometimiento ni ataque, sino una no resistencia constructiva que desactive la enemistad, o consiga que esta se autodestruya a sí misma. La no resistencia constructiva neutraliza la agresión, la furia, el atropello.
Darle suficiente soga a la maldad para que ella termine ahorcándose a sí misma. Darle rienda suelta a la enemistad y ella se causará a sí misma su propio fracaso. Muchas veces, por el método de ceder, se sale ganando.
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