En todo acto de desobediencia civil existe una llamada de atención a la opinión pública que tiene que ser fuera de serie. Por ejemplo, las marchas del silencio, los piquetes callejeros, los grafitis, las sentadas, desnudarse, la huelga de hambre, el dumping –venta deliberada de ciertos productos por debajo de los costos–, los escraches, los gestos groseros, buscar el encarcelamiento. Formas económicas y psicológicas que pueden sacudir los pilares de las instituciones que ya están podridas. La nueva rebeldía prefiere el desorden a la injusticia.
En su manual De la Dictadura a la Democracia, traducido a 30 idiomas, Gene Sharp dice que existe una poderosa alternativa de rebelión pacífica que la resistencia civil puede utilizar para cambiar las cosas. En su escrito, que se distribuye más bien en forma clandestina, propone 198 formas de protestas y de desobediencia civil.
Aquí, entre nosotros, en medio de los excesos de la podredumbre que nos mantiene dóciles bajo un sometimiento asqueroso, aparece un alterador que con acto escatológico muestra su desesperada impotencia ante nuestro indiferente servilismo, frente a un poder cuyo latrocinio patrocinamos con el pago de nuestros impuestos. Ni héroe ni villano. Es un compatriota que llegó a una situación límite de hartazgo, impotente ante la crueldad de un Poder Judicial que arrasa y desaloja de sus campos a pequeños agricultores, trabajadores, con sus familias, sus cultivos y animales de pequeña granja. Es un paraguayo que recurre a un acto desesperado para intentar sacudir la modorra que nos tiene adormecidos. Es un ciudadano indignado ante una Justicia que es permisiva con los poderosos y atropelladora con los humildes. Es un ser humano que recurre a un acto de rebeldía intestinal irrespetuoso.
Para una Justicia de mierda, una revolución de mierda. La rebeldía intestinal e intelectual impugna la opulencia de una sociedad de partidos políticos corruptos que se adueñaron de nuestro país.
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Dice Camus que el movimiento mismo de la vida es una constante rebeldía, que no argumenta ni razona. Es instintiva y espontánea. No surge de un razonamiento educado. La rebeldía surge de la indignación, de la ruptura con el mundo. No es un movimiento voluntario. Es pura fuerza vital, como la de los intestinos.
Aquí no solo se trata de enfrentar un orden social injusto. Se trata de combatir el falso orden, la democracia trucha, las autoridades podridas y prepotentes. Nacimos de una desobediencia, de una insumisión a la ley divina que marcó nuestro exilio del paraíso. El pecado de desobediencia es un acto de conocimiento. La verdadera redención es la libertad, sin cadenas y sin ídolos.
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