LA CANASTA MECÁNICA

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LA INSEGURIDAD Y LOS MIEDOS.- Una amiga describió como miniinfarto-miedo lo que se sintió cuando iba por la calle y, de repente, escuchó que se le acercaba una moto. Es comprensible que esto suceda cuando a diario nos enteramos de la cantidad de asaltos ocasionados por los motochorros. Otra amiga contó que, ahora, cuando sale a la calle siente mareos, taquicardia, transpira y se pone muy ansiosa. Son síntomas de agorafobia, que es el miedo a espacios abiertos; es temor a las multitudes, a frecuentar nuevos lugares y relaciones. El miedo se considera una emoción normal cuando no es patológico. Es comprensible sentir miedo cuando la amenaza existe, es real. Si la reacción es excesiva y no guarda relación con la causa que desencadena, el miedo es anómalo, bloquea la conducta normal, desestabiliza la emocionalidad y arrastra al terreno de las fobias.

Esta alteración puede ocurrir porque se asumen más responsabilidades de las que se pueden administrar. También pasa cuando la persona pretende ser tan fuerte que se desconecta de sus sentimientos y vulnerabilidad. Aparentar que lo tenemos todo bajo control y que nada nos vulnera, nos pone en peligro de sufrir el llamado ataque de pánico, que es una crisis de ansiedad desesperada que, a veces, incluye la sensación inminente de muerte. Nuestra personalidad esconde en lo profundo el origen de tres manifestaciones del terror que son: la ansiedad, el pánico y las fobias.

Hay temores que son inevitables porque se relacionan con peligros verdaderos, con situaciones reales, como la inseguridad callejera de la que nos informan a diario los noticieros de la televisión. El miedo también se puede contagiar a través de la avalancha de información catástrofe que debilita la claridad mental, es causal de enfermedades y de la pérdida de vitalidad. Para enfrentar a todo esto recurrimos a un estado de alerta originado en el instinto de conservación que nos lleva a construir un muro contra el miedo, que se activa en caso de amenaza. Sobre el incremento de la inseguridad, la ciudadanía razona con los elementos a su alcance y exige más presencia policial en las calles, más penas y cárcel para los delincuentes. La criminalidad amenaza la calidad de vida de la gente, traumatiza a las víctimas y pone en peligro la voluntad cívica. A través del miedo, la inseguridad afecta a la dignidad humana y a la vida en sociedad, porque torna imposible el ejercicio igualitario de los derechos de las personas.

Es imprescindible cambiar y participar en el cambio, entendiendo que la seguridad abarca todas las instancias en las que desarrollamos nuestras ideas. No nos aislemos en nuestros propios problemas evitando interesarnos en lo que “no nos compete”. Cambiar no significa tirar toda la tradición por la borda. Se trata de cambiar con intención, con conocimiento y conciencia. La seguridad ciudadana resultará productiva para que nuestras iniciativas se generen y consoliden.

carlafabri@abc.com.py

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