LA CANASTA MECÁNICA

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

¿SABÉS QUIÉN SOY YO?.- Para la persona mediocre e ignorante pesa más el estatus que los méritos. Por eso puede arrastrarse de lo más servil y chupar las medias de gente poderosa, aunque esta sea detestable. Es prepotente hasta el escándalo ante sus iguales y le gusta maltratar a los gritos a quienes considere parte de la pobre plebe. Su aullido de batalla suele ser: “¿Sabés quién soy yo?”.

Dicen que en los lugares en los que el dinero y los recursos están en manos de una minoría, por encima del conocimiento, el intelecto y la virtud, se da mayor importancia al rol social que se otorga por asignación a un individuo, a la riqueza, al apellido, sin considerar los orígenes dudosos. Darse ínfulas por ser descendiente de alguien es una reverenda pelotudez. Mandarse la parte por tener un pariente millonario o famoso indica ausencia de merecimientos propios. “Soy la hija de Fulano de Tal”, se vanagloria una conocida sopapeadora, prepotente experiodista, actual funcionaria pública, concejal a rekutu por 4000 votos del partido oportunista nacional, a quien la ciudadanía contribuyente le pagamos su sueldo millonario para hacer barrabasadas que perjudican nuestra vida ecofamiliar urbana.

La prepotencia es hija de la dictadura y hermana de Stroessner. Resulta muy paradojal que los resabios de la lucha contra el autoritarismo se manifiesten hoy en forma de aires déspotas de superioridad y corrupción pública. El éxito de la avivada define nuestro valor y, también, el modo en el que nos valoran. Estamos en bancarrota moral cuando la honestidad deja de ser admirable y se aplaude a la gente valé que hizo plata con negocios turbios, colocó a su parentela inútil en costosos puestos planilleros y se comporta con violencia, llevándose todo por delante. La decadencia está en su apogeo si lo que se hace (mal) pesa más que lo que se sabe (conocimiento). Gana la podredumbre si el infractor y el delincuente obtienen el respeto de su comunidad.

Crispan esos funcionarios narcopolíticos que andan con un montón de guardaespaldas a su alrededor y una caravana de seguridad pagada con el aporte de nuestros impuestos. Es una manera horrible de exponer la desigualdad, que fomenta mucha violencia y aumenta la inseguridad. Por algo en los países con mayor desigualdad existen más homicidios, feminicidios, homofobia, delincuencia y sistemas penales más punitivos. En Holanda, uno de los países con menor desigualdad, están cerrando cárceles porque no hay tantos reclusos.

Desigualdad y corrupción viajan juntas. Los países desiguales son más corruptos y tienen mayor deserción escolar. La desigualdad produce países disfuncionales que, como el nuestro, tienen un pésimo servicio de salud pública y todavía les pagamos carísimos seguros médicos privados a altos funcionarios del Estado.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Para impedir que la prepotencia siga causándonos daño, debemos enfrentar esa presencia que causa miedo en la gente que se le somete. Recordemos que si la prepotencia existe es porque el alimento de la tiranía es el silencio del cobarde.

carlafabri@abc.com.py