LA CANASTA MECÁNICA

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LECCIONES SOBRE REELECCIONES.- Después de una larga tiranía como la que soportamos, los resabios del autoritarismo están grabados a fuego en la psiquis de la política paraguaya.

Alfredo Stroessner, a lo largo de su gobierno dictatorial, tuvo que recurrir a falsas urnas electorales para disimular su autoritarismo y aplacar hostilidades o pervertir ánimos de inspiración democrática.

La dictadura estronista recurrió a la hipócrita legalidad de las elecciones fraudulentas, en las cuales el déspota triunfaba con el 98 o 99 % de los votos.

Es por eso que los ciudadanos constituyentes redactaron el artículo 290 de la Constitución Nacional, que dice: “...No se utilizará el procedimiento de la enmienda, sino el de la reforma, para aquellas disposiciones que afecten el modo de elección, la composición, la duración de mandatos o las atribuciones de cualquiera de los poderes del Estado, o las disposiciones de los capítulos I, II, III y IV, de la Parte I”.

Los constituyentes no redactaron esto solo para evitar que el general Rodríguez pretendiera mantenerse en el poder, al igual que su antecesor, el general Stroessner. En este artículo reflejaron la sabia presunción de que, en cada uno de nosotros, quedaba implantado el chip del autoritarismo, del mbarete, de la intolerancia, de la suprema necesidad del rekutu.

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Esto lo vemos y soportamos a diario. No es una novedad que busque el rekutu, de cualquier forma, un presidente de la República, un ministro, un gobernador, un delegado, un senador, un diputado, un concejal, un secretario de cualquier escalafón.

Quienes apoyan la arriesgada reelección argumentan que las reelecciones existen en todos los países. Olvidan que el nuestro soportó 35 años de dictadura ininterrumpida. También dicen que es “el pueblo quien debe decidir en las urnas”. Eso es más falso que el pelo de Trump. El último referendo para aprobar el voto de residentes paraguayos en el exterior tuvo participación del 12 % del electorado.

Dejen de mentir a la gente. Dejen de usar el dinero para comprar votos y conciencias. Horacio Cartes ya invirtió suficiente dinero en el Partido Colorado. Una inversión que ahora no quiere soltar, y tampoco quieren abandonar el poder sus acólitos beneficiados.

Las elecciones son un mecanismo de alumbramiento y sostén del sistema democrático y, sobre todo, producen PODER. Para otorgar a los representantes elegidos la posibilidad de tomar decisiones que afectarán nuestras vidas, el poder debe nacer de elecciones limpias y transparentes que lo legitimen.

Con las huellas todavía cercanas de la dictadura, es necesario que los órganos electorales reflejen transparencia y exactitud para respaldar la decisión de los sufragistas. Conforme la democracia se estabiliza, el mecanismo de elecciones puede ampliarse. Este no es el caso ahora. Tal vez dentro de 20 o 30 años podremos encarar la posibilidad de una reelección presidencial.

Las dictaduras nunca atenderían a estas consideraciones, pues no las necesitan. La democracia, en cambio, se sustenta y se debe a ellas. El poder legítimo tiene un precio que bien vale los mejores esfuerzos y, en nuestro caso, la cautela ante cualquier interés en la reelección presidencial.

carlafabri@abc.com.py