LA CANASTA MECÁNICA

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LOS CULÍS Y PARAGUAYO CUBAS.- Los culís siempre serán recordados por su timoratería pacata. Gente de una simpleza asustadiza, fácil de escandalizarse ante un flato, llega a la exasperación ante una boñiga expulsada con lucidez de protesta política en el despacho de una vil justicia.

En su base ideológica, el culiempolvismo sostiene la benevolencia con los tiranos y promueve la represión hacia cualquier acto de disconformidad que se salga de lo convencional, sobre todo si conmueve conciencias adormecidas.

Un buen culiempolvi acepta sumiso la grosera prepotencia del poder, pero pega el grito al cielo ante la queja en forma de grafitis. Se ofende por los exabruptos que pronuncia un ciudadano harto de la corrupción gubernamental, mientras que, con su reacción culí, legitima mecanismos democráticos vaciados de contenido real.

La mente culí no comprende que se necesita imaginación ni capta que es preciso generar nuevas formas de confrontación creativa para enfrentar las nuevas formas de la dominación democrática. Si la protesta tradicional ya no le inmuta al poder, para causar efecto, habrá que golpear los portones estatales, pintar las paredes de los corruptos y poner en evidencia a los ladrones de la cosa pública. Si un ciudadano desesperado ante los atropellos de las autoridades, como protesta, decide defecar en el despacho de la corrupta burocracia, al menos respetemos su inventiva personal y no desvirtuemos la seriedad del motivo de su insurrección.

Alguna vez se dio en Buenos Aires una protesta fuera de serie que ocupó las tapas de los diarios del mundo. Frente a la Casa Rosada, un centenar de personas se presentó llevando pancartas que decían: “FMI, nos queda esto”. La idea cerró cuando, ante el sonido de un silbato, en un absoluto silencio, hombres y mujeres se dieron la vuelta y mostraron sus nalgas viejas, gordas, flacas, robustas, pequeñas, jóvenes. Cubiertas las partes pudendas, entonaron el Himno nacional en inglés. Imagino que habrán surgido voces escandalizadas por parte del culiempolvismo porteño. Los culís están en todas partes, pero entre nosotros reinan y gobiernan.

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La protesta, hoy, se ha convertido en una puesta en escena que expresa indignación porque no se investigan ni se encarcela a los ladrones del dinero de nuestros impuestos. Lo siniestro es que se encarcela a quienes protestan. Dice Henry Thoreau: “La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos”. Además: “Bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es la cárcel”. Es un mérito que te encarcelen por protestar cuando gobiernan delincuentes.

Un estudioso dice que las claves para el éxito de las nuevas formas de reivindicación son: que llame la atención, que aporte algo vanguardista, novedoso, y que el objetivo sea bueno, noble, justo. Se consideran importantes el apoyo social, la simpatía, las ideas y la misión. ¿Cuál sería la misión de Paraguayo Cubas? ¿Conmover nuestras aletargadas conciencias? ¿Convocarnos a expresar nuestra indignación con actos diferentes, creativos? Eso no lo convertirá en futuro presidente de la República. No equivoquemos la evaluación.

Menos culiempolvismo retrógrado para vencer los prejuicios, para superar el desconcierto ante un nuevo tipo de gobierno que se disfraza de demócrata y pisotea la letra de la Carta Magna. Vayamos más allá del prejuicio ilustrado que se ampara en un fanatismo racional. Podríamos aceptar la posibilidad de que estamos ante una nueva consciencia revolucionaria, aparentemente enajenada, como la de Paraguayo Cubas, quien con valentía solitaria se atreve a desafiar los cimientos mismos de la corrupción del poder gubernamental.

carlafabri@abc.com.py