Cuando digo idiota, en este caso, me refiero a una forma de rusticidad espiritual, a la falta de sabiduría que priva de la facultad de amar al prójimo y a la prójima como a sí mismo, misma. Es desagradable toparse con alguien que, además de la tosquedad de alma, es pichi con algún poder.
El pichi es un ser insignificante al que le suele encantar mandarse la parte, darse aires de autoridad, de detentar alguna porción de poder. Puede ser un poder diminuto, como el acceso a una tecla que le permite expulsar a una usuaria de un chat. Puede ser un chavolái jejapo, que se niega a identificarse y ningunea a un ciudadano que protesta con justificadas razones.
Puede ser un pichi que te atiende detrás de un mostrador con cara de “che la amandáva koápe”. Pichi que te puede ubicar adelante o atrás. Pero el pichi power se manifiesta en toda su ruindad cuando se picha. Pichi que se picha, ¡áina!, katuetei busca desquitarse. Si su ignorancia espiritual es feroz, sus actos de animosidad rencorosa pueden causar malestar psicológico, zozobra laboral e, incluso, la muerte física. No recuerdo quién dijo que el poder de los ignorantes de corazón es la mano cruel que ejecuta la sentencia y amordaza a sus semejantes. Un mando medio pichi power supone que es omnipotente en su jurisdicción, se comunica a través de la intolerancia, de la rigidez, y se cabrea mal cuando alguien pone en jaque su autoritarismo.
El pichi con un cachito de poder es rastreramente servil ante sus superiores, y puede maltratar con crueldad a sus colegas y subalternos. El pichi power busca someter, pisotear a sus pares para que no crezcan, para que no muestren sus grandezas. Infla su ego como estrategia de dominio porque intenta hacer sentir inferior a quienes brillan a su alrededor. Es que cuando alguien es pichi, se siente o se sabe inferior, necesita compensar esa inferioridad aumentando desmedidamente su ego y rebajando a los demás. Detrás del pichi power hay limitación, inseguridad e incapacidad. Solo entiende la lealtad en la dirección vertical. Todo pichi con poder cree haber descubierto lo que es poder: poder es hacer sufrir. Hay personas pichis, ordinarias, malvadas, que con su podercito forman parte de un engranaje destructivo, de odio. Desbordan una rabia que puede tener terribles consecuencias.
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Las causas no pueden ser atacadas desde la pobreza de espíritu, desde la ceguera abusiva que otorga un pequeño poder. Se necesita la reflexión, el debate, la autocrítica. No se puede atacar a algo o a alguien desde la simple bronca, desde la ira, desde la pichadura, desde el despotismo, sin discernir y cuestionar antes los reales motivos de ese ataque.
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