LA CANASTA MECÁNICA

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LO INESPERADO.- La magia es una de las prácticas rituales más antiguas de la humanidad. Podríamos ubicar su nacimiento en los mismos orígenes del mundo. Apologistas de la magia se inclinan a pensar que se trata de un arte más que una ciencia oculta y que tiene recursos propios, cuyos resultados son obra de la voluntad inquebrantable del mago o la maga. Quien oficia de nigromante es un personaje rodeado de misterio que utiliza cálculos, apelaciones y ritos, para dominar las fuerzas naturales y sobrenaturales, recurriendo a fórmulas secretas atesoradas con celo. Hoy sabemos que todos los pueblos, desde la más remota antigüedad, han sido influidos por alguna clase de magia. En la zona del planeta –en la cual según algunas tradiciones fue poblada por los descendientes de Caín– es donde se practicó y concretó la magia negra. Es a orillas del Nilo, en Egipto, donde la magia se concreta como una ciencia y se practica como tal. También, los sumerios y los caldeos practicaban la astrología. Pero son los hebreos quienes recogieron el prestigio babilónico y la escrupulosa magia egipcia. Consideremos que estos son datos históricos, que en su mayoría forman parte de la leyenda. La mitología griega cita con frecuencia acontecimientos mágicos y ritos de consecuencias aterradoras.

Los romanos creían en la existencia de poderes difusos, los númina (númenes), pero su realismo no solo les alejaba de la magia, sino que su primera ley escrita, la de las Doce Tablas, condenaba abiertamente las fórmulas mágicas. No obstante, esa aparente rigidez, la influencia llegada de Oriente y de Grecia hizo posible que los magos y sus artes se multiplicaran por todas las provincias del poderoso Imperio romano.

Simón es el nombre del primer mago que surge en la historia. De él nos habla la tradición en la época de los primeros cristianos. Según dicen, era una especie de Superman, que podía elevarse y mantenerse en el aire descendiendo cuando quería hacerlo. También tenía el poder de magnetizar a distancia a quienes creían en él y lo seguían, producía imágenes y reflejos, hacía aparecer árboles imaginarios de formas y colores fantásticos en pleno desierto. Hoy, la tecnología nos proporciona magia a quienes tenemos un teléfono inteligente. Dice la tradición que el apóstol Pedro venció a Simón el mago. También, se relata que no hubo país ni región en donde los predicadores del Evangelio no tuviesen que luchar contra animales de formas macabras, encarnaciones de la idolatría agonizante, que mantenían adivinos, hechiceros y encantadores.

Los judíos, provistos de una notable literatura ocultista, fueron considerados como los grandes maestros de las artes mágicas. En nuestros días existe una especie de ola metafísica con canalizadores, videntes, telépatas y similares. El motivo es siempre la misma necesidad humana de conectarse con lo trascendente, encontrar respuestas a interrogantes existenciales, acceder a un mundo insospechado en el que todo es posible, donde los sueños más extraños, las fantasías más remotas y los anhelos más recónditos pueden corporizarse quizá ante nuestro propio asombro.

carlafabri@abc.com.py

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