Laura, la cuentera

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Revalorizar la palabra en todas sus dimensiones, estimular la imaginación, fomentar la lectura y utilizarla como una herramienta para la vida, porque el cuento está hecho de fantasía y realidad, es lo que propone Laura Ferreira, narradora de cuentos.

“Soy Laura Ferreira, soy cuentera”, se presenta, como asumiendo que es chismosa, ante la mirada atenta de la concurrencia. Entonces comienza a contar la historia de que en otros países el ser cuentero es ser narrador de cuentos.

Laura refiere que fue el compositor paraguayo Jorge Garbett quien la bautizó, cuando comenzó a decir cada vez que la veía: “Ahí viene Laura, la cuentera”, y desde entonces le quedó el mote. “Al comienzo era como el juego de la cuentera, la chismosa. Yo me siento la cuentera; me enorgullece mucho decir: ‘Soy la cuentera’”, confiesa.

Actriz de profesión, Ferreira un día se enteró de la existencia de los narradores de cuentos y que estaban reunidos en una Red Interamericana de Cuentería. “Ellos realizaban festivales internacionales, y como Paraguay no tenía su representante, entonces contactaron con actores de nuestro país, porque no teníamos referencia de narradores de cuentos, a pesar de ser un país de tradición oral”.

Pero la red trabajaba con cuentería popular, por lo cual el tema les resultó aún más raro. “Los relacionamos con los ‘caseadores’. Dijimos: ‘Sí, tenemos narradores de casos’. Pero en esa época no estábamos organizados. A quien primero contactaron fue a Rubén Rolandi, pero él no pudo asistir”, comenta.

Finalmente, el actor Marcos Flecha se aprendió la leyenda del Karãu y viajó para averiguar exactamente de qué se trataba. En la reunión, que se realizó en Uruguay en noviembre de 2006, él se enteró de la existencia de los narradores orales escénicos y de la red de cuentería. “Y así fue como Paraguay ingresó a la Red Interamericana. Entonces la red decidió apoyar el proceso de narración oral escénica en Paraguay”, cuenta.

Ni bien regresó, Marcos contactó con Laura, y su flechazo con la cuentería fue instantáneo. “Si bien no participé de la organización del primer encuentro en nuestro país, asistí al taller. Entonces fue que dije: ‘Dejo el teatro por esto’. A partir de ahí comprendí que la función social y educativa que cumplía el cuento era fundamental”, revela y detalla que del taller participaron narradores de diferentes países; contaban historia de mujeres, relatos de tradición oral, cuentos de tradición indígena, cuentos literarios.

Formación

“Participé de los primeros talleres de formación con los narradores de Uruguay, Carlos Moreno; Inés Grimland, de Argentina, y José Luis Mellao, de Chile, y eran totalmente diferentes, por lo que me pareció muy interesante. Era tal la gama de trabajo que me atrajo mucho”, dice la cuentera.

El Primer Festival Internacional de Cuentería Popular en Paraguay- Ñe’êjerépe se realizó en febrero de 2007, en el Centro Cultural Juan de Salazar. “Hasta ahora existe el festival y es organizado por el grupo Piiipu! Grupo de narración oral”, expresa.

Una vez terminado el festival, los organizadores comenzaron a preguntarse qué seguía, dado que también empezó a haber demanda de la misma gente que los había escuchado. Entonces surgió nuevamente una propuesta de la Red Interamericana de apoyarlos con la formación de cuenteros. “Hicimos un taller de tres horas; luego armamos la escuela de formación oral, con el apoyo del (Centro Cultural) Juan de Salazar. Los narradores internacionales venían una vez al mes y formaron a tres docentes; había un programa, y nosotros hicimos el curso, que fue de marzo a agosto. Así también abrieron todos los festivales para que fuéramos a profesionalizarnos; además de la práctica, Paraguay ya tenía también su lugar, su representante”, expone.

Ese mismo año, Laura viajó a Bolivia, Argentina, Colombia, México y Uruguay. “Me llamó la atención que en cada país había un estilo diferente de trabajo; en Bolivia se estilaba más el cuento barrial, con los jóvenes; en Córdoba era a nivel educativo, el cuento como herramienta pedagógica; en México era todo lo de tradición oral, al igual que en Colombia. El tema era ir a conocer la experiencia y venir a trabajarla aquí. De esa manera, la red nos apoyó mucho”, señala.

Sin embargo, a partir del 2010, Ferreira pidió licencia para apartarse de Piiipu! y trabajar de manera independiente. “Pero se me fueron uniendo otras mujeres, como Adriana Lanza, Ángeles Ferreira, Liz María Torres, Aura Brítez, Rebeca Zaracho y Claudia Miranda, y así formamos las ‘Artesanas de la palabra’, y con nosotros comienza a fortalecerse el proceso de la formación oral en Paraguay”, sostiene Laura Ferreira.

Las artesanas se juntaron con el objetivo principal de abrir espacios de cuentos para los niños y enseguida comenzaron a tener éxito. “Una cooperativa me convocó para que hiciera una gira por cinco ciudades del interior: Concepción, Pedro Juan Caballero, Villarrica, Encarnación, Ciudad del Este, y aquí en Asunción. Contaba cuentos y también realizaba talleres sobre el cuento como herramienta pedagógica para los docentes, porque las instituciones educativas siempre nos relacionan con los niños, con los cuentacuentos”, comenta.

Luego, otras instituciones, como editoriales o clubes, también se fueron sumando. “En El Lector estamos hace tres años, todos los sábados; ahora también en las bibliotecas del Juan de Salazar y del Club Centenario. Por eso, los sábados vamos a estar teniendo tres espectáculos en el mismo día”, menciona.

Narraciones para todos

Pero después ya no solo las contrataban para narrar cuentos a los niños. “Nos contrata gente de todo tipo.

Paraguay es un boom a nivel internacional, porque acá es tan diversa la gente que nos convoca que es muy diferente a otros países; por ejemplo, de repente nos llaman para una marcha. La Organización Internacional del Trabajo nos pidió contar cuentos sindicalistas, grabamos un audiocuento inclusive; otra organización nos solicitó contar cuentos contra la corrupción; en todos los estamentos públicos estuvimos contando, de acuerdo a la temática de cada lugar.

Sobre la proyección de este arte, opina que, si bien antes lo consideraba un sueño, “ahora, de la manera que vamos caminando, creo que a nivel internacional Paraguay tiene un espacio”.

Y no solo en el exterior, sino en nuestro país también. “Paraguay es un país de tradición oral, por lo que la gente se refleja en lo que estamos contando. Y como no solo es para niños, sino también para adultos, una vez al mes contamos en Luna llena, en la Alianza Francesa, y la gente paga para vernos”, menciona.

Afirma que en una época en la que prima lo virtual, el volver a encontrarse con la palabra, con el tacto, el cuerpo, la expresión, es lo que la gente está valorando y los docentes también. “Y eso nos pone muy contentas. En los talleres del cuento como herramienta pedagógica¡ tratamos de trabajar y abrirles la imaginación a los niños”.

Laura revela que con Rudi Torga aprendió la función social del arte. “Por eso fue que, en esa búsqueda, me encontré con los cuentos y es también mi aporte a la cultura de este país. La función social del cuento es revalorizar la palabra en todas sus dimensiones, estimular la imaginación, fomentar la lectura, y utilizarlo como una herramienta para la vida, porque el cuento está hecho de fantasía y realidad; porque si aprendemos que la vida es una mezcla de realidad con un toque de fantasía, entonces va a ser mucho más fácil vivir”, concluye.