Torre mata barrio II

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La cuidadosa organización urbanística de nuestra ciudad no va a asegurar la felicidad de quienes la habitamos. Sin embargo, facilitaría la búsqueda de la felicidad para una gran mayoría de su gente.

Por fortuna triunfó la cordura en la decisión de los ediles municipales que dictaminaron rebajar a cinco plantas el proyecto de construcción de una torre de 20 pisos. El edifico alto constituye una amenaza para la vida de un tranquilo barrio de casas familiares. Hasta ahora, la victoria es de los vecinos de la avenida Molas López, que en forma pública expresaron su repudio al atropello edilicio. También rechazaron la prepotencia de una funcionaria pública, sin empatía urbana, que cree que puede legislar como le da la gana sobre la vida de las personas que le pagamos su salario. Es un error de mala leche declarar que los barrios residenciales y exclusivos se irán acabando en Asunción, y que lo único que queda es crecer para arriba.

Nada que ver. Reconocidos expertos del nuevo urbanismo señalan lo contrario y dicen que la era del rascacielos utilitario está terminada. Según Leon Krier, arquitecto gurú del neourbanismo: No es la altura métrica sino el número excesivo de pisos el causante de problemas sistémicos. La ciencia aplicada y la tecnología emprenden experimentos tipológicos en condiciones controladas. No vuelan pasajeros civiles en viajes aéreos experimentales; y es exactamente eso lo que hacen los arquitectos modernistas; construyen literalmente edificios que no están en condiciones para el uso común.

También dice que en las democracias, la arquitectura y el urbanismo son cuestiones de opción, de consulta con los moradores y no son imperativos metafísicos o absolutos de su propia fabricación. Los que no acepten la opción en estos asuntos son en última instancia antidemocráticos, totalitarios y posiblemente antimodernos, no importa qué tan futurista pueda ser su edificio.

Óscar Rivas, ministro del Ambiente, parece compartir la idea de Krier, pues ordenó que se suspendieran los trabajos del futuro edificio Dominica. Por el momento, la intervención deja en suspenso la obra, que tampoco cuenta con la licencia del impacto ambiental. Esta situación se repite a menudo, ya que las empresas constructoras inician los trabajos edilicios sin las habilitaciones correspondientes. Deciden construir sin ninguna clase de permiso para luego pagar la ínfima multa que corresponde a la infracción.

Los principios del nuevo urbanismo tienen la simplicidad y el sentido práctico de preceptos morales, antes que de la sofisticación tiránica de la reforma utópica. No son tan preceptivos como permisivos. En esa perspectiva, el interés común es el producto de la consulta al vecindario, que así puede concretar sus propios intereses diversos y variados. El rascacielos utilitario suele ser el irreflexivo resultado de mecanismos financieros o políticos, que pisotean las formas de vida digna de la gente de la ciudad.