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09 de Setiembre de 2018

| Historia

A 100 años de la Reforma de Córdoba

Por Beatriz González de Bosio

Hace cien años, la Reforma Universitaria de Córdoba daba inicio a una poderosa corriente de activismo estudiantil que repercute aún en nuestros días.

«Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos. Las resonancias del corazón nos lo advierten estamos pisando sobre una revolución estamos viviendo una hora americana.»

Manifiesto de la Federación de Estudiantes de Córdoba, 1918.

La Reforma de Córdoba, hito fundamental de la historia universitaria americana, tuvo lugar en un país que acababa de descubrir la democracia amplia con el sufragio universal masculino y el gobierno de un partido de masas que por primera vez dio franquicia de ciudadanos y votantes a miembros de los grandes flujos de inmigrantes, responsables de la pujanza productiva de Argentina. Luego de la apertura política a las mayorías, se enfrentó la necesidad, si el cambio iba a ser paradigmático, «con alta capacidad de impacto», de enfocar la artillería intelectual hacia las torres de marfil de los claustros de la educación terciaria.

La Universidad de Córdoba fue fundada por jesuitas durante la colonia. Expulsados del Imperio Español los hijos de Loyola, había quedado bajo regencia de los franciscanos, más liberales, que toleraban la lectura de los libros de moda, producto del enciclopedismo europeo y de la Revolución parisina de 1789, giro intelectual que, al poner a los autores de la ilustración en las listas de lectura, indirectamente influyó en los movimientos revolucionarios republicanos de la América Hispana. Por esas lecturas y la discusión política intramuros, provinieron de Córdoba muchos próceres independentistas, como José Gaspar de Francia, que creó en Paraguay una república modelada según el contrato social de Rousseau y fue condiscípulo de Juan José Castelli y otros líderes del Río de la Plata. Sin embargo, Córdoba, llegado el siglo XX, se había quedado en el tiempo. La mera fábrica de títulos habilitantes ya no era funcional. Los inmigrantes europeos, al obtener progreso económico y franquicia política, buscaron elevar a sus descendientes en materia educativa: «hacer la América» ya no era solo salir de la pobreza, sino también de la ignorancia.

Para 1918, hacía dos años que había asumido en Argentina el primer gobierno democrático (sufragio universal masculino), liderado por el presidente Hipólito Yrigoyen, de la Unión Cívica Radical. Los universitarios de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, de familias de una reciente clase media formada a partir de la ola de inmigrantes europeos o sus descendientes, venían organizándose en centros de estudiantes por facultad desde principios del siglo XX y comenzaban a exigir cambios que modernizaran y democratizaran la universidad.

Los ejes de la Reforma de Córdoba fueron: autonomía universitaria, cogobierno, extensión universitaria, acceso por concursos y periodicidad de las cátedras, libertad de cátedra, cátedra paralela y cátedra libre, vinculación de docencia e investigación, inserción en la sociedad, solidaridad latinoamericana e internacional, unidad obrero-estudiantil.

La reforma se extendió rápidamente a las universidades de Buenos Aires, Tucumán y La Plata, únicas argentinas, con la de Córdoba, en ese momento (al año siguiente se fundó la del Litoral), y, más adelante, al resto del continente hispanoamericano.

Repercusiones en Paraguay

Las repercusiones en Paraguay tuvieron lugar con inmediatez sorprendente. La Facultad de Derecho de la Universidad Nacional ya era un hervidero de activismo estudiantil. Y ya se había realizado una huelga entre el 27 de junio y el 2 de julio del mismo año, 1918.

La asunción de Manuel Gondra, verdadero maestro de juventudes, como presidente en 1920 fue un aliciente, por su autoridad moral. Parecía que la política universitaria iría a adquirir prioridad. Sin embargo, el país fue arrastrado hasta 1923 a una guerra civil con onerosas consecuencias sociopolíticas y educacionales.

Pese a ello, la primacía del Partido Liberal Radical, varios de cuyos líderes tenían estudios superiores en Europa, tuvo resultados auspiciosos. El presidente Eligio Ayala, economista egresado de las universidades de Hiedelberg y Zurich, se hizo eco en sus mensajes anuales de la crisis en la cátedra y de la «mansa apatía» de sus integrantes. Para solucionarla, nombró rector a uno de los más distinguidos intelectuales políticos de la época, el doctor Eusebio Ayala. También se creó la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (Ingeniería) con emigrados rusos.

El activismo preconizado por Córdoba se reflejó en la aparición de nuevas fuerzas políticas de origen universitario. En octubre de 1927, un grupo de estudiantes herederos de los principios de la Reforma de Córdoba emitió el «Mensaje a los hombres de la nueva generación», que presentó la reforma universitaria como un «programa de acción, que era programa de cultura»:

«El “Reformismo” define nuestra filiación ideológica. En esto marchamos acordes con las juventudes universitarias de la Argentina, de Chile y de Bolivia, del Perú y del Ecuador, de Colombia de Cuba y del Uruguay, que se han adherido oficialmente por intermedio de sus respectivas federaciones a los postulados de la Revolución universitaria. Debemos advertir, sin embargo, que este movimiento de extensión continental no se limita por cierto a una simple renovación de orden educacional, teniendo además proyecciones de vasto alcance en el campo de la política, de la economía, del derecho, de la moral y hasta del arte».

El reclamo de la juventud denunciaba la politización sectarista de la universidad paraguaya, exponía la rebeldía contra las generaciones caducas, la decadencia orgánica de Occidente, el positivismo, en crisis desde la Primera Guerra Mundial, y un desacuerdo con el industrialismo y el capitalismo.

Era obvia la gran transacción de ideas, algunas contradictorias, que, provenientes de una Europa en ebullición social, atraían poderosamente el pensamiento juvenil y se reflejaban en sus escritos y manifiestos.

Surgieron también movimientos como La Liga Nacional Independiente de 1928, fundadora del diario La Nación de entonces, grupo de intelectuales de élite cuyo discurso partidario y nacionalista ganó adherentes, tuvo marcada influencia en el movimiento estudiantil y, por oposición, incentivó la fundación del Partido Comunista Paraguayo en 1928. La polémica sobre la dirección del Movimiento Obrero enfrentó a los movimientos comunistas con el anarcosindicalismo de Rafael Barrett, Ciriaco Duarte y otros, enfrentamiento que culminó con el ostracismo de estos, según las reveladoras palabras del último.

Las ideas del movimiento reformista de Córdoba fueron promovidas en Paraguay por un movimiento estudiantil de jóvenes de entre 24 y 30 años de edad, entre los que sobresalían Óscar Creydt, Salvador Villagra Maffiodo, Horacio Fernández, Emilio Gardel, Pastor Urbieta, Rafael Oddone, Isabel Llamosas, Obdulio Barthe, Rogelio Espinoza, Efraím Cardozo, Humberto Amabile, Alberto Rojas, Julio César Airaldi y Enrique Sosa, que presentaron el primer proyecto de Reforma del Régimen universitario estudiado por la Comisión de Legislación, presidida por Juan José Soler. Posteriormente, en junio de 1929, el gobierno de José P. Guggiari promulgó la Ley 1048 de la Reforma Universitaria.

Conclusión

En su libro La Contracultura juvenil, Hugo Biagini enfoca el impacto del movimiento cordobés que conmueve «a nuestra sociedad americana, alcanzando una peculiar resonancia dentro del medio platense donde se va acrecentando la presencia revulsiva del estudiantado. Este inicia las actividades regulares del nuevo año con reforzadas expectativas para obtener una injerencia sustancial en el gobierno universitario».

En Paraguay la universidad siguió en la agenda política tres décadas, aunque la Guerra del Chaco (1932-1935) tuvo un efecto nacionalista y populista en su acepción antiintelectual, que derrocó al Partido Liberal, por considerarlo un espacio oligárquico e individualista.

Incapaces de domesticar la universidad, los gobiernos recurrieron a la intervención y al apresamiento de estudiantes hasta que, en la década de 1960, el gobierno dictatorial logró acallar las críticas y poblar la universidad de adherentes y soplones gubernamentales, o «piragues», que se apropiaron de los centros de estudiantes en elecciones fraudulentas para volverlos instrumentales a la agenda política partidaria del gobierno. Muchos de los líderes estudiantiles de entonces ocupan hasta hoy cargos clientelares de privilegio.

De mucha ayuda en la represión juvenil fue el servicio militar obligatorio en la Cimefor (Centro de Formación Militar de Estudiantes y Formación de Oficiales de Reserva), donde los jóvenes eran pasibles de control disciplinario para morigerar su activismo estudiantil.

De este modo, la Reforma en Paraguay, pese a sus inicios promisorios, terminó politizada y fue blanco de represión, con lo cual sus postulados quedaron postergados, sobre todo en materia de autonomía universitaria. De lo que no cabe duda fue del ingreso de las ideas reformistas desde Córdoba desde sus inicios en el pensamiento universitario paraguayo, entonces en continua efervescencia por la constante inestabilidad política.

Aunque las ideas de la Reforma de Córdoba nunca pudieron tener vigencia plena en Paraguay, sus postulados, posiblemente sin siquiera saberlo los alumnos, renacen con cada generación en reacción a la corrupción y la mediocridad de los cuadros directivos y docentes, como en su poderosa e influyente última expresión UNA no te calles (2016), con resultados hasta la fecha solo parcialmente exitosos. La dialéctica está dada y Córdoba siempre será un faro referencial en el tiempo, ya que lo único en que concuerdan todos es en que la educación terciaria en Paraguay sigue siendo poco efectiva e incapaz de ofrecer verdaderas innovaciones en el marco de los macrofenómenos que afectan a la humanidad.

Bibliografía

Hugo Biagini: La contracultura juvenil. De la emancipación a los indignados, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2012.

Jorge García Riart: El Reformismo en el pensamiento paraguayo del siglo XX, 2006.

Milda Rivarola: La contestación al orden liberal, Asunción, CDE, 1993.

Alfredo Seiferheld: Conversaciones político-militares, vol. II, Asunción, El Lector, 1984.

David Velázquez, Sandra D’Alessandro: Relaciones entre autoritarismo y educación en el Paraguay, vol. III, Asunción, Serpaj, 2018.

beagbosio@gmail.com

 
 

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