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15 de Diciembre de 2002

| “EL PAÍS POBRE NO SE PUEDE DAR EL LUJO DE NO INVESTIGAR”

Antonio Cubilla: por qué y dónde fracasa la universidad (I) (*)

Ganador del Premio Nacional de Ciencias por sus investigaciones sobre el cáncer peneal en nuestro país, el doctor Antonio Cubilla, en el acto de entrega de dicha distinción, pronunció un discurso en el que expuso no sólo la dramática situación actual en que vive el país, sino también atacó el nivel educativo, la ausencia de investigación en la universidad y la falta de espacios de reflexión.

Sobre estos temas hablamos con él porque consideramos que son temas de importancia esencial dentro de la vida del país.

- Doctor Cubilla, usted, en su discurso pronunciado en el Palacio de Gobierno, dijo que la universidad, en Paraguay, se cierra a la investigación. ¿Por qué sucede esto?
- Yo creo que es una consecuencia del modelo de universidad que eligió Latinoamérica, aunque no sólo nosotros, sino también el que eligió España, ya que el modelo salamantino-ibérico se origina en el modelo napolitano y no en el modelo de las universidades medievales más libres como eran las de París y la de Bolonia. En estas empresas universitarias, la Iglesia tuvo primacía y en el modelo ibérico se incorporó la influencia autoritaria de la monarquía. Así, estas tendencias se trasladaron a Latinoamérica donde sus universidades fueron fuertemente escolásticas por muchos años, aún después de haberse superado ese modelo en Europa. Allí seguía ese modelo retoricista, teologista y en nuestro continente se le añadió la influencia política. Y como no teníamos monarquía el lugar fue ocupado por los caudillos que intervinieron en la dirección de la universidad. Y también vino la Iglesia que siguió conservadora asociada con las oligarquías de las familias tradicionales. Digamos, la gente que tenía poder económico.

“Sobrevino entonces la revolución de Córdoba, que fue legítima porque lo que ellos querían era hacer más libre la universidad y, sobre todo, que fuera más moderna. Yo analicé los libros de Gabriel del Mazo quien en tres volúmenes habla de lo que ocurrió en Córdoba y su impacto en el resto del continente latinoamericano. De su lectura saqué otras conclusiones. La primera de ellas, fue un movimiento pequeño burgués que nació de la gran emigración que había en Argentina, donde los inmigrantes eran considerados ciudadanos de segunda y de tercera categoría, que no tenían acceso a nada. Todo estaba manejado por las grandes familias del sistema feudal ibérico que estaban totalmente cerradas a los adelantos del mundo. Vino esta pequeña burguesía que fue la que empujó la liberalización y la modernización de la universidad”.

- ¿Cuáles fueron sus influencias?
- En nuestro país, una sola persona, en 1927 y muchos años después de la revolución de Córdoba, entendió lo que había pasado. Y ahí está en el libro de del Mazo. Fue Oscar Creidt, un político paraguayo que estaba en la línea revolucionaria de izquierda, quien dijo que la acción social no le corresponde a la universidad. La universidad debe introducir la investigación y los laboratorios de investigación. Esto era lo que quería, fundamentalmente, la reforma de Córdoba. Y aparte, por supuesto, los temas relacionados con la equidad: equidad de nacimiento y la falta de discriminación. También esto se mal interpretó afirmando que la universidad tiene que ser para todo el mundo. Estas son las malas interpretaciones del sano y brillante movimiento de Córdoba.

- ¿Y cómo terminó?
- Terminó en un desastre en Latinoamérica porque su principal leit-motiv, que era la investigación, se dejó de lado completamente. Y el tema de la equidad se derivó en la masificación estudiantil que muy lejos estaba de las reivindicaciones propuestas por los revolucionarios brillantes de Córdoba.

- ¿Qué otro modelo existía entonces?
- El modelo germánico que aparece en el siglo XIX, creado por el científico Alexander von Humboldt en la universidad de Berlín. Él concibió la universidad como un centro de estudios, un centro de reflexión, un centro de conocimiento donde se generase el mismo sin que necesariamente este conocimiento tuviese relación con la utilidad. Este es un concepto fundamental: el conocimiento por sí mismo vale, el conocimiento es un bien cultural del país.

- ¿Qué repercusiones tuvo?
- Ese modelo germánico empezó a diseminarse por Europa y en algunos países más que en otros. Notablemente, el sistema de universidad norteamericano fue una copia del modelo germánico y no del inglés o del francés, que tienen sus modelos un poco particulares. Pero el modelo germánico fue tan fuerte que todos están queriendo alinearse con él, con la diferencia que el concepto del conocimiento por el conocimiento es un poco abstracto ya que hoy no se sabe muy bien qué es útil y qué no lo es y el científico no está para definir la utilidad de lo que él está haciendo. Lo cierto es que la idea de que la finalidad principal de la universidad es el avance del conocimiento se llevó de Europa a las universidades de Pennsylvania y de Harvard en la que su filosofía está sintetizada en una pequeña frase de su escudo: “To advance knowledge”. Esto quiere decir, “Para avanzar el conocimiento”. Este avance supone tener en cuenta lo que fue hecho antes, ya que en todo aprendizaje hay un elemento repetitivo que tiene que ver con el conocimiento de lo pasado. Así pues, para poder adelantar lo que es nuevo es inevitable conocer lo que es viejo. Esa sencilla frase habla de lo que tiene que ser la universidad.


EL MODELO NAPOLEONICO

- Latinoamérica -sigue diciendo el doctor Cubilla- tuvo la oportunidad de producir esos cambios cuando la época de su independencia, hacia las primeras décadas del 1.800. Entonces había alguna gente que quería copiar el modelo americano, como Sarmiento y otra gente. Pero se terminó copiando el modelo napoleónico. Lo que Napoleón hizo en Francia terminó afectando profundamente el sistema universitario. Y esto para Latinoamérica fue nefasto: separó a los investigadores científicos de la universidad, los puso en unos institutos y los llamó “ideólogos”, peyorativamente. Fue él quien inventó esa palabra que hoy es de uso cotidiano. Como no pudo deshacerse de ellos, porque eran ya científicos muy famosos en el mundo, como no los pudo mandar presos, los persiguió.

Al crear tales institutos fuera de la universidad, puso a los científicos al servicio del Estado y creó el criterio ingenieril, planificado, de la universidad relacionada con los problemas inmediatos de la sociedad.
Es un poco el antecedente del modelo desarrollista y mercantilista que se sigue hoy. Se piensa que sólo tiene que estudiarse lo útil, volviendo a la universidad en profesionalista donde sólo se enseñan las profesiones. Los que quieren investigar tienen que irse a los institutos. “Ese modelo napoleónico se injertó en Latinoamérica a mediados del siglo XIX y se creó la universidad con criterio netamente profesionalista y se excluyó la investigación. Los institutos que fructificaron en Francia produjeron grandes hombres, pero este componente no aparecía sólidamente en Latinoamérica sino con algunas excepciones”.


FALTA DE ORIGINALIDAD

- Históricamente -dice el doctor Cubilla- tenemos un problema en el Paraguay y es que siempre fuimos seguidores de nuestros vecinos. Que yo sepa, nuestra historia no tiene originalidad en el sentido positivo. En malos ejemplos creo que podemos ser originales, pero en buenos ejemplos no sé qué es lo que hemos aportado al conocimiento del mundo. Nosotros copiamos estos modelos. Después vino Córdoba y nosotros copiamos. Pero de nuevo copiamos mal aunque este no es nuestro monopolio ya que fueron muchos los países del continente que también siguieron equivocadamente el ejemplo de Córdoba.

“Allí está el libro de Gabriel del Mazo que afirma que cada país se encargó de interpretar aquellas reivindicaciones y la universidad terminó convirtiéndose en un organismo de tinte más bien populista, donde no había ambiente académico para la investigación científica y desde luego nunca se convenció a los gobernantes y a los políticos que era necesario introducir la investigación en la universidad. Los movimientos estudiantiles fueron políticos y se politizó la universidad latinoamericana que en un momento dado cumplió su papel. A nosotros también nos tocó nuestra parte en esa lucha y la asumimos con gusto. Pero esta no es la función de la universidad ya que ella asume roles que no le corresponden. Por eso está donde está”.


GOLPE DE TIMON

- ¿Cuál sería el golpe de timón que habría que dar para corregir el rumbo?
- Es algo muy difícil porque el cambio tiene que ser muy profundo y contracultural. Ya es parte de nuestra cultura que la investigación en la universidad paraguaya debe ser excluida. Se habla de argumentos económicos, administrativos, que somos pobres y por lo tanto la investigación es un lujo. Y es precisamente todo lo contrario. El investigador argentino y prominente premio Nobel Bernardo Houssay, cuando alguien le vino con estos argumentos, le respondió: “Es al revés, señores. El país pobre no se puede dar el lujo de no investigar”. Porque -y esto es ya una interpretación mía- la mejor manera de cortar la dependencia cultural es generando conocimiento propio. Porque en este momento esto es lo que vale y siempre fue así. Vayan a ver cuando se fueron los franceses con Napoleón a Egipto y llevaron doscientos científicos. Es imposible medir el apoderamiento de conocimientos que hicieron ellos y la cantidad de conocimiento que generaron para la humanidad, de una manera quizá colonial, pero siempre los países dueños del conocimiento fueron los dueños del mundo, desde la época de los griegos.

- ¿Cómo se valora el conocimiento en nuestro país?
- En este país no se lo tiene en cuenta. El conocimiento no sirve. Y al no servir el conocimiento no se lo estimula y, por lo tanto, los cambios se hacen difíciles. Tiene que ser un cambio muy profundo. En la Facultad de Medicina estamos intentando, con gente progresista, realizar esos cambios y aun así no podemos hacerlo con la velocidad necesaria, porque los reglamentos, los estatutos, todo dificulta cualquier intento de renovación y sí se favorece que el sistema sea cerrado, no sea flexible. Y no es el factor económico, porque no quiere decir que uno tenga cien millones de dólares, pone una institución y se comienza a investigar. Es algo mucho más complejo. Hay que flexibilizar las estructuras para que haya un ambiente competitivo pues la investigación es altamente competitiva. Tiene que haber una selección de personas porque es un sistema tremendamente no igualitario, es una lucha darwiniana por la capacidad y el talento para generar ideas. Estas son las personas que tienen que ser apoyadas, las que generan ideas y las que no, no pueden ser apoyadas en la universidad.

- ¿Qué significa esto?

- Pues significa cambios muy profundos, reemplazos masivos en el plantel docente, revaluación de la selección de alumnos, ruptura de los métodos de elección de profesores y de promoción, redefinición del método académico, ya no más los títulos ni la antigüedad, sino la producción, la creación personal de cada persona que está en la universidad. Esto significa cambios fundamentales necesarios que alguna vez tendrán que venir.


(*) En la segunda parte de esta entrevista el doctor Antonio Cubilla habla sobre la necesidad de crear espacios de reflexión, sobre la relación entre el científico y la política y la exclusión de América Latina de la cultura occidental.
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