Con El invierno de Gunter, de Juan Manuel Marcos, arranca la renovación de la novela paraguaya

Entre los escritores de las generaciones posteriores a Roa Bastos, se destaca Juan Manuel Marcos, quien se impuso con una novela singular, El invierno de Gunter, en la que se funden hábilmente materiales de la historia política con la ficción, tal como lo había hecho el maestro paraguayo desde la perspectiva de Bajtín [1].

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Con plena madurez, el laureado libro de Marcos enjuicia a una sociedad cuya compleja naturaleza “intrahistórica” es objeto de su análisis. Los personajes viven una relación con los hechos entre alucinada y real, novela cargada de sugestiones, de depurado lirismo y de penetrante indagación psicológica.

Con vigorosa pluma, Marcos sabe construir una prosa de gran riqueza expresiva. Novedades de refinada técnica literaria para crear un mundo “heteroglótico”, una inmersión en el ámbito sudamericano y su desgraciada situación bajo la dictadura militar, la visión de cárceles injustas y violencia paranoica, en que la dura vida cotidiana, las solemnidades oficiales y el clima sombrío son observados por Marcos con una ironía no exenta de intención paródica. La condición humana es revelada en diversas formas literarias decididamente provocativas. La interpretación de la vida, sin ademanes moralistas, no sermonea sobre problemas de conciencia ni explora de manera pedante la causa de los males, sino expone el desarraigo de sus personajes con métodos como la carnavalización y la parodia [2].

El texto, sólidamente construido, reúne en sí varias corrientes temáticas internas, que confirman las cualidades estilísticas de esta narrativa refundacional en el ámbito para-
guayo.

Con la posmodernista El invierno de Gunter (Premio Libro del Año 1987) arranca la renovación de la novela en nuestro país. En ese caleidoscopio multifragmentario de los hechos, se proyecta una obra abierta a una nueva concepción de la novela, tanto en la utilización del espacio narrativo, donde coexisten temas tradicionales o históricos propios de la realidad del Cono Sur, como en el radical cambio de técnicas, estructura y estilo.

La disposición de los planos en los que se desarrolla la búsqueda de la autenticidad dentro de un mundo hipócrita, en el cual viven Verónica, Alberto y el mismo Evaristo Sarriá-Quiroga, y la toma de posición adoptada ocasionalmente dentro del relato son fundamentalmente nuevos.

Marcos funda esencialmente su indagación y su mensaje sobre el lenguaje, que penetra en diversos géneros, combina estructuras y una mezcla lingüística sumamente variada que va desde la conversación telefónica y la prosa de perfección artística hasta pasajes de denso lirismo, aun para contar lo trágico y crear un ambiente escalofriante:

Al despuntar el día, una historia de sangre clausurará sus venas, un verdugo furtivo conocerá el olvido, unas manos cansadas decretaran la vida, unos ojos antiguos regresarán del miedo, una llave herrumbrada liberará al jilguero, una puerta blindada estallará en pedazos, una esfinge sombría expiará sus odios, un jazmín circunspecto destituirá al invierno [3].

Abunda el monólogo interior, el signo gráfico se vale de diferentes caracteres, la cursiva para los momentos de confesión íntima, en la que la protagonista evoca momentos cruciales de su existencia, que el monólogo interior abre al lector: “Si no tuviera este amor, lo inventaría”.

En cuanto a la trama amorosa, los protagonistas viven en circunstancias siempre adversas, en dimensiones opuestas: opulencia-miseria (Soledad-Arturo), saber-ignorancia, lucidez-locura (padres de Alberto), fidelidad a los mitos sociales impuestos-rebeldía para cambiar las situaciones (Soledad-Verónica).

El lector sucumbe a la influencia de lo trágico, que perfora la memoria para relacionarla con situaciones semejantes vividas en nuestro país, que no están destinadas a borrarse de la memoria colectiva. Se enlazan el sufrimiento y el dolor, la vida durante la dictadura, el hombre y la mujer que sufren persecuciones y torturas. Creo ver en la Soledad de El invierno de Gunter a otra Soledad de sangre paraguaya, víctima y mártir de la Operación Cóndor, que prolonga el legado del gran precursor Rafael Barrett [4].

Con esta novela escrita con pasión y dolor, con humor e ironía (cf. la alusión a la Maja de Goya y la Mafalda de Quino), Marcos nos demuestra de qué modo, aunque el poder arbitrario puede destruir a algunos de sus personajes y convertirlos en guiñapos o en títeres de militares y políticos corruptos, el lector creativo puede encontrar en el juego textual las claves de una parodia cataclísmica, que Elzbieta Sklodowska denomina “meta-discurso textual” a propósito de la obra de Marcos: “Un lector ideal capaz de llenar los espacios en blanco y arriesgar una interpretación de los distintos estratos del discurso, más allá de los tradicionales códigos” [5]. El invierno de Gunter no solo revoluciona la literatura de nuestro país; también revoluciona al lector paraguayo.

El recorrido ambicioso a lo largo de la historia patria en su lucha por la libertad, dos guerras internacionales, las figuras de López y del exiliado excombatiente, imágenes señeras del arte y la literatura como Roa Bastos y Livio Ábramo, poco a poco van acentuándose y potenciando una inquietud acerca del futuro del mundo sudamericano. Resplandecen los juicios que los protagonistas emiten sobre las respuestas sangrientas que el gobierno daba a las protestas estudiantiles, contestación cruel al desafío de jóvenes idealistas, que como Soledad creen en la democracia y la libertad. Juicios que el novelista pone en boca de sus personajes, uno de rebeldía, que protesta contra Sarmiento: “Los paraguayos y los gauchos solo servían para la guerra”, y otra voz narrativa que exclama: “El primero de marzo cayeron los que fueron a darte su vida. Y la vida encontraron el día en que la patria murió combatiendo” [6].

Para Juan Manuel Marcos, “la patria es un poema sin acabar, sin tiempo; nunca olvidaremos el verso de tu muerte ni la muerte diaria del poema” [7].

El libro sigue siendo una auténtica novedad, una feliz revelación como lo fue en el ignominioso clima cultural en que apareció y al que desafió. Hoy, El invierno de Gunter, junto con el resto de la obra de Juan Manuel Marcos, y la obra de Augusto Roa Bastos son los corpus paraguayos con el mayor número de estudios eruditos en las bibliografías internacionales tradicionales y digitales. La traducción de esta novela al inglés, francés, hindi, portugués, japonés, ruso, coreano, serbio, búlgaro, bengalí, árabe, hebreo y otros idiomas indica que la rica pero desconocida literatura paraguaya está lista para dialogar con el mundo.

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[1] Ver el clásico Augusto Roa Bastos’s I the Supreme: A Dialogic Perspective (Columbia, Missouri: University of Missouri Press, 1993), en el cual su autora, Helene Weldt-Basson, recuerda los estudios de Juan Manuel Marcos sobre Roa Bastos, precursor del posboom (México, 1983), y Las voces del karaí, en el libro del mismo título (Madrid, 1988), p. 230.

[2] En la reciente compilación de Helene Weld-Basson, Postmodernism’s Role in Latin American Literature, The Life and Works of Augusto Roa Bastos (New York: Palgrave Macmillan, 2010), el investigador uruguayo Gustavo Verdesio, de la Universidad de Michigan, enfatiza y da ejemplos de carnavalización como formas de “parodia” y “desacralización” en el estudio de Juan Manuel Marcos sobre la obra de Roa Bastos, p. 136.

[3] Juan Manuel Marcos, El invierno de Gunter (Asunción: Criterio Ediciones, 2ª edición, 2009), p. 200.

[4] Cf. Juan Manuel Marcos, Rafael Barrett, precursor de precursores, en Discurso Literario, Revista de Humanidades, nueva época 1 (Asunción: Editorial de la Universidad del Norte, 2012), pp. 12-21.

[5] Elzbieta Sklodowska, La parodia en la nueva novela hispanoamericana (Amsterdam/ Philadelphia: John Benjamin Publishing Company, Purdue University Monographs rn Romance Languages, p. 1991) pp. 126-127.

[6] Marcos, Gunter; p. 247.

[7] Ibídem, p. 248.

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