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27 de Enero de 2013

 

La paz en Europa

Por Pedro Gamarra Doldán (*)

Todos podemos decir que en mayor o menor medida somos hijos de ese magnífico continente. Tan ricos, laboriosos y cultos países y habitantes conforman un tejido del que todos tenemos mucho o algo, de sangre y cultura. A su vez y a su tiempo, Europa fue receptora de correctas experiencias asiáticas o africanas.

/ ABC Color

Por ello, la sabia reciente decisión de la Academia Sueca, de otorgar el respetable Premio Nobel de la Paz, versión 2012, a la Unión Europea, ha parecido un gesto honoroso para ese conglomerado de países, que convive fecundamente desde hace más de seis décadas en paz. El premio a la Unión Europea, hoy un conglomerado de 27 estados de alta y calificada cultura, de variadas nacionalidades, de diferentes concepciones del mundo y aun de diversos credos religiosos, convertido hoy en un continente, contradictoriamente laico y, sin embargo, rico en teólogos. Ese especial premio diferido significa un estímulo para el continuo crecimiento del mismo —hoy extraña y coyunturalmente golpeado por una grave crisis económica—.

La Unión Europea no tiene más guerras y busca prevenirlas a nivel mundial, siendo los contingentes militares oriundas de sus estados el arma más eficaz que usa las Naciones Unidas en las misiones de paz, en diversos continentes, muy lejos por cierto de las pretéritas ambiciones de dominio e influencia.

Pero esa vida en el continente dicho era, antes de 1945, diametralmente opuesta. Europa era el  continente esencial de la cultura, pero lo era también de las guerras. Extrañas paradojas.

De entre los países europeos que constituyen más de 40 estados, fueron siempre Francia y Alemania los que por su posición continental, por la fuerza impulsora de sus pueblos —usada también para la guerra—, los que durante los últimos 1500 años de historia universal significaron para el resto del mundo: “la guerra - la paz”.

Es difícil comprender contemporáneamente esa extraña oposición entre esos dos magníficos pueblos si no tuviéramos como parámetro la historia universal.

UN POCO DE HISTORIA

Hacia el año 200 a.C., en la hoy Francia, y el norte de Italia, era poblada por el pueblo de los galos llamado “bárbaro”, según la métrica sociocultural de griegos y romanos. Justamente fue necesario que el gran hombre público y militar romano Julio César acometiera en nombre del Senado romano la conquista de ese vasto territorio. La lucha duró más de una década y el general romano detalló la historia de la misma en su obra clásica La Guerra de las Galias. Pero una vez vencidos los galos, en esa tremenda lucha encuentran en la lengua y hábitos romanos un medio decoroso de vida. Así, la Galia y la Hispania (hoy península ibérica), se volvieron las provincias más ricas y pobladas del vasto Imperio romano.

Ese Imperio, que dominaba el 50 % de la población mundial conocida, necesitaba para mantener sus dominios, tener nuevos ejércitos. Así, hacia el año 200 d.C., los propios romanos abren sus fronteras y reciben a los francos, pueblo también “bárbaro” y que habitaba desde hacia tiempo al norte de Alemania, en torno al río Saale (origen de la sálica, que aún rige en España).

De esta forma, conviviendo y uniéndose en base a la lengua y cultura romana, galos y francos constituyeron la defensa más crucial del Imperio romano, en un espacio que iba de Holanda a Suiza. En frente, allende el Rhin, se hallaban las turbulentas tribus germánicas en permanente ebullición, que miraban con pretensiones al rico mundo romano.

Cuando hacia el año 400 d.C., este vasto imperio dividido ya en dos gobiernos (Oriente y Occidente) va a ver cruzar sus fronteras por los suevos, los vándalos, los hunos, etc. Terminado el ejército imperial, los francos crean un ejército nacional, que al derrotar a aquellos en los Campos Catalaúnicos (451) establecieron la base militar y nacional de esa larga controversia que no parara sino 15 siglos después.

El Imperio franco de Carlomagno conquistará Holanda, Alemania, Suiza y Austria, y los cristianizará. Pero ese dominio no duró muchas décadas. El Imperio se dividió en dos: la actual Francia y el Santo Imperio Romano Germánico (actual Alemania).

En las cruzadas (1100 a 1200) las tropas francesas y germánicas lucharán juntas y serán las de mayor número, que buscarán rescatar Jerusalén del dominio árabe. Desde 1200 las luchas mutuas, empero, se reinician.

Entre 1519 y 1555, las luchas entre Francisco I, rey de Francia, y Carlos V, rey de España y emperador de Alemania, serán un largo desarrollo de ello. Lo seguirán los herederos de estos, Enrique II y Felipe II. Entre 1618 y 1648, se conocerá la guerra de 30 años, en parte política y en parte religiosa. Las paces de Westfalia, obra de la gran política exterior de los cardenales Richeliur y Mazarino, elevará a Francia al predominio.

Bajo el reinado del Rey Sol, Luis XIV, de Francia (1643 – 1715), la historia de Europa será una contienda entre los reyes borbones franceses y los Habsburgos de España y Alemania. Una de esas guerras, la de la sucesión española (1701-1714), llevará a que esa controversia se llame la primera guerra mundial, porque se luchó en todos los continentes. El siglo XVIII siguió teniendo encuentros entre países representado ya ahora en Alemania, por el reino de Prusia.

La Revolución francesa llevará ese cambio político e ideológico a toda Europa. Desaparecerá el Santo Imperio y, por obra de Napoleón, surgirá la Confederación del Rhin, base de la actual Alemania.

Las luchas siguieron: 1870-1871, guerra franco prusiana; entre 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial; entre 1939 y 1945, la Segunda Guerra Mundial, cada vez con más muertos y destrucción.

PERO ESTALLA LA PAZ

Europa era un continente unido solo en lo geográfico. Sus vivencias reales la hacían neutralmente opuestas. Se oponían sus ideologías, sus nacionalidades, sus creencias. Era poseedora de vastas posiciones coloniales en Asía y África, que extendía por sí, naturalmente, esa pugna a otras regiones continentales.

Por suerte, las nuevas generaciones contemporáneas europeas vinieron a expresarse luego de la Segunda Guerra Mundial, dando así la verdadera vocación europea de sobresalir por sus valores, no por sus divisiones. Ya en 1943, el periódico Combat, editado por los franceses libres en forma clandestina, en la Francia ocupada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, sostenía que los franceses extendían sus manos abiertas a todos los europeos. Dicho esto en medio de una ideología del odio, era casi una “herejía”, pero anunciaba al mismo tiempo bellas premoniciones. El periódico clandestino tenía la presencia en el pensamiento de Albert Camus, insigne escritor y luchador francés, Premio Nobel de Literatura.

Apenas que cesaran los cañones de rugir en 1945, para que comenzara a expresarse un grupo de notables políticos en la Europa contemporánea: Paul Spaak (Bélgica), Alcide de Gásperi (Italia), Robert Schauman (alemán) y Jean Monet (francés), para que otro lenguaje surgiera en el continente. Y lo que los liceos y las universidades no lo habían logrado, lo obtuvieron la economía y el liderazgo de sus hombres.

En 1949, Bélgica, Holanda, Luxemburgo crean el Benelux, la unión hasta allí solo económica de estos tres países, que deseaban unir y ver crecer sus economías. En 1951, se suscribía la Comunidad Europea del Hierro y del Carbón, unión de los grandes estados europeos productores de estos elementos, y que será una experiencia positiva en sus resultados y permitirá a los europeos verse como socios y amigos, que luchaban un mejor nivel de vida y alejarse de los pasados interregnos.

En 1957, en Roma, Francia, Italia, Alemania y el Benelux formaron el Mercado Común Europeo, unión inicial solo económica de los primeros países visionarios de un encuentro y desarrollo europeo.

Pero había que dar un paso superior de entendimiento entre los dos países “locomotores” de ese continente, que —como se señaló antes— vivían enfrentados en inagotables contiendas. Francia y Alemania debían firmar la paz pública y política para que Europa pudiera definirse como un continente en paz.

Fue necesario que en Francia ascendiera a la presidencia de su Quinta República, el Gral. Charles de Gaulle (1958-1969), que luchara defendiendo a Francia en la Primera y Segunda Guerra Mundial, y que en Alemania se notara ese mensaje de rechazo al nazismo y a la superioridad racial antes pregonada en la voz del canciller Konrad Adenauder, en ese cargo desde 1949, para que tras unas intensas y fecundas negociaciones entre estos magnos países, para que así el 22 de enero de 1963, en París, en el Palacio del Elíseo, se suscribieran en un frío día invernal los acuerdos que ahora cumplen 50 años y expresaron el respeto a sus dos profundas identidades, y en torno a ellas había estallado la paz.

Esos acuerdos base del desarrollo europeo, expresado como un entendimiento político, la convivencia cultural y el mercado económico, permiten decir que la paz estaba en Europa y que la Unión Europa no era una quimera.

De aquel entonces a esta parte cayó el muro de Berlín y Alemania se unificó. Europa es hoy la unión de 27 estados, la mayor parte dentro del signo monetario del euro. Francia ha visto el ascenso de más de cinco presidentes y Alemania el de otros tantos cancilleres. La política de París-Berlín hacia la paz no ha cambiado. Durante la Segunda Guerra Mundial de Irak, la política exterior propia de Francia y Alemania supo separarlos de una guerra ofensiva para ese país y el mundo.

De ser una unión solo posibilitada porque la suscribieran dos grandes estadistas, como el Gral. De Gaulle y el canciller Adenauder, hemos llegado al acuerdo superior, es que hoy esa unión ya es un encuentro de pueblos. Francia y Alemania; Alemania y Francia significan mucho más que el poder de sus armas, militares que poseen, es la unión de sus sucesiones, conocimientos culturales. Es la unión verdadera de dos economías que sumadas constituyen la tercera economía mundial.

Al otorgarse hace poco tiempo el Premio Nobel de la Paz 2012 a la Unión Europea, se rindió homenaje a un continente que ya cumple 50 años, libre de guerras entre sí. Es más, el gesto de premiar con el Nobel debe entenderse en realidad conferido a Francia y Alemania, en este aniversario cincuentenario de la paz que al fin fortifica sus fronteras. Este premio es para consolidar aún más LA PAZ EN EUROPA.-

(*) Abogado. Investigador.

e_juridico_asuncion@hotmail.com

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