21 de Setiembre de 2008

 

Los “Two English Poems”, de Borges

Entre los poemas de Borges, los Two English Poems ocupan un lugar especial. Fechados en 1934, muestran una sensibilidad poética única, teñida de nostalgia, sensualidad, y las ansias propias de un amor imposible; después de todo, estaban dedicados a una mujer casada...

El inglés de estos poemas es altamente idiosincrásico; se diría que es propio de alguien que domina las formas de dicho lenguaje pero busca alterarlas conscientemente en la búsqueda de la innovación estética. Con influencias de Walt Whitman, Robert Swinburne, y especialmente T.S. Eliot (sobre todo el Eliot más tardío, de “Ash Wednesday” y los “Four Quartets”), estos reflejan a un Borges que busca impartir la experiencia poética en la cadencia de las palabras, en la fuerza de las imágenes, y en el conjunto de la experiencia estética de los escritos.

Consciente de que Borges nunca quiso autorizar en vida traducción alguna, dejo ahora a consideración de los lectores una traducción provisional de estos poemas. Al hacer la traducción he buscado conciliar las metas casi siempre disímiles de la inteligibilidad y la fidelidad al texto. Asimismo, he decidido emplear el “voseo” vigente en el Cono Sur con liberalidad, buscando dar al autor su voz natural.

TWO ENGLISH POEMS

To Beatriz Bibiloni Webster de Bullrich
I
The useless dawn finds me in a deserted streetcorner; I have outlived the night.

Nights are proud waves: darkblue topheavy waves laden with all hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.

Nights have a habit of mysterious gifts and refusals, of things half given away, half, withheld, of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.

The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for.

The big wave brought you.

Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words.

The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.

Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are illustrious toys you have left me.

I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them to the few stray stars dogs and the few stray stars of the dawn.

Your dark rich life…
I must get at you, somehow: I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile –that lonely, mocking smile your cool mirror knows.

II
What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of ragged suburbs.

I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon.

I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honoured in marble: my father’s father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother’s grandfather –just twenty four- heading a charged of three hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses.

I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness or humour my life.

I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.

I offer you that kernel of myself that I have saved, somehow –the central heart that deals not in words, traffics not with dreams and is untouched by time, by joy, by adversities.

I offer you the memory of yellow rose seen at sunset, years before you were born.

I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself.

I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart; I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.

1934
(Traducción)
DOS POEMAS EN INGLÉS
A Beatriz Bibiloni Webster de Bullrich
I
La inútil alba me halla en una esquina desierta; he sobrevivido a la noche.

Las noches son orgullosas olas: olas de un azul oscuro cargadas de todas las tonalidades de profundos despojos, cargadas de cosas improbables y deseables.

Las noches tienen la costumbre de los misteriosos dones y negativas, de cosas medio dadas, medio retenidas, de alegrías con un hemisferio oscuro. Las noches suelen actuar así, te digo.

El ansia, en aquella noche, me dejó con los consabidos jirones y despojos: algunos odiados amigos con quienes conversar, música para los sueños, y el humear de amargas cenizas. Cosas que no le sirven a mi hambriento corazón.

La gran ola te trajo.

Palabras, toda clase de palabras, tu risa; y vos, tan lánguida e incesantemente bella. Hablamos, y te olvidaste de las palabras.

El alba desgarradora me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.

Tu perfil dándome la espalda, los sonidos que se unen para hacer tu nombre, la cadencia de tu risa: son ilustres juguetes que me dejaste.

Los dejo en el alba, los pierdo, los encuentro; los muestro a los pocos perros vagabundos y las pocas estrellas vagabundas del alba.

Tu oscura y rica vida...

Debo alcanzarte, de algún modo; dejé esos ilustres juguetes que me dejaste. Quiero tu mirada escondida, tu sonrisa verdadera: esa sonrisa burlona y solitaria que tu frío espejo conoce.
II
¿Con qué te puedo retener?
Te ofrezco calles estrechas, ocasos desesperados, la luna de los raídos suburbios.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largo y tendido a la solitaria luna.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivientes han honrado en mármol:
el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesándole los pulmones, barbudo y muerto, rodeado por sus soldados en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre –con apenas veintidós años– encabezando una carga de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas en caballos desvanecidos.

Te ofrezco cualquier revelación que puedan tener mis libros, cualquier masculinidad o humor en mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.

Te ofrezco el núcleo de mí que he guardado, de algún modo: el corazón central que no trata con palabras, no trafica con sueños, y no ha sido tocado por el tiempo, por las alegrías, por las adversidades.

Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista en el ocaso, años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones sobre vos, teorías sobre vos, auténticas y sorprendentes noticias sobre vos.

Puedo darte mi soledad, mis tinieblas, el hambre de mi corazón; estoy tratando de comprarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

1934
Traducción de Eduardo Sánchez Gauto

Eduardo Sánchez Gauto
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