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    Cálido, cielo mayormente nublado, vientos variables. Precipitaciones y ocasionales tormentas eléctricas.

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    Cálido, cielo mayormente nublado, vientos variables. Precipitaciones y ocasionales tormentas eléctricas.

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    Cálido, cielo mayormente nublado, vientos variables, luego del sur. Precipitaciones dispersas.

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09 de Enero de 2005

| ENTRE EL EROTISMO, LA MUSICA Y EL SUGESTIVO AMBIENTE CARIBEÑO

Mayra Montero y el arte de suprimir

“Escribir es suprimir”, dice Mayra Montero, parafraseando al checo Franz Kafka. Tan bien le fue en este arte, que ya va por la decena de libros publicados por la editorial española Tusquets. Casi desconocida en el Cono Sur, Montero goza de gran popularidad en el Caribe y España. Títulos como La última noche que pasé contigo y Púrpura profundo le han valido el reconocimiento en el rubro de la literatura erótica con galardones en el concurso La sonrisa vertical. Sus novelas no eróticas se desarrollan siempre dentro del ambiente caribeño con ingredientes esotéricos y sobre todo musicales. Se mueve entre los boleros y las óperas, denotando su amplia experiencia como ex reportera de la sección cultural en Puerto Rico.

Establecer la nacionalidad de Mayra Montero es una tarea difícil. Nacida en La Habana en 1952, tuvo que emigrar a Puerto Rico debido a la presión que ejercía el régimen cubano sobre su padre, un caricaturista que fue encarcelado por algunos de sus trabajos en la isla. Cuando una vez se le preguntó si se consideraba una escritora cubana o portorriqueña respondió “Yo me siento una portorriqueña que escribe desde Puerto Rico”.

A través de un seminario sobre Periodismo Literario en Cartagena de Indias, Colombia, hubo oportunidad de conocer más a esta escritora que escribió ficción desde muy temprano.
Sus libros tocan una diversidad de temas como la música y las religiones afrocaribeñas, presentes en novelas como La trenza de la hermosa luna; Del Rojo de su Sombra; Tú, la oscuridad y Como un mensajero tuyo. Su más reciente obra es El capitán de los dormidos.
Sus artículos periodísticos están reunidos en la antología Aguaceros dispersos. Fue finalista del XIII Premio La sonrisa vertical con su segunda novela La última noche que pasé contigo; en el año 2000 ganó este premio con su novela Púrpura profundo, estos últimos en el rubro erótico. Con 52 años encima, Montero cuenta que se inició en el mundo de la literatura a través del periodismo, cuando trabajó en los sesenta y setenta como colaboradora de varios medios de comunicación, escribiendo crónicas y columnas sobre temas culturales, aunque su primer balbuceo fue en la sección deportes. “Yo no tenía ni idea de lo que se trataba el béisbol y mis primeras crónicas las copiaba de otro periodista”, confiesa. Otra de sus vergüenzas confesas es la entrevista que hizo cuando adolescente a Rubén Blades. “Recuerdo que el lead comenzaba así: ‘Cuando al aguacero se le cortó la yugular’. ¿Qué era esa frase? no sé cómo pude escribir algo como eso”.


Secretos

Durante el seminario, en el que participaron 15 periodistas latinoamericanos, la gran pregunta era cómo tener éxito con los escritos, cuál era la clave para las puertas de la fama y el reconocimiento. Montero dice: “Escribir es suprimir, como dijo Kafka”. Para la escritora caribeña, en el ejercicio de escribir tanto ficción como periodismo hay que ser más directos, dejarse de las frases hechas y cursis, desechar los clichés y evitar líneas demasiado largas.

“Hay que suprimir y suprimir, pero suprimir con gracia. Yo no vengo a dar un manual de pasos a seguir, para eso fueron a la universidad que les da esa cosa de la gramática. De lo que hablo es de la intuición de que suene bien y de buscar el gancho en la primera frase. Esa es fundamental, con ella en la mano, lo demás es un bizcocho”.

Buscando en uno de sus libros ese aditamento, en La última noche que pasé contigo se puede leer ese sugerente paralelo de lo que parece una escena trivial convertida en el éxtasis masculino que se entrega a los placeres femeninos y gastronómicos:

Un fragmento

“... Celia, muy animada, quiso premiarme: ‘el aoyagi es para ti’, y me extendió un bocado de aspecto letal; era una vulva sonrosada, la cresta del clítoris sobresaliendo de su cojín de arroz, palpitando intensamente bajo unos polvos misteriosos, un condimento de color marrón que recordaba, de una vez por todas, los polvos de canela. Miré a Julieta, que me devolvió una mirada aviesa, irreverente.
Tomé el aoyagi entre los dos palillos y me lo llevé a la boca, pero no lo mordí de inmediato, lo empecé a lamer despacio, chupando el cuerpecillo eréctil y carnoso que me supo a babas de mujer.
Julieta me lo vio todo en los ojos, frotó su pie descalzo contra mi tobillo y en ese instante supe que ya no iba a poder parar.
Mastiqué correctamente aquel molusco, lo trituré con un coraje controlado, sorbí su jugo y aún no había terminado de tragarlo cuando Celia me rogó que probara el torigai, otra vulva cercenada especialmente para mi exclusivo festín, otro clítoris latiente, esta vez pardo y resbaloso.

Era más de lo que cualquiera podría resistir. Dirigí la vista, como último refugio a la boca de Julieta, eché en falta la minúscula bolita anaranjada que ya había desaparecido de su labio inferior y un instante, antes de venirme me metí en la boca el sushi entero, apreté los dientes y lo sentí crujir.
Había estado jadeando sin darme cuenta y Celia me miró alarmada, primero me había puesto rojo, comentó, y de repente muy pálido, afortunadamente se lo atribuyó al sake, demasiado caliente para este clima, y me invitó a tomar un sorbo del mismo vino de ciruelas que ella había estado bebiendo. Era un licor dulzón y espeso, que me produjo una inmediata sensación de bienestar.

Antes de marcharnos, derramé adrede un poco de agua sobre mi pantalón. Celia me alargó una servilleta, la rechacé diciéndole que no había sido nada y ella se encogió de hombros: pues si es así que te lo seque el viento.


Música

En dicha obra se nota además el amplio sentido musical de la autora, ya que cada capítulo tiene nombre de un bolero: Burbujas de amor, Sabor a mí, Negra consentida, Amor, qué malo eres; Nosotros, Vereda tropical, Somos y La última noche que pasé contigo. El mismo esquema se repite en la novela no erótica Como un mensajero tuyo que narra cómo y dónde pudo haberse refugiado Enrico Caruso durante su desaparición ocurrida luego de haber sufrido un atentado durante su presentación en el Teatro Nacional de La Habana. El secreto solo lo conocía Aída Petrirena Cheng, hija de un chino y una mulata. Los capítulos tienen nombre de fragmentos de la ópera Aída y muestran a un Caruso enamorado y desorientado.
La música sigue en Púrpura profundo, una novela muy audaz que cuenta la historia de Agustín Cabán, un crítico musical jubilado que escribe sus memorias, las que revelan sus obsesiones y apasionadas aventuras con solistas de orquestas.
El capitán de los dormidos es menos musical y en él se respira el aire de la revolución en Vieques y la muerte. A Montero no le agrada tanto que la encasillen en el rubro erótico, “esas cosas que escribo son vivencias imaginarias y otras no tanto. Son experiencias de amigos y por supuesto de la autora. Porque siempre el autor disfraza sus realidades dentro de sus obras”, comenta.


Otros aires

La escritora caribeña es conocida en España y sus obras fueron traducidas al inglés con amplia difusión en Estados Unidos. Sus deseos de expandirse la tienen ahora en un momento de indecisión, ya que ha recibido una oferta varias veces millonarias para cambiar a Tusquets por Alfaguara. “Para mí es muy difícil porque esta gente (Tusquets) me ha apoyado siempre, pero yo necesito ser más conocida sobre todo a nivel latinoamericano y este cambio me ayudará a expandirme y a que la gente acceda a mis obras sobre todo en el Cono Sur”, revela.

Como periodista y escritora, Mayra -porque a estas alturas ya se convirtió en una amiga- afirma que para cada historia de ficción o realidad uno se puede dar permiso de tener a veces un discurso telenovelístico y melodramático. “No podemos sobreproteger al lector, hay que contar y publicar, hay que enfrentarse a la realidad y escribirla”.
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