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11 de Noviembre de 2018

| Historia de las ideas en Paraguay

Sobre Rafael Barrett: rebeldía es justicia

Por Cinthia López

«La pasividad legitima las injusticias. Por eso, ser rebeldes es ser justos», reflexiona la periodista Cinthia López en este artículo que pone de manifiesto la actualidad de la obra de Rafael Barrett.

Venido de Buenos Aires como corresponsal del diario El Tiempo a cubrir el primero de los muchos levantamientos armados que marcaron la vida de nuestro país desde los comienzos del siglo XX, el pensador anarquista español Rafael Barrett escribió en Villeta, sede del campamento rebelde, en noviembre de 1904, su primer texto sobre Paraguay, que apareció publicado el día 22 de ese mismo mes en el citado diario porteño con el título «La revolución de 1904». Y se quedó en Paraguay, donde sus ideas fueron evolucionando y radicalizándose. Como nos sugiere el escritor español Francisco Corral, una vez transcurrido «el periodo necesario para desengañarse de las posibles esperanzas que, sin duda, había depositado en la revolución de 1904», el hecho de contemplar «la miseria, la explotación y las deplorables condiciones de vida de la gente humilde en un país rico y fértil» fue «acicateando su agudo sentido de la justicia y de la dignidad humana» (1). «El Paraguay se despuebla; se le castra y se le extermina», escribía Barrett allá por 1908. Y, en un contexto social diferente, con diferentes formas de exterminio, hoy sigue siendo así. «La explotación de la yerba mate descansa en la esclavitud, el tormento y el asesinato» (2). Hoy quizás no sean los yerbales; hoy quizás sean otras las condiciones y los factores (como tal vez las grandes extensiones de plantaciones de soja, o la naturalización de lo ilegal –el narcotráfico, el contrabando– admitido como legal, entre otros elementos posibles) que empobrecen y repercuten en los paraguayos, como esos niños tristes que Barrett, sentado en una plaza, contempla mientras salen de la escuela sin hacer ruido y que, escribe, «taciturnos y pasivos como sus padres, dejan pasar las cosas que suelen ser crueles» (3).

Hoy quizá seamos un poco más dinámicos y atrevidos, pero el peso y el arraigo de un pasado cruel siguen haciendo de nosotros ciudadanos pasivos. Y la pasividad legitima las injusticias. Por eso, ser rebeldes es ser justos. Nos cuesta, sin embargo, desarraigarnos de ese pasado, y el pasado, como bien nos recuerda Barrett, nos consuela y nos ayuda a entender la realidad, pero no nos anima aún a transformarla. Quizá sea, en ese sentido, más importante saber a dónde vamos que de dónde venimos.

«No espero justicia del Estado», afirma Barrett. El Estado ha venido legalizando injusticias y atropellos en el Paraguay desde hace mucho. Justicia es lo que capaz las paraguayas y paraguayos no esperamos del Estado. «El juez sigue poniendo su visto bueno a la esclavitud, el peón debe siempre al patrón. Ninguna orden de verificar si en los yerbales se ejerce la esclavitud y si se atormenta o fusila al obrero», denuncia Barrett. Hoy no existen fusilamientos, pero sí hay explotación, bajas pagas salariales, criadazgo... «¿Hacer política: servirse del Estado, es decir, servirse del organismo más torpe, lento y corrompido que se pueda imaginar? Gracias. Hay medios mejores (…) Es preferible no hacer política, sino deshacerla», leemos en «El humanismo y la política», artículo de Barrett publicado en La Capital el 31 de julio de 1908. Bien lo dijo Max Weber a la Libre Unión de los Estudiantes de Baviera el 28 de enero de 1919 en su conferencia «La política como vocación»: «El Estado es la única fuente del “derecho” a la violencia» (4).

¿Qué encontró Barrett en el Paraguay? El amor, capaz; Barrett era un romántico, y eso se siente al leer sus artículos. Un romántico que creía en el poder de la palabra como arma para denunciar la cruel realidad a la que estaban sometidos los paraguayos, sus mujeres y niños, con un Estado que daba a todo eso rango legal. Pensar en cambiar la realidad transformando el dolor en lucha y energía capaz sea un sueño romántico, pero para Barrett el intelecto es una poderosa arma del espíritu. Un arma que no necesita pasar por la academia, pues la vida misma es una academia.

«Que Barrett vino y se quedó y que a su modo fue paraguayo, se sabe. Y que no tuvo, sin embargo, más compatriota que sí mismo ni más país que el país de un solo habitante de su mente, también» (5), subraya la escritora Montserrat Álvarez. «En el Paraguay y al lado tuyo me hice al fin hombre», le escribe Barrett a su esposa en una carta de 1909 (6). Fue aquí, en el Paraguay, donde su pensamiento experimentó cambios profundos. Sobre todo a partir del año 1908, cuando en una serie de artículos publicados entre el 15 y el 27 de julio en El Diario, de Asunción, denuncia la situación de esclavitud en la que viven los «mensús» de los yerbales del Alto Paraná y los obrajeros de los enormes quebrachales del Chaco Boreal, cuando, en colaboración con el libertario argentino José Guillermo Bertotto, funda el semanario Germinal y cuando, con la Federación Obrera Regional Paraguaya (FORP), dicta para los obreros numerosos cursos y conferencias.

Breve resumen de una vida breve

Rafael Barrett nació en la villa de Torrelavega, en la provincia de Santander, España, el 7 de enero de 1876. Estudió en España y en Francia y concluyó estudios de agrimensor, no llegando a concluir los de ingeniero. Se embarcó con rumbo a América y arribó a Argentina hacia mediados de 1903. Llegó a Asunción probablemente el 24 de diciembre de 1904. En el Registro Oficial de 1905 hay un Decreto que lo nombra auxiliar de la Oficina General de Estadística, con fecha 31 de enero de 1905. Meses después, el 26 de agosto, otro decreto lo nombra jefe de sección de la misma Oficina, «en reemplazo de don Hérib Campos Cervera, que renunció». Pero Barrett no persistió en las tareas burocráticas, y el 15 de septiembre, otro Decreto nombra un nuevo jefe, dándose «las gracias al dimitente (Barrett) por los servicios prestados». Entra entonces a trabajar en el Ferrocarril como secretario general (según su viuda), cargo al que renuncia en 1906, en desacuerdo con el trato que la empresa daba a sus trabajadores. Electo secretario del Centro Español, que por entonces reunía lo que se solía llamar la «gente bien», allí conoció a Francisca López Maíz, su futura esposa. El 26 de enero de 1905 se publica su primer artículo en el Paraguay, «La verdadera política», interesante como índice de su manera de ver la función de los partidos en general y en particular la situación paraguaya en esos momentos. A los treinta años de edad se casa con Panchita, y las huellas de su relación con su mujer y su hijo han quedado plasmadas en su correspondencia con aquella y en textos como «Mi hijo». En 1908, la tremenda denuncia de lo que son los yerbales en su serie de artículos aparecidos en El Diario le costó la ruptura con la gente «respetable» y la opinión adversa de algunos periódicos.

Barrett falleció a los treinta y cuatro años en Francia. «Y solo dejó de bombear frases al mismo tiempo que su corazón, en 1910, a miles de kilómetros de América, sin ganas y sin protestas, en un diciembre de Francia antiparaguayo y frío», como escribe el filósofo Santiago Alba Rico (7). Queda una postal que alguna vez le envió «a su “menuda”, a doña Francisca: el dibujo de un puñado de rosas de imprenta y, al lado, unas líneas manuscritas: “Le mando estas flores, que no se marchitarán nunca, porque son de mentira”», nos recuerda la poeta Montserrat Álvarez en su artículo «Quedan los atorrantes». «La vida –la de verdad– se terminó el 17 de setiembre de 1910 a las cuatro de la tarde entre las nieblas de Arcanchón. Nos queda la magnífica mentira duradera de la obra, una mentira llena de verdades. Nos queda el escritor de artículos asunceños eternamente impagos, el condenado a muerte (pero ¿alguien no lo está?), el tuberculoso que definiera la enfermedad como “la salud de los microbios”» (8).

Barrett fue un intelectual muy comprometido con las causas sociales: al leerlo, uno sabe bien del lado de quién está esa voz. Y es evidente que se pasa al lado de los oprimidos, de las clases trabajadoras, y que, con el poder de la palabra, va desnudando la fachada de una realidad que esclaviza a su pueblo, a sus hombres, mujeres y niños. Barrett siempre vivió a su manera, sin doblegarse ni traicionarse a sí mismo, denunciando las injusticias y escribiendo con base en sus propias convicciones, leal a su amor por la humanidad. El estilo literario de sus textos periodísticos es brillante. Leerlo es sumergirse en el mundo fascinante del poder de la palabra, pesimista y bellísima. «Somos los microbios invisibles, los insaciables átomos que lo devoran todo. Nuestra locura es la de conocer, y conocer es poder; hemos prendido fuego a las cosas con la idea, y la realidad está ya ardiendo». Claro y directo, su estilo nos lleva a explorar un mundo de dolor, amor, tristeza en cuentos como «La visita», un relato de ideas y metáforas misteriosas –«Todo estaba húmedo, misterioso y triste. Se diría que el suelo y las plantas habían llorado de frío, o quizá de soledad. Enfrente, del otro lado del camino, en la espesura, había un hombre inmóvil. Se distinguían su pantalón negro y su camisa blanca. La cabeza faltaba. Era un decapitado que miraba fijamente al poeta».

Notas

(1) Francisco Corral: El pensamiento cautivo de Rafael Barrett. Crisis de fin de siglo, juventud del 98 y anarquismo, Madrid, Siglo XXI, 1994.

(2) Rafael Barrett: «La esclavitud y el estado», en: El Diario, Asunción, 16 de junio de 1908. Disponible en línea: http://200.45.166.105/barrett/yerbales/yerbales.html

(3) Rafael Barrett: «Los niños tristes», en: Rojo y Azul, Asunción, 10 de noviembre de 1907. Disponible en línea: http://200.45.166.105/barrett/El%20dolor%20paraguayo/dolorp1.html

(4) Max Weber: «La política como vocación» (conferencia, Múnich, 1919). Disponible en línea: http://www.hacer.org/pdf/WEBER.pdf

(5) Montserrat Álvarez: «Relámpagos de Barrett», en: Suplemento Cultural de ABC Color, domingo 29 de enero del 2017. Disponible en línea: http://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/relampagos-de-barrett-1559904.html

(6) Cartas íntimas, Montevideo, Biblioteca Artigas, 1967.

(7) Santiago Alba Rico: Prólogo al libro A partir de ahora el combate será libre, Madrid, Ladinamo, 2003.

(8) Montserrat Álvarez: «Quedan los atorrantes», en: Actual, Revista de la Universidad de Los Andes, Venezuela, n. 51-52, octubre 2002-abril 2003, pp. 289-296. Disponible en línea: <http://epublica.saber.ula.ve/index.php/actualinvestigacion/article/view/3048/2964

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