De entre miles de candidatos, Dahiana conquistó el primer lugar en la reciente edición de tan prestigioso certamen. Desde su hogar en La Gran Manzana, nos cuenta detalles de este recorrido permanente hacia el éxito.
¿Bajo qué circunstancias encaraste tu carrera profesional en un mercado tan distinto y competitivo como el de los EE. UU.?
Mientras cursaba el primer año de la universidad decidí cumplir uno de mis sueños: vivir fuera del país durante algún tiempo. Entonces, me mudé a Nueva York con unas amigas, y trabajé como cajera en un supermercado y mesera en un restaurante. Luego de dos años regresé a finalizar mis estudios en el Paraguay. Me gradué y obtuve un buen trabajo, pero en el fondo siempre latía la idea de volver a Nueva York. Fue más duro de lo que imaginé. Tras dejarlo todo, el primer año aquí trabajé de niñera, esperando que el Gobierno me otorgara los permisos. En setiembre del 2011 llegaron los papeles y, de inmediato, empecé a buscar trabajo. Mi situación era complicada, ya que, si bien tenía el título de contadora, no tenía experiencia.
En tus años en ese mercado, ¿cuáles fueron los principales desafíos, ventajas y desventajas, así como el bagaje de afectos que recordabas del Paraguay e ibas forjando allá?
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Cuando llegué no tenía familia aquí, pero en este país conocí a mi esposo, Christian von Schmeling, quien coincidentemente también es de San Lorenzo. (Es chico el mundo, agrega entre risas). Un desafío importante, propio de vivir en un país primermundista, es mantenerse a la vanguardia de los avances tecnológicos. El idioma fue complicado, pero –como soy muy curiosa– lo superé a tiempo.
Contanos detalles del galardón que recibiste, y cómo afectó tu desarrollo laboral y personal, más las vicisitudes que atravesaste para merecerlo.
La postulación la hizo Madison Strategies Group, una empresa de recursos humanos que ofrece asistencia en entrevistas laborales. Ellos presentaron una historia que narra mis comienzos como inmigrante, los obstáculos y logros, bajo la denominación Unstoppable (“Imparable”). Mi primera entrevista fue en un banco y fue la peor de toda mi vida. Pese a sentirme derrotada, regresé a las oficinas de Madison y les agradecí la oportunidad, pidiéndoles que me tengan en cuenta para otros puestos. Mientras aguardaba el ascensor, me llamó la gerenta y me dijo que, por mi actitud positiva, deseaba ayudarme. Me explicó que una organización sin fines de lucro, muy reconocida, buscaba un asistente financiero, pero que el requisito fundamental era conocer su sistema contable. No tenía idea de eso, pero con su ayuda estudié toda la noche. Al día siguiente me presenté a la entrevista y pasé el test (resalta con suma satisfacción).
En diciembre del 2011 fui contratada por Helmsley Chartitable Trust, que se encuentra en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Nueva York, el Empire State. Cinco meses más tarde me ascendieron a contadora junior; justo en ese tiempo también quedé embarazada de gemelos. El proceso fue difícil y triste. Diagnosticaron que los niños tenían un síndrome atípico, que se da en un 10 % de gestaciones gemelares y se llama: TTTS (Twins to Twins Transfusion Syndrome). Sus posibilidades de sobrevivencia eran inciertas, y debía ser sometida a una intervención realizada en pocos hospitales de este país. Las consultas y chequeos se realizaban día de por medio. En esos días, una jornada “normal” empezaba a las 6:00 en la consulta y, de ahí, al trabajo hasta las 17:00; luego, a la facultad hasta las 21:30 y los fines de semana trabajaba como mesera en un bar. A los siete meses, los doctores decidieron que los gemelos estarían mejor en la incubadora. De ese modo, mi esposo y yo nos convertimos en los padres de Owen y Oliver. Cuidarlos y trabajar tiempo completo, sin nuestras familias aquí fue sumamente duro y el costo económico fue difícil de llevar. Durante la incertidumbre traté de no descuidar mi trabajo y profesión, certificándome en la materia y el inglés. Algo bueno debí hacer, ya que meses atrás me ascendieron y junto con mi esposo compramos una casa en Long Island.
Llegué aquí hace cinco años, proyectando mi vida. Como paraguaya e inmigrante me siento orgullosa de abrirme camino profesionalmente en un país distinto, recibiendo el respeto de mis colegas.
Tras el cambio de gobierno y los entredichos de Donald Trump, ¿hubo alguna reacción particular entre los compatriotas que viven allá, más que nada, por sobre los beneficios socioeconómicos? Un tema complicado, especialmente en Nueva York, donde Hillary ganó ampliamente. La comunidad latina reclama una revisión de las leyes migratorias. Generalmente, son los demócratas (representados en esa coyuntura por Hillary) los que siempre hablan de esa reforma, por lo cual no apoyamos a Trump. Un ejemplo: hay compatriotas que tienen sus vidas hechas aquí, pero no pueden acceder a una licencia de conducir, ya que su estatus migratorio no se los permite.
Dahiana Caro
Enfrentando desafíos, esta compatriota supo ganarse su lugar en uno de los mercados socioculturales de mayor pugna en el globo: la contaduría. Su esfuerzo le valió el Opportunity Award en Nueva York, Estados Unidos, en el 2016.
De este lado del trópico…
Dahiana no deja de lado las costumbres y tradiciones de este caluroso rincón del mundo. “En primer lugar está el tereré. Siempre lo tomamos, especialmente los fines de semana. Así como mis vecinos cultivan flores, nosotros tenemos una huerta de yuyos”, expresa. ¿Vori vori o hamburguesas? “¡Vori vori, pero con mandioca! Desde que vivo fuera del Paraguay amo aún más la guarania. Una de mis favoritas es "Soy de la Chacarita" y se la canto a mis hijos todas las noches antes de dormir”, agrega. “Por supuesto, no pueden faltar unos minutos dedicados a leer noticias sobre mi glorioso club Cerro Porteño”, finaliza.
carlos.canete@abc.com.py
