¿Cuál fue el primer contacto con la historia de Elisa Lynch y la motivación que devino en una investigación de más de una década sobre ella?
Nunca había oído hablar de ella y en Irlanda tampoco sabíamos nada sobre su historia. En 1991 vine al país para tramitar unos negocios de alquiler de aviones. Me llegó una invitación del entonces presidente (Andrés) Rodríguez y, sin conocer el motivo, asistí. Me dijo que nunca se había encontrado con un irlandés nacido en Irlanda. Me preguntó: “En su país, ¿qué se dice de nuestra heroína nacional?”. No sabía de lo que hablaba y le di una respuesta diplomática, recurriendo a mis años en esa carrera: “Es un tema de gran interés, excelencia”. En verdad, no tenía idea. Salí de la reunión y le pregunté a Esteban Burt, nuestro asesor jurídico, quien me acompañó en la charla: “¿De qué diablos habla este señor?, ¿a quién se refería?”. “¿No sabías? —me contestó—. Se trata de Elisa Lynch, una figura importantísima durante la Guerra contra la Triple Alianza”. Al volver a Irlanda, les pregunté a todos mis amigos y también a gente con muchos conocimientos sobre la historia de América Latina; nadie sabía nada. Me dediqué a investigar con la ayuda de un gran amigo e historiador, Ronan Fanning. En Buenos Aires descubrí un panfleto de Elisa Lynch, con declaraciones que me parecían exageradas y falsas; hablaba de sus antecedentes irlandeses, como si hubieran sido muy importantes y numerosos en guerras del Ejército y la Marina británica, etc. Tras indagar, admitimos que todo cuanto decía era verdad y tomé su figura con seriedad. Le dedicamos como 12 años de nuestro tiempo libre, averiguando sobre su vida en 16 países (EE. UU., toda Europa y América Latina) y recogiendo mucha bibliografía.
¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de la investigación?
El título de la versión en castellano es Calumnia. Accedimos a miles de documentos sobre ella, principalmente en los tres países enemigos del Paraguay durante la guerra, así como en EE. UU. y Europa, y en la biblioteca secreta del Vaticano. Casi toda la información eran ensayos sobre su carácter, comportamiento y antecedentes; invenciones muy poco respetables.
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¿Quiénes realizaron esos análisis: historiadores de la época, detractores o enemigos del Paraguay?
Principalmente, enemigos del país, pero había también detractores internos. Ella se encuentra con Solano López en enero de 1855, en París, durante una fiesta organizada por Napoleón III. Gente de la delegación paraguaya se comunicaba con referentes de Asunción. El más importante era el hermano de Francisco, Benigno, quien tuvo la ambición de suceder al papá, Carlos Antonio, en lugar de aquel, por lo cual enviaba misivas a sus padres diciendo que su hermano se había reunido con una mujer de baja moralidad, dando por resultado que ni Carlos Antonio ni Juana Carrillo aceptaran invitarla a su residencia cuando ella finalmente llegó aquí. Para Francisco, esto era complicado, porque él, naturalmente, quería ser presidente, pero no sacrificaría su relación con Elisa para confirmar sus pretenciones. Otorgó una prioridad bastante significativa a ese vínculo; sin embargo, tampoco le permitió aparecer en sociedad sino hasta la muerte de su padre.
En ese momento, cuando el germen de la guerra estaba latente y los imperios miraban con lupa el desarrollo que se generaba aquí, ¿influyó que una mujer de ascendencia inglesa acompañara al principal caudillo del país?
Sé que hubo muchos comentarios alrededor de que todo eso fue una conspiración del poder comercial británico. Sinceramente, tengo muchos motivos para hablar mal de los ingleses: mi país estuvo ocupado durante ocho siglos; sufrimos genocidio, falta de libertad y carencia de todo progreso. Estudié los documentos que encontré y no estoy convencido de que eso fuese un elemento relevante. El motivo pudo existir, pero creo que la razón de la guerra no involucraba a los ingleses. Incluso, al inicio de esta, las relaciones entre Brasil e Inglaterra estaban rotas. El evento que instauró la contienda fue el secuestro de un navío brasileño en el puerto de Asunción, bajo instrucciones de López. Él tuvo sus motivos, inclusive razonables, pero básicamente quería una guerra. Inicialmente, el país triunfó. Rápidamente, las invasiones de Mato Grosso del Norte y las victorias en el sur dieron paso a eventos muy tristes. Mis simpatías personales están con el Paraguay, pero debo reconocer los hechos que encontré en los documentos.
Ya en el tramo final de la guerra, cuando no quedaban hombres, los niños salieron a luchar.
Elisa permaneció junto con su compañero, pese a que no se casaron; sus hijos murieron y la historia cuenta que los enterró con sus propias manos. Un cúmulo de desgracias que hablan de su temple. Exactamente. Ella pudo huir en cualquier momento bajo la protección del ministro estadounidense, el general (Martin) Mac Mahon; sin embargo, insistió en permanecer al lado de López. En el momento final, en Cerro Corá, estaba con él. Nunca quiso, aun para salvar a sus hijos, abandonarlo. El mariscal murió casi en presencia suya y el primer hijo de ambos (“Panchito”) lo hizo en sus brazos. Los pocos paraguayos que sobrevivieron estaban rodeados por las tropas brasileñas, humillándolos y festejando. Se mostró con el coraje de una leona. Durante años, la prensa enemiga la presentó como una fantasía sexual. Defendió ferozmente su dignidad, protegiendo a sus hijos y el honor de la nación.
Tras la publicación de Calumnia y toda la información a la que accediste, ¿qué opinión tenés hoy de Elisa Lynch?
Tuvo un coraje fuera de serie, totalmente inusual. Enfrentó a los enemigos del país, obligándolos a respetarla a ella, a sus hijos frente al cadáver de su padre y a la dignidad de este, ya que los soldados empezaron a cortarle las orejas. Frenó todo eso y lo sepultó junto con “Panchito” con sus manos. Tenía gran carácter, muy interesante, con mucho poder intelectual. En esa época, la biblioteca más grande del país era suya y, como lo reconoció en su diario el entonces embajador estadounidense (Charles A.) Washburn –que la odiaba–, era una persona muy culta que leyó toda la literatura importante del mundo. Trajo al Paraguay elementos culturales de Europa que aún están presentes. Introdujo cambios en la música, la arquitectura, el vestuario, los peinados; una influencia enorme en el teatro y la literatura. Los dos últimos años de la guerra fueron un desastre. Ella sabía cómo acabaría todo. Su relación con López es una historia muy especial, un ejemplo del amor humano en su calidad más alta. No era una santa; reunió propiedades de tierras enormes, pero claro que fue López quien insistió en eso. Hice un cálculo y tales inmuebles llegan a tener 150 % del tamaño de Irlanda. Ganó bastante en la relación, para finalmente perderlo todo. Cuando murió en París, en 1958, lo hizo convencida de que su reputación nunca se salvaría. La misma fue confeccionada por los brasileros, argentinos y estadounidenses, esgrimiendo aspectos de baja moralidad, tiranía. La tildaban de ladrona e, incluso, torturadora; peyorativos completamente falsos. Nuestra investigación reivindica muchas facetas de su imagen. Retirarse con sus hijos y otros dos niños, que el mariscal tuvo con otras mujeres, ejemplifica su generosidad. Como irlandés, así como mis compatriotas, estamos muy orgullosos de esa mujer. Con su historia, madame Lynch nos dio conciencia de la tragedia del Paraguay y los valores de su pueblo... Al mirar los entretelones de esa guerra, el héroe principal no es Solano López, Elisa ni tal o cual general; el héroe es el paraguayo normal, que sufrió más que ninguna otra persona en la época.
Una historia tan trágica como conmovedora concedió el merecido asiento a los esfuerzos y el coraje de una mujer emblemática para nuestro país, recuperando su dignidad. “El año pasado inauguramos un enorme monumento en la ciudad natal de Elisa. Muchas autoridades de mi país, así como el embajador paraguayo, estuvieron presentes. Miles de irlandeses la conocen ahora y nos sentimos compenetrados con las memorias de tu país”, finaliza Lillis con franqueza en un timbre de voz que evoca el “había una vez…” de los cuentos del pasado.
Michael Lillis
Reivindicando internacionalmente la figura de la emblemática madame Elisa Alicia Lynch, este investigador estrechó lazos fraternos entre nuestro país y la lejana Irlanda, luego de un trabajo sociocultural y político relevante.
Eliza Lynch: Queen of Paraguay
Michael Lillis participó en el rodaje del documental como productor asociado y asegura que la experiencia fue una de las más gratificantes de su vida. “El contacto que tuvimos con miles de expertos en todo el mundo, tres presidentes de la República, altas autoridades y, sobre todo, con el ciudadano común en la metrópolis y el campo sumó a través de sus anécdotas sobre la guerra, el mariscal y Elisa; esa cuota sensible que buscamos reflejar. El trabajo fue único. Junto con Ronan (Fanning) y los cientos de colaboradores nos sentimos privilegiados”, enfatiza. “Realmente estoy enamorado del Paraguay; me siento en casa estando aquí, porque atravesaron una experiencia similar a la nuestra, luchando por la independencia, sin rendirse jamás”, señala el investigador.
carlos.canete@abc.com.py
Fotos Archivo y gentileza
