¿Se ha preguntado alguna vez, al ver el nombre de una autoridad escrito y pegado a una silla, un programa impreso a desarrollar, la disposición de las sillas, la ubicación de las banderas o un espacio gastronómico, quién fue el encargado de solicitar y tomarse el tiempo de armar la disposición de las mesas, el pedido del arreglo floral, los manteles, las alfombras, la disposición de las autoridades para una foto y muchos aspectos más?
La actividad que realiza el personal de protocolo no es soplar y hacer botella. Detrás lleva una infinidad de escenarios, tanto en las actividades que aparentan más sencillas y ni qué decir las más complejas.
Cada acto, evento o reunión tiene sus propias peculiaridades; ninguna actividad es igual a otra y el que se encarga de ella debe estar lo suficientemente preparado para afrontar cualquier contratiempo que pueda ocurrir en su desarrollo. Asimismo, debe tener la templanza y serenidad para que la actividad pueda desarrollarse como se planeó. La mínima equivocación del profesional dedicado al protocolo puede llevar al fracaso cualquier evento que se encuentre organizando.
Recuerde que absolutamente todo depende de cómo se ha planteado y organizado la actividad. El público, por lo general, no visualiza el gran trabajo que se efectúa, por más pequeño que sea; siempre estamos detrás de bastidores, haciendo un trabajo que la mayoría abraza porque ama; muchas veces, con tanta pasión que el ceremonial y protocolo pasa a ser parte de su vida.
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Es una profesión sin descanso y, muchas veces, no reconocida. Algunos nos consideran unos simples acomodadores de sillas. Después de tantos años trabajando en esta tarea les puedo decir: “Sí, estamos detrás de bastidores”, pero haciendo un arduo trabajo con pasión, lealtad y compromiso. Somos personas multifunción: asistentes, decoradores, vexilólogos, relacionistas públicos y un montón de actividades más que tratamos de conjugar para que nuestro trabajo salga impecable.
No es una tarea fácil, pero la disciplina y entrega son las mejores herramientas que poseemos. La próxima vez que vaya a un acto fíjese por un momento en “ese” que se encuentra detrás del telón para que todo funcione a la perfección.
Recuerde: “El genio comienza las grandes obras, pero solo el trabajo las acaba”. (Joseph Joubert).
Hasta la próxima entrega…
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