Las personas, normalmente, no rompen ni salen del protocolo. Este se rompe cuando el evento no reúne ciertas reglas que han sido definidas por ley, decreto o costumbre, sin las cuales el resultado final no se enmarcarían en el orden, respeto y cortesía; sinónimos del protocolo en actos y ceremonias. Cuando el protocolo se convierte en lo “establecido” o “prohibido”, se tiende al conservadurismo, limitando así el desarrollo de aspectos fundamentales, como la innovación. El protocolo actual no aprisiona, ni somete ni limita evolución alguna; nunca crea problemas. Lo que sí lo hacen son las relaciones de poder que existen detrás del mismo. Conviene saber que no todas aquellas acciones no contempladas en el guión del acto que realice el personaje principal o protagonista de un acontecimiento significan salirse del protocolo. Pero puertas afuera, estos hechos o determinados gestos son interpretados como rupturas de protocolo. Lo cierto es que algunos surgen de manera espontánea, mientras que otros constituyen estrategias de comunicación conscientemente creadas por el mismo protagonista o sus asesores. Es muy importante detenernos con atención y máximo cuidado en esto: no cualquier persona está preparada para salir o romper el protocolo. Los grandes líderes que habitualmente lo “rompen” son personas que siempre tuvieron los pies sobre la tierra y siguen un protocolo propio en sus vidas; uno que viene determinado por un conjunto de principios y valores que guían cada uno de sus actos. De lo contrario, vulnerarlo sería muy peligroso, ya que inmediatamente sería considerado “una falta de respeto”. En este caso, dejaría de ser una conducta espontánea o cercana al pueblo; sería un incumplimiento del desarrollo del evento, a efectos de que este salga mal y arroje resultados lamentables.
Por ejemplo, que un jefe de Estado, rey o el mismo papa se acerquen a saludar a un grupo de personas, escapando así de lo formal, generalmente, ocurre porque el departamento de seguridad (no el de protocolo) ya ha advertido al mandatario que en ese punto puede saludar, pues tiene bien cubierto el sector. Realmente, con esta acción no se busca romper el protocolo. Se trata de una actitud que busca transmitir un mensaje determinado; en este caso, una deferencia por parte de los verdaderos protagonistas hacia ciertas personas, como niños, periodistas, políticos, estudiantes, etcétera. La realidad es que en los más altos paralelismos de poder no hay tantas rupturas o salidas del protocolo. Existen libretos muy bien esbozados, actores que desempeñan magníficamente su papel y otros que, a veces, no siguen el guión o desatienden al director de protocolo.
¿El final de la historia? Ya dependerá de las decisiones por las que se decante el protagonista de la jornada.
Hasta la próxima entrega…