Superviviendo al WhatsApp

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¿Te has preguntado alguna vez cuántos grupos de WhatsApp tienes en el celular? ¿En cuántos interactúas, cuántos están en silencio y en cuántos no te gustaría estar?

Estas son las preguntas que deberías de responderte para tratar de liberar espacios en tu móvil de los cientos de mensajes que llegan a diario y, que incluso, en algunas ocasiones llegan a colapsar la memoria de tu teléfono.

Generalmente después de un nuevo trabajo, curso, viaje o reunión, automáticamente y como reflejo, viene la creación de un grupo de WhatsApp, el cual, en muchos casos, es necesario para una comunicación fluida entre los integrantes (especialmente cuando es del lugar de trabajo y todos deban manejar la misma información), mientras que, en otras ocasiones, son nada más una forma divertida de pasar el tiempo.

Entre las pautas básicas de convivencia para sobrevivir a esta nueva dinámica tecnológica en la que estamos casi obligados a participar se pueden destacar:

• Nunca enviar cientos de fotos de una vez: ¿te pasó alguna vez que luego de un encuentro con los integrantes del grupo todos envían la misma foto? Esas imágenes pueden llegar a colapsar la memoria del teléfono y entorpecer la conversación con otras personas.

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• Una conversación entre dos personas debe realizarse en el privado: exponer verdades, secretos o hipótesis ante espectadores involuntarios (los otros integrantes) no deben ser parte del grupo; este tipo de conversaciones solo es entre A y B.

• Grupos con una cantidad extrema de integrantes: mientras más personas tengan participación en el grupo, hay mayor posibilidad que lo que se diga sea tergiversado y que cada uno opine de acuerdo a sus intereses. Si las cuestiones laborales exigen estar dentro de un grupo numeroso, es bueno aclarar que el mismo fue creado solo para tratar asuntos de trabajo.

• Respeta el horario de interacción: estamos de acuerdo que en un grupo hay diversidad de personas dedicadas a diferentes actividades (algunos son muy madrugadores y otros trabajan en un horario nocturno), por ello hay que encontrar un punto medio para escribir y estar en contacto. No es necesaria mucha rigidez, pero podemos evitar mensajes antes del amanecer y muy entrada la noche.

• Cuidar el contenido de lo que envías: a todos nos ha pasado que en algún momento, en el trajín diario, enviamos algún mensaje, ya sea texto, de voz o imágenes a un grupo equivocado; situación que puede ser vergonzosa. Para evitar este tipo de problemas, se debe evitar formar grupos paralelos a otros con el propósito de criticar lo que se dice en el grupo original.

Seguimos en la próxima entrega sobre este interminable mundo que nos ocupa hoy. Recuerda: “La tecnología es un siervo útil, pero un amo peligroso”, Christian Lous Lange.

Hasta la próxima…

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