Los Exiliados: Un disparo al olvido

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El régimen stronista, sus bajezas, crueldad y alienante ignorancia nos llevaron al exilio.

Intentó, incluso muchas veces, logró robarnos el sentimiento de un hogar, una patria y principalmente nuestra capacidad de conmovernos, de llorar, de reír con gusto y de apasionarnos por la naturaleza y por la vida.

Con la obra artística Los Exiliados, estrenada el pasado viernes 3 de febrero, Wal Mayans y el exquisito equipo de jóvenes talentos que integran la compañía Proyecto Intercultural Tierra Sin Mal ofrecen un diminuto instante en el inmenso vivir (parafraseando a Silvio Rodríguez), donde suenan el dolor, la sangre, la electricidad, la pólvora, los acordes encarcelados del arte y los gritos de toda clase.

La función inicia puntualmente a las 20:30, en el antiguo hospital de clínicas, convertido para la puesta en una suerte de manicomio olvidado hasta por los fantasmas, donde algunas víctimas convergen bajo la tutela orwelliana de un médico explicando ideas antropológicas de la indefensión.

Una profunda investigación de varios años, la formación integral permanente y los intensos meses de ensayo, delimitan con la narrativa poética, testimonios, historias de alguna vez, ese murmullo callado de no poder hablar fuerte, discursos y fragmentos de estudios socioculturales y clínicos.

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Brillantes ejecuciones coreográficas, el trabajo eximio de Raquel Martínez en la asistencia de dirección, movimientos conducidos entre escena y escena, excelente manejo de los recursos técnicos, suman a la calidad de una pieza, también didáctica.

El análisis sobre cada uno de los detalles y las historias que dieron vida al conjunto, es extenso.

Por sobre todo, Los Exiliados propone un paseo macabro y sensible por las memorias de una época nefasta.

El carácter interpretativo de unos parlamentos rebozantes de visceralidad neorromántica, que por momentos era simplemente aceptable, provocaba pequeños desbalances de energía.

En este punto y por el contrario, muy destacable el monólogo de Claus Portillo, otorgándole vida y fuerza, mientras se planteaba la imagen sonora de la canción Chiquitita, utilizada por los torturadores para sus sesiones cotidianas.

En suma, una obra que conjuga varias disciplinas, expone armoniosamente una historia perturbadora pero real, tan real como la miseria y el absurdo, a la que la Secretaría de Cultura debería otorgar más fondos.

Las funciones continuarán este jueves y viernes con entrada libre y el sábado y domingo, tendrán un costo de G. 50.000, que deben ser reservadas anticipadamente, ya que en cada función, pueden ingresar 60 personas.

La distribución de las entradas gratuitas comienza a las 19:00.

Elevando los estándares y proponiendo la sensibilidad y análisis, Los Exiliados consigue enebrar un disparo certero al olvido, exponiendo las memorias transformadas en arte, permitiéndonos asumir postura y conciencia social ante el terror de la ignorancia.