Mostrado en el Mercado del Cine y fuera de la competición oficial de Cannes, la cinta es un documental que pone rostros y testimonios personales al sufrimiento de aquellos años, los de la dictadura paraguaya, que terminó en 1989 con el derrocamiento de Alfredo Stroessner.
“Aislados en un país del olvido”, comentaron sobre su contenido los promotores del filme en la presentación distribuida a la prensa de un documental cuyo visionado en Paraguay queda limitado por la escasa infraestructura cinematográfica del país.
Durante una hora y 38 minutos se suceden en la pantalla los testimonios, a veces terribles, de artistas -pintores, escultores, poetas, cantantes, bailarines- que cuentan sus experiencias, las de sus familiares y cómo su arte influyó y quedó influido por tan larga dictadura.
El rodaje comenzó en 2006 y la película cuenta con el apoyo de la Secretaría Nacional Cultural del Paraguay, la Fondec y la Embajada de Francia en el país. En el documental aparecen, entre otros, Agustín Núñez, Manuel Cuenca, Olga Blinder, César Cataldo, Emilio Barreto, Alejandra Díaz Lanz, Rubén Bareiro Saguier, María Elena Sachero, Raquel Rojas, Tito Jara Román y Heddy González Frutos.
Sylvie Moreaux, directora del filme junto con Enrique Carballido, contó que, cuando se interesó por lo que había sucedido en Paraguay, “casi ni sabía dónde estaba” ese país.
“Me llamó la atención y empecé a tratar de entrar en contacto con algunos artistas paraguayos, que me respondieron enseguida diciendo ¿qué pasa, por qué alguien se interesa en nosotros?”, recordó. “Y seguimos en contacto por correo electrónico y me contaron lo que hicieron durante la dictadura”, lo que le animó a investigar aún más y al final decidieron ambos (ella y Carballido) animarse a realizar un filme sobre las vivencias de los artistas paraguayos bajo la dictadura.
“Pero lo difícil era que ellos, los artistas y la gente en Paraguay, no están acostumbrados a hablar de lo que vivieron”, reconoció. “Decididimos tener el tiempo suficiente para hacer el documental como queríamos hacerlo”, contó.
En cuanto a la elección de los artistas como portavoces de ese sufrimiento, Moreaux contó que “fue una elección, porque los más perseguidos eran los intelectuales”.
“Nos interesaba su punto de vista porque ellos sueñan y entonces permitían al pueblo soñar un futuro, pensar en la libertad”, explicó.
Los artistas que aparecen en el documental se prestaron a hablar “porque, primero, no somos paraguayos y como había (bajo la dictadura) todo ese sistema de delación, de espías, desconfían un poco entre ellos”, consideró. “Sabíamos de qué queríamos hablar pero no preguntábamos, no hacíamos un trabajo de periodistas, preguntando”, contó Moreaux sobre cómo se plantearon el trabajo para el filme.
“Ellos hablaban, algunos hablaban seis horas. Algunos ya paraban porque no querían contar más. Es una relación de respeto que instalamos entre nosotros”, recordó Moreaux.
Dadas las dificultades para mostrarlo en Paraguay, la directora explicó que se está tratando de llevar en “cinemóvil” la cinta por lugares del país que no tendrían de otra manera forma de ver la película.
