24 de Febrero de 2011 09:08

El crimen organizado es el mayor "depredador" de periodistas

Por EFE

PARÍS. El crimen organizado se ha cobrado la vida de 141 periodistas y profesionales de los medios de comunicación en la última década y se ha convertido en el principal "depredador" de reporteros, por delante de los regímenes dictatoriales.

Esa es la principal conclusión del informe "Crimen organizado, la información en sus manos", una investigación publicada hoy por Reporteros sin Fronteras (RSF) que denuncia además que los medios no tratan ese tipo de criminalidad con la atención que merece.

"El crimen organizado refleja una realidad económica y geopolítica de la que los medios de comunicación no dan cuenta generalmente", señala RSF, que lamenta que, frecuentemente, la prensa sólo se aproxima a ese "pulpo" criminal desde la óptica del "suceso".

Mafias, cárteles, señores de la guerra convertidos en traficantes, paramilitares y grupos separatistas que se financian mediante la extorsión y la delincuencia son las nuevas amenazas para la prensa y para la libertad de expresión, se subraya en el informe que RSF apoya con un vídeo difundido a través de internet (www.youtube.com/watch?v=73TH2VEWBy4).

A los tradicionales grupos mafiosos como las "históricas" bandas italianas o japonesas se han sumado en los últimos años las mafias rusas, balcánicas o asiáticas, como las radicadas en Filipinas, Bangladesh, India, Pakistán o Nepal.

"Te has convertido en un gran periodista, ahora vas a sentir lo que quiere decir eso", le espetaron sus secuestradores al reportero nepalí Sushil Dhungana, del semanario Ghodaghodi Sandesh, antes de cortarle los dedos el pasado mes de noviembre, recuerda RSF.

Las "industrias del terror" también suman a sus filas cárteles como los de México o Colombia y guerrillas como las FARC colombianas o el grupo peruano "Sendero Luminoso".

A la lista de estas organizaciones se adhieren otras de más reciente creación, como las griegas "Conspiración de las células del Fuego" y la "Secta de los Revolucionarios" o el "Ejército del Pueblo Paraguayo".

En algunos puntos especialmente calientes, como la mexicana Ciudad Juárez, la vida cotidiana de la prensa está "acompasada por los disparos y las decapitaciones" en el enclave más peligroso de un país en el que 69 periodistas han sido asesinados desde 2000 y otros 11 han desaparecido desde 2003.

El efecto de las "balaceras" en México o en Guatemala, de las guerrillas o los escuadrones de la muerte en Colombia y de la corrupción que estos fenómenos generan han adormecido a unos periodistas que, "obligados a informar y expuestos a sí mismos, muchos no pueden ir más allá de un tratamiento rápido de la información, y con frecuencia reducido", detecta RSF.

El combustible de gran parte de esa actividad criminal es el tráfico de droga y, esencialmente, la cocaína que se produce en Colombia, Perú y Bolivia, o el opio y la heroína de Afganistán.

"Toda esa droga puede enviarse sin problemas a Pakistán (...) de donde la heroína se dirige hacia los Estados del golfo, de Europa del Oeste y del continente americano. Un maná como éste vuelve la corrupción sistemática", según el testimonio de un reportero paquistaní que recoge la investigación.

Los puntos de tránsito de la mercancía, como ocurre en México, favorecen los secuestros y asesinatos, crímenes que la prensa tiene problemas para esclarecer.

"Las organizaciones criminales también se preocupan por su reputación y desde hace tiempo comprendieron la importancia estratégica de los medios de comunicación", según el informe, en el que se señala que las represalias de las organizaciones criminales hacen que los medios de comunicación sólo se apeguen "al discurso oficial".

Se trata de "una paradoja", pues los ciudadanos tienen "poca" confianza en las autoridades en esas "zonas de conflicto", señala Reporteros sin Fronteras, que destaca que algunos periodistas han comprendido que, en esas situaciones, con frecuencia son las ONG las que proporcionan "una mejor información".

Y cita el ejemplo de Venezuela, por donde transita parte de la cocaína producida en Colombia y donde las autoridades no ofrecen datos fiables sobre el número de asesinatos pues "temen por la imagen del país" y desglosan una "información distorsionada".

Por ello, y para escapar de la perspectiva más sensacionalista y ofrecer una información que pueda abordar en profundidad un fenómeno tan complejo, RSF propone que los periodistas compartan fuentes e interactúen entre ellos, que las universidades y las redacciones formen a reporteros especializados y que se desarrollen sistemas de alerta y de "padrinazgo" para los periodistas "más expuestos".

"Frente al crimen organizado, la prensa está desunida, sus corresponsales aislados y sin medios, y su capacidad de realizar investigaciones de fondo se diluye en la carrera por cubrir la información inmediata", asegura RSF.
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