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04 de Octubre de 2018 09:36

 

El hospital y la prisión, cuarteles de campaña en Brasil

Por EFE

SAN PABLO. La campaña electoral brasileña llega este sábado a su fin, tras más de un mes de embates y una estrategia comandada desde el hospital por el ultraderechista Jair Bolsonaro y desde la cárcel por Luiz Inácio Lula da Silva.

La disputa por la Presidencia comenzó hace más de un mes con Lula como candidato a pesar de su prisión y líder en las encuestas con un 40% de votos, pero concluye este sábado sin el expresidente en el pleito y con Bolsonaro al frente.

Desde la cárcel en la ciudad de Curitiba, donde se encuentra desde el pasado 7 de abril, Lula (2003-2010) capitalizó la atención mediática durante las primeras semanas de campaña y desde allí ungió a Haddad como su sucesor cuando fue inhabilitado.

Acorralado por la Justicia, Lula dio un paso al lado y permitió la entrada de su delfín en el juego político, pero continuó calculando desde su celda cada detalle del cronograma del Partido de los Trabajadores (PT), el cual ayudó a fundar en la década de 1980. El traspaso del testigo de Lula a Haddad modificó las piezas del tablero y el PT perdió el liderazgo en los sondeos, que pasó a manos de Bolsonaro, protagonista de uno de los hechos más convulsos de la ya imprevisible campaña electoral.

El 6 de septiembre, el líder ultraderechista fue apuñalado con un cuchillo de cocina mientras era cargado en hombros y rodeado por una multitud de seguidores en la ciudad de Juiz de Fora, un atentado que le dejó ingresado durante más de tres semanas.

Desde el hospital, el abanderado del Partido Social Liberal (PSL) salió al paso de las críticas de sus adversarios, se pronunció todavía postrado en su lecho e intentó sofocar las polémicas generadas por algunos de sus hombres de confianza, como su compañero de fórmula, el general Hamilton Mourao.

El mismo día en el que recibió el alta, el pasado sábado, se recluyó en su casa de Río de Janeiro y enfrentó una manifestación de mujeres en su contra, pero las protestas no frenaron su crecimiento en las encuestas, que lidera con el 32% de apoyos. Jair Messias Bolsonaro ha reunido el descontento de los brasileños con la crisis económica, con la corrupción y con 13 años de gestión del Partido de los Trabajadores (PT), a quien el militar acusa de ser la causa de todos los males.

Su principal rival en estos comicios, Haddad (21%), había guardado la munición contra el capitán para una segunda vuelta, en la que ambos se enfrentarán el próximo 28 de octubre, según los sondeos, pero este miércoles se “defendió” y elevó el tono ante la intensificación de los ataques de Bolsonaro.

Desde que asumió la candidatura, el candidato del PT ha intentado dejar atrás su perfil de académico e impulsar su papel de militante para conquistar el apoyo de la izquierda, fuertemente dividida en estos comicios.

Siguiendo las orientaciones de su mentor, llegó a recorrer las fábricas del cinturón industrial de Sao Paulo, donde Lula había liderado cuarenta años antes una huelga de trabajadores, para ganarse la simpatía de la clase obrera. En medio de la división entre Bolsonaro y el PT, la mayoría de sus adversarios se han se han ofrecido como una alternativa para “unir a Brasil” ante lo que lo que consideran como una “radicalización de izquierda y de derechas”.

El laborista Ciro Gomes, el socialdemócrata Geraldo Alckmin y la ecologista Marina Silva han dividido las críticas entre la “corrupción del PT” y el “discurso del odio” de Bolsonaro, defensor de la liberación de las armas y con un historial de declaraciones misóginas, racistas y homófobas.

Gomes, un antiguo ministro de Lula y conocido por su carácter temperamental, se sitúa en el tercer lugar con el 11% de intención de voto, seguido del socialdemócrata Alckmin (9%) y la ecologista Marina Silva (4%).

Mientras Bolsonaro continúa en campaña desde su casa, el resto de los candidatos ha centrado la recta final de sus actividades en el sureste de Brasil, la región más rica e industrializada del país y donde lidera el ultraderechista. El militar está al frente en el sur, en el centro oeste y en el norte del país, mientras que el noreste continúa siendo un firme reducto del partido de Lula. 

 
 

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