10 de Noviembre de 2017 15:00

 

Las islas están vivas con el sonido de la música

Por Cecile S. Gallego

Royalties de miles de clásicos estadounidenses resguardados libres de impuestos.

Si uno se rebusca entre los registros de paraísos offshore encuentra una lista más bien predecible de activos: bienes raíces, efectivo, compañías multinacionales que mueven ganancias a jurisdicciones con impuestos bajos, obras maestras ocultas de Picasso y otros artistas, autos antiguos, yates y aviones.

¿Pero recuerdos musicales? ¿Las canciones con las que bailabas en tu juventud o en la boda de tu hijo o hija? ¿El hit del verano que cantabas mientras manejabas por los caminos o el reggae que sonaba en la playa? ¿Qué hace esto allí?

Están allí por la misma razón que otros bienes: ventajas de impuestos. Saltarse impuestos ayuda a incrementar las ganancias de propiedad intelectual –patentes, copyrights, marcas registradas y secretos comerciales– al igual que otras retenciones.

En los archivos de la firma legal Appleby en la isla de Jersey, en el Canal de La Mancha, se incluye un caché de derechos de publicación de música, un flujo de royalties por música producida por artistas como John Denver de “Country Roads”, Duke Ellington, Chubby Checker (no los habituales Jersey Boys) y Sheryl Crow.

Es un catálogo de música, hasta 2014 en manos de una compañía registrada en Jersey y originalmente gestionado por otra compañía registrada en Irlanda. ¿Por qué Jersey? Su tasa de impuestos corporativos estándar es de cero.

Los derechos de publicación de música han retenido su valor a pesar de los revuelos en la industria musical que han erosionado el valor de derechos relacionados, creando profundos declives en los royalties por ventas de discos de vinilo y CDs.

El lenguaje universal

“Hay un fuerte mercado para los catálogos de música entre los inversores institucionales que buscan ganancias relativamente confiables en el futuro”, dijo Chris Hayes, economista de la firma de investigación Enders Analysis, que se especializa en medios, entretenimiento y telecomunicaciones. Los derechos de publicación generan ingresos de una diversa cantidad de fuentes en la que se incluye, entre otras cosas, licenciar música para gimnasios, bares e incluso servicios de ringtones.

Esa estabilidad ha atraído a nuevos inversores al mercado, incluyendo a fondos de pensiones. Y, como los dueños de otros bienes valiosos, los dueños de derechos musicales han buscado maximizar su valor guardando música lucrativa donde las ganancias fluyen libres de impuestos.

No es sorprendente que los distribuidores de música quieran ir al offshore. Hay “una estructura mundial en la industria de la música con leyes nacionales que son muy distintas en cada país”, explica Luiz Augusto Buff, un especialista brasileño. “Pero los usuarios son globales así que tiende a tener sentido, con tantas transacciones internacionales, tratar de encontrar una estrategia de impuestos más eficiente”.

Si el dueño hace bien las cosas, los catálogos musicales pueden ser grandes fuentes de dinero. “La industria de la distribución de música genera alrededor de US$ 6.000 millones al año en todo el mundo”, de acuerdo a un análisis hecho en 2015 en el Music Business Journal de la Berklee College of Music.

“Disco Inferno” de The Trammps, lanzado en 1976, fue la canción más rentable del catálogo de Jersey en 2009 y 2010, produciendo royalties de más de $600.000.

El dueño de la compañía de Jersey que poseía el catálogo, First State Media Works Fund I, atrajo inversiones de planes de pensiones en Norteamérica, Europa y Australia. Creó en Jersey la subsidiaria FS Media Holding Company (Jersey) Limited como una vía de inversión, gestionada por First State Media Group (Irlanda) Limited (FSMG) actuando como distribuidora - el equivalente de una disquera para cantautores.

Steve McMellon, exdirector gerente de FSMG y ahora director de Southern Crossroads Music, no respondió a los repetidos pedidos de comentarios de parte del ICIJ.

La subsidiaria se estableció en 2007 específicamente para adquirir derechos musicales. En julio de 2009, Crow vendió los derechos de 153 canciones escritas entre 1993 y 2008 a la compañía de Jersey por cerca de US$ 14 millones. El paquete incluía los grandes éxitos “All I Wanna Do” y “My Favorite Mistake”.

Crow no respondió para comentar.

En abril de 2010, FSMG, la compañía irlandesa que gestionaba el catálogo, fue adquirida por la compañía del Reino Unido Chrysalis PLC por cerca de $16,8 millones. La venta no incluía el catálogo. Las compañías combinadas fueron adquiridas por el Beterlsmann Music Group menos de un año después por $168,6 millones. Steve Redmond, jefe de comunicaciones de BMG, dijo que a la compañía se le había ofrecido el catálogo pero no lo adquirió. “Simplemente heredamos una compañía que tenía un trato para gestionar esos bienes en nombre de sus dueños”.

Con el tiempo, el catálogo propiedad de First Media creció hasta tener una colección de 26.000 canciones de las últimas siete décadas.

Un fracaso offshore

La compañía de Jersey siguió haciendo dinero de royalties del “Day Dream” de Ellington, “Get Up Stand Up” de Bob Marley, “Nobody’s Home” de Avril Lavigne, “Because of You” de Kelly Clarkson y otros. Entre 2010 y 2012 hizo en promedio US$ 4,6 millones por año en royalties.

Y en un informe de 2013 escrito para su venta, el catálogo fue descrito como “una de las más grandes acumulaciones de derechos de autor disponibles en el mercado”.

La revisión del fondo tras el catálogo de música por parte de la firma de contaduría KPMG también señaló sus ventajas de impuestos. En la primera mitad de 2012, el 68 por ciento de los royalties ingresados por el distribuidor luego de pagar a los autores, sociedades de recolección de derechos de autor como ASCAP y BMI, comisiones y cobros, venía de los Estados Unidos. Sin embargo, de acuerdo a KPMG, el fondo, una sociedad limitada inglesa, no pagaba impuestos en el Reino Unido y no estaba sujeta la ley federal de impuestos de EE.UU. Tampoco había retención fiscal vinculada con el catálogo.

“Asumimos la posición de estructura de impuestos de la compañía como una estructura offshore por la que no se paga impuestos por ingresos generados por el catálogo”, observó la firma de contaduría.

KPMG declinó comentar sobre detalles de estos reportes pero subrayó que “fueron preparados no en relación a impuestos, sino como una base para la valoración de ciertos bienes a ser incluídos en las declaraciones financieras de la compañía”.

A pesar de esos ahorros, las cosas no se veían bien para la venta del catálogo. Hacer dinero también requiere buen marketing.

Un análisis previo por parte de la firma de contaduría PwC en 2011 halló que el portafolio perdió más de la mitad de su valor en un solo año: a US$ 75 millones en 2010 de US$ 153 millones en 2009. El análisis de KPMG en 2013 confirmó un declive del valor de los bienes del catálogo, señalando que el mayor descenso vino de las canciones de Sheryl Crow, que sufrieron una depreciación del 24 por ciento. “Cambios de dueños... en los últimos tres años llevaron a una falta de marketing para el catálogo y los derechos de autor han sido sub-explotados como resultado”, de acuerdo a un “teaser” de 2013 para atraer inversores.

Documentos muestran que al fondo le estaba resultando difícil pagar US$ 19 millones que debía al Royal Bank de Escocia por un préstamo sacado en 2009. El catálogo acabó siendo vendido en 2014 a Reservoir Media Management Inc., que declinó hacer comentarios. La compañía, una distribuidora de música independiente con base en Nueva York pero incorporada en Delaware, la adquirió por cerca de US$ 38 millones, alrededor de un cuarto de su valor cinco años antes.

Se vendió por una canción.

 
 

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