Vehículo de dos ruedas, veloz, inestable, poluyente sonoro número uno. Anualmente causa centenares de muertes en el Paraguay más otros tantos mutilados jóvenes. Constituye un drama presupuestario para Emergencias Médicas y es el medio ideal para cometer asaltos seguidos de asesinatos.
Adivinó, es la moto.
Si sus consecuencias son tan macabras como pintan las estadísticas, ¿ por qué no prohibimos su circulación? ¡Imposible! Lo impide nuestro afán de autodestrucción, contrapeso del instinto de conservación en el sistema bipolar que rige el universo. Además, los estudios de sus pros y sus contras terminarán en discusiones bizantinas porque, en primer lugar, la causa de los males no es la máquina sino el bruto que la maneja.
Entonces, para minimizar sus inconvenientes, no nos queda otra opción más que la solución salomónica, como, por ejemplo, alterar su mecanismo de modo que no pueda desarrollar más de 40 km por hora y disponer que circule con solamente un ocupante, medidas que no terminarán con los atracos y accidentes, pero los reducirán significativamente.
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¿ Y cómo llevaremos a los chicos al colegio ? Como lo hacíamos antes de endeudarnos para comprar el biciclo.
Esta propuesta, de racionalidad amarga, se sustenta en el convencimiento de que las libertades que tenemos no son ni pueden ser absolutas, y que, de entre dos males, ha de preferirse el menor.
Esperamos que sea sometida a un análisis sereno, aunque sirva solo de pretexto para buscar alternativas más efectivas a fin de librarnos de la acuciante inseguridad reinante en nuestro país (y alrededores).
Víctor Manuel Ruiz Díaz
