Cartes

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Cartes es atacado y criticado sin piedad, a veces más allá de lo justo y razonable. Pero a veces él mismo da motivos para que la gente lo vea con antipatía.

Para empezar su desgracia política, él tiene dos cosas odiadas por los paraguayos: autoridad y plata. Y para hacerla más grave, Cartes es, por lo que muestra hasta ahora, un analfabeto en política, en psicología social y en historia.

Un presidente paraguayo así tiene tres vías previsibles: 1) Terminar como Lugo con un juicio político; 2) Aprender su oficio, no sabemos cómo, y terminar su mandato en paz; y 3) Empeñarse en imponer sus caprichos y convertirse en un dictadorcillo, pues no parece tener pasta de dictador en serio. Ojalá nos equivoquemos con las vías 1 y 3.

La compra de medios no tiene importancia: una dictadura no se impone con la prensa; se impone con el ejército y una policía dura, y nosotros no tenemos ni el uno ni la otra.

Lo que sí irrita y es muy grave, por ejemplo, es que haya puesto en Yacyretá al Dr. Víctor Núñez, un ciudadano de pésima reputación y objeto de la antipatía de “todo el mundo.”

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Este abuso de autoridad es inexcusable y condenable. Y ese es solo un ejemplo. Por una razón simple es repudiada la decisión de Cartes: es un acto indecente. El señor Cartes no debe relacionarse con personas que la gente cree, con indicios de veracidad, que son sinvergüenzas.

El señor Cartes es un referente, es un ejemplo porque es el primer mandatario, y cuando comete tales torpezas su ejemplo es negativo, además de despertar la ira de los ciudadanos, que riñe con el bienestar que merecen todos.

La decencia, señor Cartes, es el camino más corto a la justicia, cimiento también faltante de la nación; procúrela.

Carlos J. Ardissone Valdés