Digo esto, y discúlpenme si hiero susceptibilidades, pero quiero y siento que tenemos que tratar siempre de escuchar las dos campanas, como se dice siempre, porque desde un principio todo el mundo se compadeció de los campesinos y no de los policías, porque así como hay policías malos, también hay policías buenos, es decir, buenas personas que quieren hacer bien las cosas, y sin saber se los juzga condenando ya de primera a los uniformados.
No defiendo a una parte ni condeno a otra, pero tenemos que ser más objetivos. El hecho de ser campesinos no les quita el hecho de que no puedan cometer hechos punibles, como no hace mucho en una de esas manifestaciones que hubo por el centro, uno de esos días me tocó muy cerca y me cerraron el paso y yo amablemente les pedí que me dejaran pasar para ir a mi lugar de trabajo, y grande y triste fue mi sorpresa cuando uno de ellos me dijo que yo no era paraguayo y empuñando y amenazándome con una varilla de acero me negó el paso. ¡De terror!
Esto tampoco quiere decir que todos ellos son así, habrá entre ellos mucha gente buena. Y si los fiscales y jueces obran mal se tiene que demostrar con argumentos valederos, porque la verdad flota en el aire y nadie, a la corta o a la larga, puede escapar de ella. El populismo ronda silenciosamente en estos casos y el ciudadano debe tratar de tener su propia conclusión de los hechos que atañen a nuestro trajín diario, porque al final de cuentas, queridos compatriotas, el Paraguay es de todos y de nadie a la vez.
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