Nos encontramos ante inminentes candidaturas políticas con miras a la conducción y representación política de esta República. Sin embargo, me pregunto: ¿los posibles candidatos representarán principios democráticos, se encontrarán y sentirán capacitados para tan noble y gran tarea?
Personalmente, considero que sería justa una política que realmente desarrolle, potencie y en sus actos refleje principios democráticos, basados en la participación de todos, la esperanza, el respeto y el amor. No perdamos el tiempo en personas que nada bien nos hacen.
En nuestro país, no sé si siempre, la forma de hacer política lastimosamente se encontró salpicada por la corrupción -en todas sus formas- con discursos y promesas poco creíbles y poco serios, buscando únicamente desacreditar al otro, pero ¿acaso seguiremos escuchando y votando a este tipo de “político”?, ¿esta representatividad realmente es la que queremos?
Es mi humilde opinión, hacer política es mucho más que simples palabras, creo que se trata de un estilo de vida que debe ser practicado diariamente con sinceridad, transparencia y honor. Este último valor, de gran carencia en muchos. A problemas serios, gente seria. Apostemos en gente que no busca aprovechar situaciones político-sociales para hacer “patria”, sino gente que cada día, desde donde le toque estar, hace el bien, por el bien mismo.
Finalmente, es mi parecer que debemos dar prioridad y posibilidad a personas que realmente quieran nuestro bien, y de una vez démonos cuenta del poder que tiene nuestro voto, nuestra decisión. Trabajemos diaria e incansablemente en nosotros mismos y seamos sujetos de cambio. No es fácil y tampoco implica un cambio inminente, pero es un inicio.
No merecemos la pobre e irresponsable política que se viene aplicando, donde no trabajar es un lujo, pues quien no quiera trabajar nada tiene que brindar. Hoy día la mayoría de nuestros políticos son execrables.
Apostemos en personas sensatas y humanas, con fe en un nuevo país. Un nuevo país debe ser un reto y no promesas. Este país puede y debe mejorar.
Rodrigo J. Berino Guillén