¿Cuál será la moraleja que bien me aconseja?, preguntó una joven pendeja llamada Candileja. La misma gusta comer platos a base de asados de ovejas con arvejas, mollejas y lentejas, y vive en pareja en una humilde morada con techo de paja y no de teja, en medio de una selva espesa.
La duda que tiene es acerca de un resignado pueblo cuyos gobernantes con sus deshonrosas conductas la dejan perpleja y consecuentemente, de las mismas frecuentemente se queja, y de su bienestar nunca festeja. La respuesta que obtuvo luego de mucho cavilar fue: “Mejor olvida esa moraleja y cubre tu rostro, ojos, nariz, orejas y cejas, rogando a Dios que siempre te proteja” .
¡Oh cuánta tristeza que de esta fea, compleja y cruda realidad, nuestro destino no nos aleja! Mejor será que catemos unas pocas copas de una bebida espirituosa destilada y añeja, no solo fermentada como la cerveza, para evitar padecer de intensos dolores de cabeza. Acompañémosla con unas ricas torrijas de miel, canela y cerezas, servidas en una amplia y limpia bandeja que el brillo refleja. De esa manera, la duda sobre la moraleja de la citada cándida jovenzuela o pendeja, tal vez pronto se te despeja de tu turbada cabeza.
Aníbal Pangrazio
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