Periodismo y poder

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Un medio privado puede contratar al periodista que se le da la gana, también echarlo si el propietario cree que no cumple con sus pautas o criterio editorial; es un derecho que le asiste, fuere el negocio que fuere. Lógicamente el despedido tiene el derecho también a protestar si cree que su despido es injustificado y ahí están las leyes que lo protegen, ahí está la indemnización como un resarcimiento a la injusticia, pero por más que patalee el exempleado no volverá a su antiguo trabajo, es lo más probable.

Del otro lado están los dueños del medio, que en este sonado reciente caso de renuncia aduciendo censura, pertenece a la familia del actual Presidente, que además tienen otros, y es evidente que los han comprado para tener una prensa favorable a la actual gestión, y como dije antes, tienen todo el derecho de llevar la línea editorial que les parezca. Y es a ellos que hay que recordarles, por si no conocen, aquello que dijo el tres veces elegido presidente de la nación argentina Juan D. Perón, quien llegó a tener en sus dos primeras presidencias prácticamente el control de la totalidad de los medios, expropiaciones mediante; el argentino dijo lo siguiente: “Cuando tuvimos todos los medios en contra subimos al poder (1946) y cuando los tuvimos todos a nuestro favor caímos (1955)”. Otro tanto pasó hace poco en el vecino país, donde el matrimonio, a lo largo de doce años, logró tener casi el control absoluto de los medios, que repartió la pauta oficial discrecionalmente a los que les eran favorables, que compró medios vía empresarios que le eran amigos, así y todo hace unos meses, con casi todo el aparato a su favor, los recursos del Estado, etc., la viuda perdió las elecciones.

Un periodista puede decir lo que quiera en un medio, pero de ahí a que tenga credibilidad es otra cosa; la gente antes que escuchar las noticias mira su bolsillo, ve la realidad de la calle que transita diariamente, ve las obras, ve la inseguridad; y si bien hay personas manipulables o influenciables, estas no son tantas, son una minoría, y si un periodista pretende mostrar un país de maravillas, un paraíso idílico o lo contrario, un infierno, la gente se da cuenta; si le macanea sencillamente deja de seguirlo; ¿por qué cree que la izquierda tiene tan pocos seguidores?; si fuera lo contrario, Perón nunca habría caído como tantos otros dictadores que tienen o tuvieron el control absoluto de la prensa, sino fíjense lo que pasa actualmente en Venezuela.

No hay peor error para un gobierno que pretender manipular a la prensa; el gobernante solo debe ocuparse en hacer su trabajo, no hay mejor propaganda que esta.

Rafael Luis Franco