Las heridas causadas por la última dictadura, todavía abiertas en el 92, habrían inducido a los convencionales a prohibir la reelección presidencial, medida cautelar anti-Rodríguez que generó un nuevo trauma político al país y que hace crisis a mediados de cada mandato presidencial.
Una opción para recuperar esa institución perdida, sin recelos ni resquemores, puede darse permitiendo la reelección recién a partir del periodo 2018-23, a fin de garantizar igualdad de oportunidades a todos los interesados del momento actual.
Además, sería recomendable que el primer periodo de cada presidente dure solamente 4 años, y 6 el segundo, si es reelecto. Así podremos deshacernos rápidamente de los magistrados torpes y asegurar 10 años consecutivos a los que son considerados buenos por el pueblo. Dos lustros son suficientes para dejar huellas de buen gobierno.
También sería prudente acortar el lapso entre elección y asunción al mando, de modo a minimizar el riesgo de que la administración saliente complique la gestión del nuevo gobernante con despropósitos de última hora, léanse vaciamiento de las arcas fiscales y nombramientos desenfrenados en empleos públicos.
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Por último, la concordancia entre el inicio del año, un nuevo gobierno y la vigencia del presupuesto nacional, sería una manera interesante de simplificar la organización administrativa.
Como decía el inolvidable humorista Olmedo, ya que lo vamos a hacer, vamos a hacerlo bien.
Víctor Manuel Ruiz Díaz