28 de Mayo de 2017 08:19

 

Los animales en casa hacen bien a los niños

Por DPA

En algún momento los niños de la casa expresan su deseo de tener un animal. Pese a que los padres piensan en la suciedad que puede generar, el costo y el trabajo de tener una mascota en casa se compensa con el bien que esta hace a los pequeños.

Un animal de compañía en casa supone cambio en el día a día y puede convertirse en un gran compañero de juegos de los niños, explica Kathrin Fichtel, del Círculo de Investigación de Animales de Compañía de Alemania.

Si los padres se separan, un perro puede ser un ancla emocional para los niños en esa situación. Además, el contacto con el animal ayuda a reducir el estrés y resulta positivo para el bienestar de los pequeños. "El perro puede asumir un papel de cercanía", explica Fichtel. Y es que, escucha pacientemente y, con toda seguridad, no revela secretos.

Los niños, además, pueden aprender del animal a comportarse con los semejantes. "Los animales no solo están ahí para ser acariciados, sino que también tienen derechos", dice la escritora Cornelia Nitsch, que escribe libros sobre educación de los niños.

Para reconocer las necesidades de los animales se necesita sensibilidad y empatía. Los niños aprenden así a aceptar las necesidades de los otros. Por ejemplo, cuando el gato se va simplemente porque ya no tiene ganas de que lo acaricien. En caso de que le insistan puede sacar las uñas.

Cuando los niños quieren un animal de compañía, hay que tener también en cuenta algo: ¿quién se ocupará de él? "Un niño no puede ocuparse solo de un animal", puntualiza Fichtel. La responsabilidad es, en último término, de los padres.

Sin embargo, hay que dejar que el niño se implique en el cuidado y hasta dónde habrá que decidirlo teniendo en cuenta su edad. "Hay que hacer responsables a los niños cuanto antes", dice Nitsch.

Un pequeño de tres años no podrá alimentar solo a la mascota, pero sí podrá ocuparse de agarrar la comida, por ejemplo.

"Creo que esto tiene que ser una tarea familiar", opina Nitsch. Todos los miembros de la familia deben estar de acuerdo en tener al animal. Es entonces cuando el cuidado se convierte en una responsabilidad colectiva y sirve de nexo de unión.

Esto funciona también con niños pequeños. Según van creciendo, pueden ir asumiendo más tareas y así ir desarrollando el sentido de la responsabilidad.

Será problemático, sin embargo, si hay un miembro de la familia que es alérgico al pelo de los animales. "En ese caso no se deberá adoptar una mascota", dice Werner Handrick, pediatra y especialista en infecciones.

Pero como por lo general el desencadenante de una alergia es el pelo de los animales, se podrá tener peces o reptiles.

En el caso de los reptiles y anfibios está no obstante el problema de la salmonela, ya que los patógenos están en la flora intestinal de los reptiles y se extienden por las heces.

En este caso habrá que cuidar mucho la higiene y estar atento a un lavado de manos regular.

Lo mismo sirve cuando un niño y un animal se acercan y el perro mete el hocico en la cara del pequeño. Si no se lavan esos besos, puede haber infecciones.

Como los animales pueden tener parásitos, hay que desparasitarlos regularmente. "Que perros o gatos transmitan parásitos a los niños no es una situación que se dé muy a menudo", dice Handrick.

Los bebés y los niños que gatean son especialmente propensos a las infecciones y deberían por ello estar siempre bajo observación cuando haya animales cerca.

"Los niños de hasta dos años solo son observadores", dice Fichtel. No pueden jugar con una cobaya o con un gato, les falta la motricidad y el entendimiento para saber que se trata de un ser vivo. La presencia de un perro o de un pájaro puede ser para ellos algo muy excitante.

Cuál es el animal adecuado dependerá no solo del espacio, el tiempo y el dinero, sino también del carácter del niño. Un perro puede ayudar a muchos pequeños tímidos a ganar confianza en sí mismos, mientras que los peces pueden contribuir a la calma. Con los roedores se puede jugar muy bien, pero los hámsters necesitan tranquilidad durante el día.

La expectativa de vida del animal también se ha de tener en cuenta. Los hámsters viven solo pocos años, por lo que el niño tendrá que enfrentarse a una edad muy temprana a la pérdida de su animal. Las tortugas, por el contrario, tienen una vida muy larga y aquí hay que pensar por ello a largo plazo sobre el cuidado del animal.

El bienestar de la mascota debe ser siempre tenido en cuenta, subraya Fichtel: "Cuando se trata como se debe al animal, tenerlo solo tendrá efectos positivos".

 
 

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