18 de Marzo de 2016 13:23

 

Abusos, acosos y amenazas de muerte

Los acosos del sacerdote Javier Bareiro llegaron a tal punto que en una ocasión intentó alcoholizar a un niño de 15 años para abusar de él, según reveló la madre del menor, quien relató el calvario que incluyó hasta amenazas de muerte.

Una mujer -plenamente identificada por la producción de la radio ABC Cardinal- reveló que su hijo también fue víctima del párroco Francisco Javier Bareiro, sobre quien ya pesa numerosas denuncias de acoso y abuso sexual. “Demasiadas víctimas hay acá en (Colonia) Independencia; mi hijo menor de edad fue víctima cuando tenía 15 años”, relató.

Comentó que el sacerdote se fijó en él cuando su hijo acudió a un retiro previo a su ceremonia de confirmación en la Iglesia Católica. “Fue a un retiro de tres días y había sido fue con sacerdotes abusadores; luego de los tres días regresó y dijo 'hay un padre que demasiado me quiere'”, relató la madre, quien comentó que la primera reacción fue de felicidad plena, ya que todos imaginaron que el líder religioso podría guiar al menor por buenos pasos. “Estábamos tan felices...”, recordó.

Luego de la confirmación, el párroco contactó nuevamente con el adolescente para invitarlo a otro retiro espiritual e inclusive se ofreció a costear todo. “Vení yo voy a pagar todo”, fueron sus palabras, según relató la mujer, quien señaló que el gesto fue bien recibido por la familia ya que “somos una familia humilde y no teníamos cómo abonar”.

Los favores del religioso inclusive incluyeron ir a buscarlo hasta su casa, distante a 30 kilómetros de la capilla principal. “A nuestra casa luego vino y ya durante el retiro -cuando todos dormían bajo el tinglado- le envió un mensaje: 'Vení a dormir conmigo'”, detalló.

Ante este primer acoso, la víctima evadió respondiendo que prefería dormir con unos primos, quienes también fueron al retiro. Sin embargo, posteriormente las presiones fueron acompañadas de regalos pero aún la familia no tenía sospechas de otras intenciones. “Le regaló una camiseta, un rosario, un quepis, un teléfono... Estábamos tan felices, emocionados”, recordó.

Tras finalizar el retiro, el padre volvió a contactar con el menor, esta vez con una propuesta diferente: ser su “guardaespaldas”. “Estábamos tan felices porque un padre estaba interesado en un niño y mal ejemplo no podía ser; siempre mi hijo le decía 'padre' y le pedía la bendición”, expresó la madre.

Los contactos fueron asiduos y ya incluían pedidos de muestras de cariño. “Entró a su pieza y dijo: '¿Y después? ¿El abrazo y el beso?'”, refirió la mujer quien además comentó que en una ocasión hasta lo subió a su regazo. “Ahí terminó todo, pensábamos que era tontería... Mi hijo no se daba cuenta”, agregó.

En un intento de acercarse aún más, llegaron invitaciones a viajes “religiosos” a Caacupé, Asunción y otros puntos en Guairá. “Permitíamos porque era un sacerdote; luego él le dijo que no le diga más 'padre' sino 'amigo' o 'capé' nomás ya”, indicó en contacto con ABC Cardinal.

Los sucesos fueron empeorando y en una ocasión el religioso aprovechó que tras una misa ya se hizo tarde e invitó al menor a quedarse a dormir, con la promesa de llevarlo nuevamente a casa a la mañana siguiente. “Mi hijo llamó y me dijo: 'Mamá, el padre quiere que me quede nomás ya a dormir con él porque es tarde. Bueno, dijimos y ahí empezó a dormir con él”.

Esa noche en que el adolescente quedó en casa del sacerdote, Francisco Javier Bareiro aprovechó para manosearlo y acosarlo hasta que la víctima tuvo que encerrarse en otra habitación, según la denuncia. “Le manoseó mientras dormía. 'Qué es eso, padre' le reclamó mi hijo y el padre se hizo el desentendido; luego volvió a dormir y sintió que le desvestía. Entonces se levantó y fue a dormir al sofá, pero el padre fue otra vez hasta él, por lo que se encerró en una piecita”, detalló.

La víctima salió de su encierro a la mañana siguiente y se dispuso a ir orinar, pero nuevamente el párroco lo siguió hasta el baño. A su retorno, a casa, inmediatamente advirtió a su madre: “No vuelvas a comulgar con ese padre; sin embargo no detalló el motivo. “Tenía vergüenza de mí pero contó todo a su padre”, relató.

Posteriormente, el religioso lo acosó con llamadas y mensajes de texto. “No nos dejaba dormir, le llamaba día y noche, le decía que quería hacerle el amor, que desde que le vio se enamoró; mi hijo se puso nervioso y discutieron por teléfono”, señaló.

Tiempo después, el presunto agresor “hizo las paces” con la víctima y argumentó que “yo te tentaba nomás” pero ello ya no convencía a la familia. “Mi hijo lloró... Después se abuenaron, por semanas le llamaba, le cargaba saldo y le decía 'yo te tentaba nomás, no te traumes'”.

BORRACHERA E INTENTO DE ABUSO

Tras retomar las “buenas relaciones” con la familia, Javier Bareiro volvió con las invitaciones para que el menor lo acompañase a las misas en el centro de Colonia Independencia. La familia accedió confiando en las buenas intenciones del religioso pero todo terminó en un paseo a un balneario, donde intentó alcoholizarlo, según la denuncia.

Ese domingo, el menor salió de su casa en su motocicleta y se encontró con el párroco a unos 1.000 metros de la vivienda familiar. “Se encontraron y él dejó la moto a un lado y subió con él (a su vehículo)”, detalló la mujer quien comentó que en el trayecto el hombre se pasó preguntando al menor por algún balneario cercano. “Le llevó hasta cerca de Coronel Oviedo, con un Cóleman (una conservadora) lleno de bebidas alcohólicas; el padre ya estaba alcoholizado pero mi hijo no sabía tomar, no tomaba luego. Posiblemente tenía intención de emborracharlo para violarlo”, expresó.

La víctima se enojó con el sacerdote, ya que el trayecto a la iglesia terminó en una borrachera en un balneario, e inmediatamente contactó vía telefónica con su familia para que lo rescaten; sin embargo, el religioso “le amenazó de muerte”. “Mi hijo se enojó y ahí él (el sacerdote) le amenazó de muerte”, refirió.

Al llegar nuevamente a casa, el adolescente relató las amenazas y pidió urgentemente a sus padres que le firmen un permiso para viajar al exterior para refugiarse. “Yo voy a Buenos Aires porque el padre me amenazó; mi hijo lloró, le hicimos su permiso y se fue pero a los siete meses volvió”, detalló.

Apenas retornó a Colonia Independencia, “el padre se enteró y en seguida comenzó a mensajearle nuevamente”.

Ante esta situación, la familia contactó con el sacerdote Francisco Carrillo, provincial de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada en busca de ayuda; sin embargo el mismo intentó un “arreglo” para evitar un escándalo. “Le citamos a nuestra casa y nos reunimos todas las víctimas y él dijo que (Javier Bareiro) ya no volvería a la capilla... Nos dijo '¿no quieren hacer un arreglo amistoso con el padre Javier'”, recordó.

La familia ya no sabía a dónde recurrir, ya que al hablar con otras autoridades religiosas, estas restaban importancia a la denuncia. “Qué pio un sacerdote va a hacer eso”, fue la respuesta del coordinador de la capilla, según rememoró la madre.

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