Angustiado, don Bernardo Estigarribia contó que se salvó de milagro, pues normalmente suele estar trabajando en el interior de la casilla y hoy se encontraba afuera.
El comerciante comentó que estaba sentado en su silla enfrente al pequeño local, viendo cómo uno de sus niños pequeño jugaba alrededor de la casilla, cuando de pronto escuchó un fuerte ruido.
Inmediatamente se percató de que el árbol se venía abajo, por lo que a las corridas sacó al pequeño, que si no era sacado en el momento del lugar, podría haber sufrido una herida.
Don Estigarribia, quien trabaja hace años en la plaza como lustrador de zapatos, declaró que tiene que “dar de comer a inocentes”, y que se vio muy perjudicado por la destrucción completa de su casilla y sus elementos de trabajo.
