Monseñor Lucio Alfert, obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, ofició este domingo la misa en la basílica de Caacupé, en el tercer día del novenario en honor a la Virgen de Caacupé. Durante su homilía, el religioso hizo fuerte énfasis en la situación de los indígenas, que son discriminados y excluidos en tierras que anteriormente fueron suyas, según mencionó al referirse a que en el pasado toda la capital y el área metropolitana les pertenecían. Lamentó que los nativos que llegan a la capital sufran drogadicciones y sean explotados sexualmente.
Al referirse al rol que deberían cumplir los gobernantes, indicó que “a veces me da la impresión de que hay pocos políticos y autoridades que aman a la patria y al pueblo”. Recordó que las autoridades son puestas para servir al pueblo; “el carisma de un verdadero político es ser un servidor del pueblo”, aseveró. Indicó que así como Dios distribuyó dones y capacidades a todos, los políticos también recibieron algunos, pero “no los usan para servir al pueblo, sino para explotarlo y servirse del pueblo”. En otro momento, al referirse a la constante corrupción, se preguntó: “¿Cuándo vamos a ver a un político santo alguna vez?”.
Posteriormente, se refirió a los jóvenes, a quienes instó a usar sus dones para el bien, aunque reconoció que el Gobierno no otorga oportunidades para que los mismos desarrollen sus capacidades. “¿Les estamos dando oportunidad de desarrollarse para el bien?”, se cuestionó. Destacó que muchos jóvenes demuestran entusiasmo y superación, pese a las adversidades. “Estos dan vitalidad a la Iglesia”, sostuvo.
Al referirse nuevamente a los indígenas, destacó que en las comunidades se perciben numerosos carismas y capacidades, pero “muchas veces son olvidados”. Finalmente, los instó a “mantenerse unidos y no dejarse corromper ni por el dinero ni por ideologías raras”. Posteriormente, pidió cuidar sus tierras, “su dignidad, sus recursos naturales, que son un regalo de Dios”.
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Ya al finalizar, abogó por la solidaridad de la ciudadanía con los pueblos nativos. “Qué hermoso es cuando el pueblo sabe vivir en solidaridad con espontaneidad, cuando compartir es algo natural, cuando la reciprocidad marca la convivencia; qué felicidad cuando un pueblo sabe escuhar la voz de los ancianos y qué alegría cuando en el hogar todos juntos son respetados y viven unidos”, expresó.
